Aida en el Teatro Principal de Palma de Mallorca

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Aida en el Teatro Principal de Palma de Mallorca

Con Aida en el Teatro Principal de Palma de Mallorca como segundo título para la presente temporada operística, el Teatro Principal desempolvaba una producción estrenada hace ya dos temporadas que preferiblemente podría haber permanecido escondida per “secula seculorum” en el más absoluto de los olvidos. Dos columnas a un lado y tres puertas al otro, con un par de rampas y varios escalones, todo estático a lo largo de toda la obra, el socorrido power point que proyectaba en el fondo del escenario los famosos dibujos arqueológicos del inglés David Roberts puso más en evidencia los escasos medios de esta producción por monolítica y aburrida. Pareja suerte corrió el vestuario, pobre y poco imaginativo. Aida, vestida de rojo durante toda la obra parecía más bien Norma y la Amneris del segundo reparto parecía llevar la peluca que usara María Callas en la Tosca del Covent Garden del 64.

La iluminación apenas creo atmósfera. El acto del Nilo más bien parecía transcurrir a la hora de la siesta, y como colofón un ballet anodino y repetitivo que intervino más veces de las necesarias.

El elenco principal resultó algo descompensado, el tenor Albert Monserrat que curiosamente en la temporada anterior sacó a flote con bastante dignidad vocal y escénica el Otello verdiano, en esta ocasión su Radamès no cumplió las expectativas. Ya en el aria de entrada “Celeste Aida”, la voz evidenciaba todas las fisuras con las que se encontraría a lo largo de toda la obra, canto nasal y exceso de vibrato, falto de squillo y poca nobleza de canto, limitaciones en lo heróico y apenas terciopelo.

El papel protagonista corrió a cargo de Tamara Wilson, quien tan buena impresión dejó hace dos temporadas con su antológica Leonora de Il Trovatore, todo un prodigio vocal y cuyo papel parece escrito expresamente para ella. Si bien su Aida no estuvo a la altura de la Leonora verdiana, la soprano no defraudó, voz de bello timbre y ejemplar legato, y apoyada en una técnica sensacional, fue muy cuidadosa en la línea y en los contrastes, a simple vista Aida parece un personaje algo monolítico, pero quizás faltase algo de más sensualidad, intensidad y desgarre en la interpretación.

Si bien el papel de la princesa egipcia corría a cargo de Ildiko Komlosi, quien por problemas de agenda, suponemos, no pudo cantar en la primera función, fue la mallorquina María Luisa Corbacho quien retomó dicho rol en el estreno. Es indiscutible que Corbacho posee un instrumento potente y torrencial, su Amneris es extremadamente fogosa pero el personaje requiere más sutileza escénica y vocal, hubo momentos más propios de Santuzza que de una princesa nubia, pero es una cantante joven, y es obvio que el personaje aún tiene que madurar y corregir algunos excesos. Frente a la impetuosa juventud, la experimentada Ildiko Komlosi, toda una dama en escena, nos brindó una elegante Amneris, consumada actriz, con economía de gestos, halla matices sorprendentes en el planteamiento del personaje, la húngara tiene un instrumento ideal para Amneris, altivez vocal y ancha sonoridad en la parte grave del personaje .

Nobilísimo Amonasro el del joven barítono Javier Franco, tanto en lo vocal como lo escénico. Contundente y duro sin ser exagerado ni violento. Correctas interpretaciones de los bajos Ivo Stanchev y Pablo López como Ramfis y el Re, así como de la soprano Marga Rodríguez en el papel de Sacerdotessa.

No cabe mención especial para el director de orquesta portugués José Ferreira Lobo. Mal concertador y con una preparación de la obra que se sujetaba con pinzas, las funciones salieron a flote gracias a la profesionalidad de los cantantes, la Orquesta Sinfónica de Baleares y Coros del Teatro Principal.

Juan Carlos Reyes