Adriano aterriza en Madrid con la Europa Galante

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Adriano aterriza en Madrid con la Europa Galante

Una obra olvidada durante tres siglos y una recuperación casi magistral. Europa Galante, la formación creada por el maestro y violinista italiano Fabio Biondi, se ha convertido en uno de los conjuntos italianos especializados en música antigua más premiado en el panorama musical y el encargado de resucitar esta ópera barroca, Adriano in Siria, basada en el libreto original de Pietro Metastasio y compuesta por el violinista y excéntrico compositor Francesco Maria Veracini.

A lo largo de los siglos se han ido perdiendo diversas obras del compositor italiano y un solitario manuscrito fue encontrado en la Biblioteca Henry Watson de Manchester que daría vida a Adriano. Se estrenó en 1735 en el Teatro Haymarket de Londres y contó con el mismísimo Farinelli. Tuvo mucho éxito, incluso se representó más de veinte veces en aquella época pero ahí se quedó. Es curioso que hasta 2013 no se vuelva a hablar de ella y sólo porque Biondi, junto al musicólogo Holger Schmitt-Hallenberg, rehicieran las arias y recitativos y decidieran lanzarla de nuevo a los escenarios, estrenándose en España el pasado sábado en Valencia y el domingo, en Madrid.

En este libreto, la trama se desarrolla en Antioquía donde el general romano Adriano es nombrado emperador, tras derrotar al rey Osroa. Con la intención de estrechar los lazos entre Roma y Siria, captura a la hija de Osroa, Emirena, de la que acaba enamorándose, estando ya comprometido con Sabina en Roma. Una historia llena de falsos rumores, confusión y traición, que acaba con la clemencia y los vítores al emperador Adriano por parte del pueblo.

La sala sinfónica del Auditorio Nacional, en este fantástico ciclo de “Universo Barroco”, abre sus puertas al director Biondi que sustituye la batuta por el arco del violín y emula al maestro Veracini, que también dirigía mientras tocaba su violín. Asimismo, recibe a seis cantantes líricos: Sonia Prina, la contralto que representa al protagonista Adriano; Vivica Genaux, en el papel de Farnaspe, que representó en su día el castrado Farinelli; Roberta Invernizzi, soprano en el rol de Emirena; las dos mezzosopranos, Kristina Hammarström y Lucia Cirillo, que encarnarán a Sabina e Idalma, respectivamente; y, por último, el único hombre de este cartel, el bajo Ugo Guagliardo, como Osroa.

Tres horas de espectáculo separadas por una pequeña pausa. Dividida en tres actos con sus correspondientes recitativos y, en su práctica mayoría, arias da capo. Mordentes, ligaduras, trinos y picadas. El rococó propio de la corte vienesca abrumó en algunos momentos de la obra pero quedó resuelta, en general, por una correcta actuación lírica y una estupenda actuación instrumental.

Fabio Biondi demostró ayer que durante una pieza musical, además de ser director, se puede ser intérprete y, para más inri, solista. Una maestría a la hora de dirigir a toda su agrupación y a los cantantes líricos. El arco del violín oscilaba marcando los tiempos que punteaba el complejo ritmo y las continuas escalas que contienen la obra. Además, de no ser por los cambios de intensidad tan destacados por parte de la orquesta, hubiera sido completamente monótona la pieza. Una formación de cámara que se basaba en una cuerda frotada que cumplió con todo lo dictado e, incluso, se salió de lo establecido, situando a uno de los violinistas en una grada que interpretaba unos pequeños solos en la lejanía. La adaptación a los instrumentos de metal no fue muy forzada y se mantuvieron más en silencio que tocando. Respecto a los instrumentos de viento-madera, sonaban estupendamente a partir del tercer acto, donde más protagonismo tuvo. Por último, la intérprete de clave, Paola Poncet, marcó esa esencia barroca que proyecta el propio instrumento.

De los seis artistas mencionados que formaban el cartel, la actuación más destacable que se podría catalogar como magistral fue la de Roberta Invernizzi, en el papel de Emirena, la amante escondida de Adriano que inconscientemente traiciona a su propio padre. La única que con su presencia y su voz, llenó todo el auditorio. La mirada del público se centraba en ella cuando iluminaba con sus arias y no se perdía entre la arquitectura de la sala. Increíbles los pianos que proyectaban más que un forte de alguno de sus compañeros. Terminó el primer acto con una fuerza que luego recuperó en el aria de la escena 9 del segundo acto donde, simplemente, brilló.

Siguiendo una escala descendente de calidad pero con unos escalones, por ahora, muy pequeños, le sigue el bajo Ugo Gagliardo. La voz masculina del elenco que imponía como el rey que interpretaba. No tuvo mucho protagonismo porque desaparecía en el libreto; sin embargo, me sorprendió en sus contadas arias, aunque tendría que matizar más su modulación de intensidad ya que, en ocasiones, su proyección fue muy plana. Vivica Genaux, en el papel de Farnaspe, fue una de las que más protagonismo tuvo en la ópera, aunque el artista que le precedió en su día no tuviese sustitución. Segundos de aplausos acompañaban el fin de varias de sus arias; asimismo, los mordentes que hacía con su voz tenían una magnífica técnica y demostró un increíble registro vocal. No obstante, ese virtuosismo ahogaba la dicción que no era muy clara. Antes de bajar unos cuantos “escalones de calidad”, habría que destacar de una manera correcta a Lucia Cirillo en el papel de Idalma, que pese a que no consiguió brillar, su elegancia puso el toque vienesco a la obra.

Para ir terminando, Adriano, el protagonista que llevaba el título de esta ópera, fue representada por la contralto Sonia Prina. Sin la presencia que tendría que tener un emperador y sin la fuerza vocal que debería tener un protagonista. Muy desigual y en ocasiones, aburrida. Lo único “medio” destacable fue el duetto con Sabina, interpretada por Kristina Hammarström. La cantante no proyectó lo suficiente y parecía que si proyectaba algo, lo hacía al papel de sus partituras ya que, ni en sus arias, alzó la mirada al público. Una actuación de paso que deberían replantearse variar.

En conclusión, una ópera con una instrumentación muy variada y maravillosamente adaptada por el maestro Fabio Biondi. La monotonía, que no formaba parte de la intrigante historia del libreto, acarició a algunos de los espectadores, aunque el eclipse vocal de algunos de los artistas hizo encender los aplausos de un aforo casi completo.

Isaac J. Martín