“Agitata”, la espiritualidad de los afectos barrocos

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'Agitata', Delphine Galou (contralto) y Accademia Bizantina dirigida por Ottavio Dantone
‘Agitata’, Delphine Galou (contralto) y Accademia Bizantina dirigida por Ottavio Dantone

Bajo el título “Agitata”, se nos presenta este nuevo trabajo discográfico en el sello Alpha-Classics del conjunto de música antigua Accademia Bizantina que dirige desde el clave Ottavio Dantone, con la exclusiva participación solista de la joven contralto Delphine Galou, que afronta por primera vez un recital discográfico en solitario. El disco, grabado este año en la excelente acústica del Convento San Francesco de Bagnacavallo, en Ravenna, propone una muestra bastante representativa del repertorio religioso italiano de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII para voz sola y acompañamiento instrumental en su gran variedad de formas y estilos, pero revestido de la omnipresente influencia de la ópera, de la que la música sacra de la época parecía no sustraerse. Lo recorren obras pertenecientes a ocho compositores que contribuyeron todos ellos en mayor o menor medida a consolidar estos géneros musicales, la gran mayoría consumados operistas.

De esta forma, el aria que abre y da título al disco es el exigente “Agitata infido flatu”, del oratorio Juditha triunphans de Antonio Vivaldi (1678-1741), con texto latino de Jacopo Cassetti, un número di bravura que sirve para poner ampliamente de relieve las más que sobradas dotes para la agilidad de la joven contralto francesa. Basado en el mismo asunto bíblico (la historia de Judith, la joven judía que liberó la ciudad de Betulia del yugo de los asirios conducidos por Holofernes) el contrapunto nos llega a continuación con el oratorio, ya en italiano, Betulia liberata, de Niccolò Jomelli (1714-1774), del que se incluye su hermosísima aria “Prigionier che fa ritorno”, que Galou entona dulcemente y donde advertimos que la cantante, de genuino timbre grave, exhibe una cuidada línea de canto de gran calado expresivo.

Los afectos y los complejos códigos de la retórica barroca impregnan sin cesar el discurso canoro de las obras compendiadas, y en todas ellas se adapta sobresalientemente la musicalidad de Delphine Galou, ofreciendo un amplísimo abanico de emociones y expresiones de carácter espiritual por medio de acentos y declamaciones, especialmente en el género de la cantata, la cual está representada por Giuseppe Torelli (1658-1709), con la cantata para el Viernes Santo Lumi dolenti lumi, que alterna recitativo y aria, y de Giovanni Battista Brevi (c.1650-c.1725) y su cantata para el Santísimo Sacramento O spiritus angelici, donde el clima se aprecia más íntimo que en la anterior, por la mayor sobriedad instrumental entre los seis brevísimas números que la componen, y en la que destaca la elocuente presencia del órgano de Ottavio Dantone en el continuo. Otra configuración más que conserva la lengua litúrgica del latín pero que en sus mimbres estilísticos vuelve a beber de la cantata, con un estilo tanto expresivo como virtuosístico, es el motete In procella sine stella del genial operista Nicola Porpora (c.1686-1768). Por último, la Lamentación para el Miércoles Santo Et egressus est de Alessandro Stradella (1639-1682) contiene toda la contención que este tipo de composiciones requería para crear un ambiente espiritual.

El catálogo de obras sacras se completa, no obstante, con dos magníficos ejemplos instrumentales que aportan el necesario contraste: la desgarradora Sinfonia dalla Passione di Gesù Cristo Signor nostro (1730) de otro magistral cultivador operístico, Antonio Caldara (c.1670-1736), y el brevísimo Concerto grosso op. II nº 2 (1698) de Giovanni Lorenzo Gregori (1663-1745), obra prematura en este género en la que por primera vez aparece la denominación de “concerto grosso”. En estas piezas, y en su labor de acompañante de la contralto francesa, la Accademia Bizantina a las órdenes de Dantone demuestra un oficio sobresaliente, demostrando vigor rítmico y contención religiosa a partes iguales. Sin asomo de dudas, ya se ha convertido una de las formaciones de música antigua con criterios de interpretación historicista más señeras de la actualidad, y que arriesga de verdad en la elección del repertorio a interpretar, pues en este caso la gran satisfacción es descubrir un excelente catálogo de obras sacras que harán las delicias del oyente con el paladar más exquisito. Y con el añadido de que conseguirá toda una deliciosa experiencia estético-espiritual.

Germán García Tomás