Alceste (segundo reparto). Gluck. Madrid

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Teatro Real de Madrid. 8 Marzo 2014.

Estas notas corresponden al segundo de los repartos programados, cuyo resultado queda por debajo del reparto titular.

Es la tercera vez que veo en estos días la producción escénica de Krzysztof Warlikowski y sigo creyendo que es una pena que un regista imaginativo y brillante como el polaco estropee el espectáculo por simple afán de protagonismo. Ni viene a cuento el paralelismo con Lady Di, ni los diálogos que añade, ni los parones musicales, ni las “bulerías” del segundo acto, ni la actuación de los “muertos” del tercer acto, que con su convulsiones y arrebatos sexuales no hacen sino molestar a todo el dramatismo de la ópera. La única novedad que aporta la producción en este reparto es la de cambiar el vestido rojo de Alceste en el segundo acto por uno de color salmón.

La dirección de Ivor Bolton me ha seguido resultando decepcionante. Cabe esperar mucho más de él. Particularmente corto de vida fue el primer acto. Respecto de su actuación el pasado día tengo que decir que el Coro del Teatro Real tuvo problemas para seguirle y en el segundo acto las cosas no funcionaron debidamente. Bien, no excepcional, la Orquesta del Teatro Real.

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La nueva Alceste era la soprano ucraniana Sofia Soloviy, cuya actuación global me resultó poco convincente. La composición del personaje queda bastante por debajo de la que nos ofreciera Angela Denoke en el primer reparto. En términos vocales ofrece más frescura que la alemana y mayor facilidad por arriba, pero su voz es poco adecuada a las exigencias de Alceste, que pide una voz de mayor peso y consistencia en centro y graves. Su Divinités du Styx fue insuficiente, ofreciendo lo mejor en su aria del tercer acto.

El tenor americano Tom Randle tampoco resultó un convincente intérprete de Admete, salvo en el aspecto escénico. La voz no es muy atractiva, excesivamente engolada en ocasiones, y la tesitura le viene muy incómoda, con muchos sonidos forzados y excesivamente apretados. Los personajes secundarios eran los mismos del día pasado. Encontré a Willard White con la voz más fatigada por arriba.

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El teatro ofrecía una ocupación que apenas llegaría al 85 % de su aforo. El público se mostró bastante frío durante la representación hasta el punto de no reaccionar con el final del segundo acto. La recepción final no ofreció entusiasmos ni bravos para ninguno de los artistas. En esta ocasión Warlikowski no estaba en el teatro.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 47 minutos, incluyendo un intermedio y las ocurrencias de Warlikowski. Duración musical de 2 horas y 7 minutos, exactamente igual que en el primer reparto. Cinco minutos escasos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 213 euros, habiendo butacas de platea por 203 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 179 y 90 euros. La entrada más barata costaba 34 euros. Había localidades sin visibilidad por 10 euros.

José M. Irurzun