Elina Garanča en Las Palmas: magia de «primadonna»

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Elina Garanča en Las Palmas: magia de "primadonna"
Momento del concierto de Elina Garanča en Las Palmas

Los organizadores dedicaron a la memoria de Juan José Falcón Sanabria el triunfal concierto de Elina Garanča en Las Palmas. Un minuto de silencio, seguido del aplauso unánime, subrayaron la admiración y el afecto que supo ganar en su ciudad el considerado -con justicia- mejor compositor canario de todos los tiempos. La mezzosoprano letona puso después en juego todas las razones que explican su lugar de privilegio en el estrellato internacional de la ópera: soberbia voz, sensibilidad interpretativa, carisma escénico, gusto impecable, belleza fìsica, natural elegancia… Siendo infrecuente que las cantantes de su cuerda encabecen el «cartello», ella es indiscutible «primadonna» en plena juventud. Su sonoridad carnosa, cálida, llenaba el espacio acústico del Auditorio en tanto que la extensión sopranil y los graves sedosos volcaban tesituras excepcionales, seducía por la musicalidad del registro central, asombraba con el poder del fiato y llenaba su expresivo fraseo la expectación oyente ante una refinada cutura del canto artístico.

Ofreció en la primera parte tres arias de ópera en  «crescendo» de facultades: admirablemente equilibrada la de La doncella de Orleans, de Tchaikovsky; bien medida la sensualidad de la muy célebre de Sansón y Dalila de Saint-Saëns, piedra de toque de todas las mezzo ( y probablemente escrita, o al menos esbozada, en Gran Canaria durante una de las siete estancias invernales del compositor); y espectacular por sus alardes de entonación interválica la de La reina de Saba de Gounod. Contrastadas tesis del mejor estilo vocal, braveadas de contínuo por el pùblico. En la segunda parte, cuatro páginas de la Carmen de Bizet en un canon de expresividad  sencillamente insuperable. Sin exagerar la bravura castiza de las más populares (Habanera Seguidillas), con delicado encanto en L’amour est un  enfant y contenido dramatismo en ·En vain pour eviter, recorrió la obra entera con la autoridad de un saber convertido en emoción y respaldado por una voz capaz de todo. Vocalizando a la perfecciòn la lengua española, ofreció dos bises: las Carceleras de las hijas del Zebedeo de Chapí (con largos melismas de cante jondo) y Granada de Lara, agradecidas apoteósicamente por el público.

El maestro Karel Mark Chichon, esposo de la diva, consiguió prestaciones excelentes de la Orquesta Filarmonica de Gran Canaria en los acompañamientos y en las páginas sinfónicas de Glinka, Massenet, Saint-Saëns y Bizet intercaladas con las vocales (incluyendo tres pasodobles españoles de Lope y Penella bastante fuera de contexto). Ofrendó sucesivamente los muchos aplausos a los solistas de trompa, clarinete, oboe, flauta, trompeta y arpa,  arropando con exquisitez la Meditación de Thais de Massenet a cargo de la magnìfica concertino Mariana Abacioaie, puntal de la Orquesta. Las calidades musicales de la velada tuvieron el paralelo de un clima de comunicaciòn  y simpatía que muy pocas veces se logra.  

G. García-Alcalde