Abrir camino en lo musical. Crítica del concierto de la OSPA

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Díana Díaz, La Nueva España

El director Miquel Ortega (Barcelona, 1963) es bien conocido en Oviedo, con una labor importante en el podio del Festival de Teatro Lírico Español. Su presencia en la ciudad fue intensa en 2010. Además de dirigir una “Doña Francisquita” ágil y poliédrica, Ortega se presentó como compositor en el Teatro Filarmónica. Así, llegó a Oviedo su “Bestiario”, un ballet coproducido por el Liceo, ABAO y la Ópera de Oviedo. fue compuesto a partir de canciones con textos del poeta barcelonés Josep Carner, que Ortega escribió en 2003. Esta semana, en Piedras Blancas y Oviedo, escuchamos por vez primera su versión sinfónica, en los atriles de la Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Su nuevo formato es la suite o colección de danzas, que permite mayor difusión de este tipo de obras, teniendo además en cuenta que el “Bestiario” es para todos los públicos, y suele verse en temporadas didácticas. Esta suite es un mosaico de cinco piezas de efecto directo, que se inspira, como el ballet, en diferentes animales. La obra revela cualidades de Ortega como compositor, combinando influencias clásicas y populares. Ortega muestra una sensibilidad melódica, que dedica a los instrumentos de viento, y una flexibilidad especial en el lenguaje armónico y rítmico, como en la última pieza, marcada por el tango.

Fue la del viernes una noche de descubrimientos. Escuchamos el “Concierto para corno da caccia y cuerdas” de Jean Baptist Neruda (1711-1766). Se trata de un compositor, director y violinista checo hoy casi desconocido, que desarrolló su actividad en Dresde, desde la prestigiosa Hofkapelle, convertida en la Orquesta de la Corte Sajona por mandato de Federico Augusto I. El éxito fue para Maarten van Weverwijk, trompeta principal de la OSPA, que actuó como solista, acompañado de una cuerda de empaque. No en vano, el corno da caccia –instrumento de llamada en su origen–, es muy difícil de articular, si tenemos también en cuenta el registro y las agilidades para el solista en esta obra. Buena oportunidad para escuchar así este instrumento, en una obra curiosa, que se inserta en el barroco por el tratamiento de la orquesta y solista, pero a un paso del clasicismo, sobre todo en el segundo movimiento, genial en el corno de Weverwijk.

También sonó, por primera vez en la OSPA, la “Primera Sinfonía” de Mendelssohn: obra temprana aunque de interesante factura, como esas sinfonías de juventud de Schubert. Con un estilo clásico de base, la sinfonía de Mendelssohn apunta a corrientes posteriores, con renovado ímpetu. Esto lo tuvo en cuenta Ortega al frente de una OSPA que mostró su solidez como conjunto, en una obra nada habitual en las programaciones. La interpretación no decayó en ningún momento, con atención en los tiempos, las partes intermedias de la orquesta y la continuidad de conjunto, en una versión llena de energía.

En suma, una jornada musical para descubrir, disfrutar y repetir, dentro de lo inusual del programa de la OSPA: una orquesta que quiere abrir camino.