Abdrazakov y Verdi: alta combustión

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Ildar Abdrazakov
Ildar Abdrazakov

No hay cantante lírico hoy en día que no lance al mercado un trabajo discográfico centrado en arias de Giuseppe Verdi. La atracción por las emociones que despiertan las óperas del compositor italiano nunca deja de tener límites, y mucho menos en el star system actual de la lírica. Lo más común es encontrarnos en mayor medida álbumes de tenores y sopranos, aunque también abundan los de barítonos y mezzosopranos. En los últimos años ya han frecuentado la pasarela discográfica verdiana en diferentes sellos discográficos cantantes de la talla de Rolando Villazón, Jonas Kaufmann, Anna Netrebko, Sonya Yoncheva o Anita Rachvelishvili, por citar sólo algunos de los más famosos, a los que hay que añadir el monográfico Verdi del Plácido Domingo barítono. Menos común es asistir a un recital para la tesitura de bajo. Pero es que en las óperas de Verdi los bajos son personajes fundamentales, y así lo ha sabido aprovechar el ruso Ildar Abdrazakov a la hora de presentarnos su propia selección musical para Deutsche Grammophon. 

Ildar Abdrazakov es uno de los más dotados cantantes de su cuerda que tenemos en la actualidad, y en este recital ofrece por doquier buenas muestras de ello. Desde la primera ópera de Verdi, Oberto, hasta Don Carlo, pasando por el Fiesco de Simon Boccanegra, el cantante ruso abarca aquí un amplio espectro de roles verdianos para su tesitura, revistiendo a todos ellos de un canto cálido, robusto y noble, de profundo aunque no cavernoso registro y con un envidiable sentido del fraseo y la musicalidad con los que consigue deleitar sin tregua al oyente a través de los diez fragmentos compilados. Sería imposible resaltar una interpretación por encima de otra. En el terreno más espectacular, es de admirar cómo aborda las aguerridas cabalettas de Oberto, conte di San Bonifacio y Attila, en las que mantiene la última nota hasta el final de cada remate orquestal. No menos brillante es su escena de Silva de Ernani. En una expresión más íntima, ahí se encuentran sus recreaciones del monólogo de Filippo II de Don Carlo (“Ella giammai m’amò!”) y el aria de Procida, “O tu, Palermo” de I vespri siciliani. Quizá en estas interpretaciones el instrumento de Abdrazakov aún está lejos de llegar a un nivel máximo de penetración psicológica y hondura expresiva, pero mantiene en todo momento su dignidad vocal, como manifiesta en Nabucco retratando los distintos perfiles de las dos grandes arias del profeta Zaccaria.

En la voluntad de registrar las escenas completas que envuelven algunas de las arias, y haciendo una especie de guiño al disco de dúos de tenor y bajo que grabó hace unos años junto a Rolando Villazón en el sello amarillo, Abdrazakov cuenta aquí también con el tenor mexicano para cantar las breves partes en Attila, Nabucco y Luisa Miller, un detalle que revela la camaradería que existe entre ambos y el talante colaborador de Villazón. Además, no podía haber elegido Ildar Abdrazakov mejor compañero de viaje que el director Yannick Nézet-Séguin, quien, al frente del Coro y la Orquesta Metropolitana de de Montreal brinda un constante apoyo al bajo ruso, en un equilibro admirable de dinamismo y aliento lírico.

Germán García Tomás