Anja Harteros, una Arabella en Munich para la historia

96
Arabella en Munich. Foto: W. Hösl
Arabella en Munich. Foto: W. Hösl

Mis amigos saben que tengo una admiración especial por Anja Harteros y procuro acudir a sus actuaciones operísticas siempre que puedo. Así que nada tiene de extraño que haya decidido volver a Munich para verla en Arabella nuevamente, ya que para mí es uno de sus personajes más logrados en todos los sentidos. El otro sería la Mariscala del Caballero de la Rosa. El viaje se complementa con un conocido y espantoso Rigoletto en términos escénicos y una visita a la Scala para poder asistir a Fidelio y a una ópera tan poco conocida como es el caso de Fierrabras.

Lo primero que tengo que decir es que la representación de Arabella que abre el viaje ha sido un éxito, especialmente – pero no solamente – por la actuación de Anja Harteros, a la que acompañaba un magnífico Michael Volle.

Se ha vuelto a ofrecer la producción de Andreas Dresen que se estrenara aquí en el Festival de Julio de2015 y que tuve ocasión de ver y escribir sobre ella entonces. La producción resulta interesante y atractiva, aparte de algunas provocaciones de poco sentido en el segundo acto. La acción se trae a tiempos más modernos que los señalados por el libreto. Estamos seguramente en los años 30. La escenografía de Mathias Fischer-Dieskau ofrece un escenario giratorio dominado por una inmensa escalera blanca, que está presente a lo largo de toda la ópera. Esta gran escalera permite sacar un gran partido al escenario, ya que la acción se desarrolla en el acto I debajo de la misma (habitación de hotel de los Waldner) y en el resto de la ópera tanto en la gran escalera, con todo el gran espacio que permite, como debajo de la misma. La verdad es que me ha parecido una escenografía atractiva y que ofrece muchísimas posibilidades escénicas, aparte de que una gran escalera es consustancial con esta ópera. El vestuario de Sabine Greunig es muy atractivo en el caso de Arabella y juega con colores negros en los invitados al baile del segundo acto y con el rojo en el caso de las invitadas, en un contraste muy bien conseguido con el blanco de la escalera. Buena también la iluminación de Michael Bauer.

En cuanto a la dirección escénica, no va más allá de narrar la historia, ni creo que se le haya ocurrido hacer que la protagonista cambie su magnífica interpretación, como ya se pudo comprobar en Dresde en otra producción. Hay algunos toques interesantes, como el hecho de que Arabella lanza el famoso vaso de agua fresca al rostro de Mandryka para regocijo de ambos. El aspecto más rechazable de la producción es el de convertir el baile de Fiakermilli en una especie de orgía, en la que los figurantes se lanzan a desmanes sexuales, incitados por la propia Fiakermilli e incluyendo también a la Condesa Adelaide, mientras su marido juega a las cartas.

La dirección musícal ha estado encomendada en esta ocasión al alemán Constantin Trinks, cuya presencia suele ser bastante habitual en Munich. Se trata de un director sólido y de garantía, cuya lectura me ha parecido francamente buena. Todos los directores que veo al frente de esta ópera tienen que luchar con el recuerdo que guardo de la prodigiosa dirección de Christian Thielemann en Dresde en Noviembre de 2014, que contaba también con la presencia como protagonista de Anja Harteros. En conjunto me ha parecido una dirección muy sólida la de Constantin Trinks, que ha obtenido un estupendo resultado de la Bayerisches Staatsorchester.

El reparto vocal era casi el mismo que el ofrecido con ocasión de del estreno de esta producción hace 3 años. Exactamente igual en lo que a las féminas se refiere y únicamente ofrecía unos nuevos Mandryka y Matteo.

Arabella en Munich. Foto: W. Hösl
Arabella en Munich. Foto: W. Hösl

Como digo más arriba, la protagonista que da titulo a la ópera fue interpretada por Anja Harteros y su actuación fue magnífica de principio a fin. Se me hace muy difícil ponerla en comparación con otras protagonistas de la historia, pero desde luego no desmerece con ninguna de las más grandes. Efectivamente, estamos ante una Arabella para el recuerdo o, si prefieren, ante una Arabella para la historia. Todo lo hizo a la perfección tanto vocal como escénicamente, ya que su identificación con el personaje es total. Si tuviera que señalar algún pasaje, me inclinaría por su extraordinaria escena con Zdenka en el primer acto, a la que se debe añadir también la que ofreció con Mandryka en el segundo acto y toda la escena de la confusión del último acto, en el que la Harteros mostró una inmensa dignidad escénica, aparte de bordar el rol en términos vocales.

El nuevo Mandryka era el barítono alemán Michael Volle y su actuación me pareció magnífica de principio a fin. No solamente ofrece una voz poderosa y canta estupendamente, sino que además es capaz de dar ese aire un tanto aldeano al personaje. Estamos ante un gran intérprete de este personaje, digno heredero de Thomas Hampson, para mí el Mandryka de referencia en los últimos años.

Repetía actuación la soprano Hanna–Elisabeth Müller, que volvió a ser una estupenda Zdenka, como lo fuera hace 3 años. Difícil encontrar una intérprete tan adecuada para el personaje.. Esta joven soprano alemana tiene un envidiable porvenir.

En el personaje de Matteo tuvimos al tenor Benjamín Bruns, que lo hizo bien tanto vocal como escénicamente. La voz no es extraordinaria, pero es un buen cantante.

Repetían también los Waldner, que fueron interpretados por los veteranos Doris Soffelcomo Condesa Adelaide y Kurt Rydl como El Conde Waldner. Ambos lo hicieron bien.

Como Fiakermili actuó la soprano ligera Gloria Rehm, adecuada a las exigencias del personaje

Los tres pretendientes fueron adecuadamente cubiertos por Dean Power (Conde Elemer), Johannes Kammler (Conde Dominik) y Torben Jürgens (Conde Lamoral).

Finalmente, la Echadora de Cartas fue nuevamente Heike Grörtzinger, siempre a punto.

El Nationaltheater estaba prácticamente lleno, salvo las localidades sin visibilidad. El público ofreció una entusiasta acogida a los artistas, especialmente a Anja Harteros y a Michael Volle. También Hanna-Elisabeth Müller fue merecidamente braveada

La representación comenzó con 4 minutos de retraso, algo habitual en Munich, y tuvo una duración de 3 horas y 11 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 29 minutos. Diez minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 39 euros.

José M. Irurzun