Critica del concierto de Sonia García-Quintero. Granada

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El pasado jueves tuvo lugar el segundo concierto de la temporada de Juventudes Musicales de Granada, esta vez en colaboración con la Cátedra Manuel de Falla de la Universidad de Granada. El Aula Magna de la Facultad de Medicina —sala un tanto sobria, pero con una hermosa cúpula, buena acústica y capacidad para algo más de doscientas personas—, acogió un recital de canto y piano a cargo de la joven y prometedora soprano malagueña Sonia García-Quintero, y de la pianista, también malagueña, María del Carmen Pérez Blanco, profesora del Conservatorio Superior de Música de Málaga e intérprete con amplia experiencia en el acompañamiento del repertorio vocal.

El concierto fue honrado con la presencia de Ángela Barrios, hija del compositor y guitarrista granadino Ángel Barrios, que con motivo del quincuagésimo aniversario de su fallecimiento fue especialmente recordado con la interpretación de su canción Con puñales de cariño y «Trova», uno de los tres «momentos musicales» que compuso para Aben-Humeya, obra teatral del escritor almeriense Francisco Villaespesa. También asistió Roberto Pineda, compositor y profesor del Conservatorio Superior de Música de Granada, de quien pudimos oír su canción Renacimiento, de inspiración debussista.

En líneas generales, el programa estuvo formado por una selección de piezas de autores italianos y españoles. La primera parte fue dedicada a Bellini, Verdi y Puccini, con arias de ópera y canciones que abarcaron desde el belcantismo de Il fervido desiderio de Bellini hasta la exuberante y lírica melodía de «Quando me’n vo», de La Bohème de Puccini, con la que llegamos al descanso. Tras la reanudación del concierto pudimos escuchar una serie de canciones españolas y algunas romanzas de zarzuela, obras de Fernández Caballero, Falla, Francisco Alonso y los ya mencionados Barrios y Pineda.

Esta diversidad de géneros y estilos musicales planteaba todo un abanico de exigencias técnicas e interpretativas que Sonia García-Quintero logró superar con gran nota, destacando por su dominio de la voz y su personalidad artística. María del Carmen Pérez Blanco se distinguió por su buen hacer y demostró ser una valiosa aliada y compañera de escenario. El público asistente, que ocupó casi tres cuartos de la sala, dedicó a las intérpretes unos merecidos aplausos y algunos bravos.

José R. Muñoz Molina