CD. Giovanna d’Arco. Verdi

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Giovanna d'Arco

Giovanna d’Arco (Verdi). Anna Netrebko (Giovanna), Plácido Domingo (Giacomo), Francesco Meli (Carlo), Johannes Dunz (Delil), Roberto Tagliavini (Talbot), Philarmonia Chor Wien, Müncher Rundfunkorchester, Paolo Carignani (director). Deutsche Grammophon, 2014.

Giovanna d’Arco en disco: una buena oportunidad para ahondar en el drama operístico de la doncella de Orléans

Dentro de la producción operística de juventud del maestro de Busseto, Giovanna d’Arco (Milán, 1845), la séptima en el orden de su catálogo, no ocupa uno de los primeros puestos, ya que actualmente es una ópera escasamente representada en los principales escenarios líricos mundiales. Podemos decir que hasta la llegada de Macbeth los títulos teatrales de Verdi están eclipsados en cierta manera por el fulgurante éxito que el compositor cosechó con Nabucco en 1842. Como en ésta, Verdi contó de nuevo con la pluma de Temistocle Solera para poner música al drama que Schiller escribió sobre la doncella de Orléans, una historia con cambios sustanciales respecto a los hechos históricos que no llega a funcionar demasiado bien a nivel escénico.

La ópera obedece estilísticamente a una tipología que combina los géneros de la misma ópera y del oratorio, con cuadros a gran escala y una destacada presencia de la masa coral (aunque aquí no tan acusada como en Nabucco). Los resquicios del belcanto italiano aún se encuentran diseminados en grandes dosis por esta ópera, cuyo aspecto más evidente es la escena y aria, aunque, más que el de Bellini y Donizetti, es el modelo musical rossiniano el que está más latente en el desarrollo dramático de esta ópera. Sin resultar ni mucho menos una de las mayores obras maestras del compositor italiano, la inspiración melódica y rítmica del joven compositor teatral respira por doquier, sobre todo en los coros cerrados, revestidos ya del estilo netamente verdiano con el que posteriormente nos deleitará en sus óperas más conocidas y exitosas.

El carácter sobrenatural de ciertos momentos (coro de demonios y ángeles del prólogo, “Tu sei bella”, o el dúo amoroso con presencia demoníaca del final del acto primero) se combina en esta ópera con la marcialidad y el ritmo militar de otros pasajes (como la gran marcha triunfal con que comienza el segundo acto “Dal cielo a noi chi viene” o la escena de la batalla del acto tercero), al encontrarnos en el ambiente bélico de la medieval Guerra de los Cien Años (siglo XIV) entre franceses e ingleses. Resulta pues innegable que la variedad está servida entre elementos tan diversos como procesiones, marchas, ejércitos, voces internas, apariciones, visiones celestiales…

Giovanna d’Arco, como los personajes principales de su trilogía popular (Rigoletto, Trovatore y Traviata), es una ópera casi exclusivamente de tres cuerdas (soprano, tenor y barítono), a pesar de que en este caso el equilibrio de fuerzas y el desarrollo y evolución dramática de cada personaje distan mucho de aquéllas.

La versión discográfica integral de la inhabitual ópera que nos ocupa es el registro en vivo con una impecable toma de sonido que se ha efectuado para el sello Deutsche Grammophon de una versión de concierto ofrecida en agosto de 2013 en el Festival de Salzburgo, la cual contó con un reparto encabezado por la soprano rusa Anna Netrebko en el papel titular de la doncella guerrera, el tenor italiano Francesco Meli como Carlos VII de Francia y nuestro ya reconvertido barítono Plácido Domingo dando vida al anciano padre de Giovanna, el pastor Giacomo.

Por encima de todo, y con permiso de los solistas, lo que más llama la atención de esta grabación en directo son los ágiles y briosos tempi que imprime el maestro Paolo Carignani a una perfectamente empastada Orquesta de la Radio de Munich, evitando oportunamente la edulcoración, algo que se pone ya de manifiesto desde el mismo comienzo de la obertura, una de esas sinfonías orquestales escritas en dos tempos contrastantes donde Verdi da lo mejor de sí mismo como orquestador y organizador del material temático de su ópera. Las voces que integran el Philarmonia Chor Wien se adhieren perfectamente empastadas a la enérgica batuta de Carignani, recreando con rigor los diversos instantes de marcialidad y espiritualidad.

Para ser fieles a la realidad, tenemos muy pocas referencias videográficas y discográficas de esta ópera, por lo que establecer rangos comparativos con el reparto vocal que nos ocupa es algo más complicado que con otras obras operísticas más programadas en los teatros. Queremos decir con esto que con esta ópera no se ha llegado en cierta medida a sentar cátedra interpretativa como con otras, por la misma rareza de su ofrecimiento al público, en representación o en concierto. El personaje del rey Carlos VII de Francia al que da vida el tenor Francesco Meli tiene en su haber quizá la escena con el aria de más belleza de toda la ópera (“Sotto una quercia parvemi”, del prólogo), entonada aquí correctamente pero sin alcanzar el cuidado fraseo con que dotó el tenor Carlo Bergonzi a este regio personaje. Deleitan no obstante los mimbres vocales de Meli, un cantante que, sin poseer demasiado volumen canoro, por medio de su bello material y su atenta línea de canto, resulta funcionalmente eficaz durante toda la ópera tanto en el plano íntimo como en el más dramático.

Contra lo que se podría imaginar, Verdi dotó mayormente al combativo personaje titular de la ópera de un carácter místico y en cierta medida frágil (femenino, al fin y al cabo) que se pone de manifiesto en sus dos momentos de preciosismo vocal: el aria que posee en el prólogo (“Sempre all’alba ed alla sera”, de una ornamentación belliniana) y la romanza de carácter pastoril en diálogo con la flauta del acto primero (“O fatidica foresca”). La voz fresca, de agudo insolente y plena de squillo de Netrebko, salva las mayores dificultades vocales que destinó Verdi para el registro agudo de este asolado personaje, elevándose con facilidad por encima del conjunto en los concertantes finales de acto, destacando en su esperanzado canto con que concluye apoteósicamente la ópera. La soprano rusa es con diferencia la mejor solista del reparto.

Por último destacamos la honorable aportación de Plácido Domingo en esta nueva adquisición a su reciente repertorio de roles baritonales verdianos. De los tres papeles, quizá por su misma maldad, Giacomo es el que menos momentos nobles y gloriosos posee, con una breve y tempestuosa aparición en recitado en el prólogo (“Gelo, terror m’invade”), un aria con coro en el primer acto (“Franco son io, ma in core”) y otra a solas en el segundo (“Speme al vecchio era una figlia”), además de un dúo de arrepentimiento con su hija en el tercer acto por haberla denunciado públicamente por herejía, momento de máxima tensión dramática en el final del segundo acto. Domingo realiza en general una óptima recreación de su lóbrego personaje (otro malvado padre verdiano) pero no hay que negar que su voz sigue poseyendo las mismas limitaciones en el fiato, ligeros problemas de vibratto y la consabida tendencia al oscurecimiento del timbre vocal que ya se apreciaron en su último disco de Sony Classical dedicado a arias para barítono de Verdi. El insigne hombre de teatro que sigue siendo el cantante madrileño y su asombrosa facilidad para hacer completamente suyo cualquier personaje operístico le hacen recibir el favor unánime del público, recibiendo del respetable salzburgués mucho más que aplausos de aprobación a su trabajo. De los dos episódicos personajes restantes, el tenor Johannes Dunz da vida al oficial del rey, Delil, y el bajo Roberto Tagliavini encarna a Talbot, supremo comandante de los ingleses con que se alía en un primer momento el traidor Giacomo contra su propia hija y el rey de Francia.

Con esta cuidada grabación el sello amarillo nos brinda una maravillosa oportunidad de sumergirse en uno de los títulos verdianos de menor fama que pronosticamos casi sin temor a equivocarnos que tardaremos mucho tiempo en volver a presenciar en los principales bastiones del mundo operístico.

 

Germán García Tomás

@GermanGTomas