Alfonso Gómez y Hye Seung Keum en una impresionante versión de La consagración de la Primavera

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Alfonso Gómez y Hye Seung Keum en una impresionante versión de La consagración de la Primavera
Alfonso Gómez y Hye Seung Keum en una impresionante versión de La consagración de la Primavera

Solo los instrumentos de teclado pueden ser tocados por dos o más intérpretes y con repertorio original. Tocar a cuatro o seis manos es un ejercicio de amistad donde la cooperación y el reparto de funciones se ponen en juego al servicio de la música.

En el concierto organizado por Aeterna Musica en el Templo de El Salvador el pasado 19 de diciembre en Madrid jugaron a dos la coreana Hye Seung Keum y el vasco Alfonso Gómez. Ambos viven a kilómetros de distancia y en sus breves encuentros han conseguido aunar criterios y poner a prueba sus técnicas pianísticas para poder abordar el repertorio que ofrecieron, seleccionado de entre lo más representativo de la música para piano a cuatro manos.

En primer lugar, ofrecieron las transcripciones de Giörgy Kurtág sobre cantatas de Johann S. Bach: O Lamm Gottes, unschuldig BWV DESST; Alle Menschen müssen sterben BWV 643; Aus Tiefer Not schrei´ ich zu Dir BWV 687 y Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit BWV 106 (Actus Tragicus).

Nos imaginamos a György y a su esposa pianista Márta Kinsker más de sesenta años tocando juntos música convertida en el idioma íntimo de la pareja. Y eso precisamente nos hicieron oír Hye Seung Keum y Alfonso Gómez: belleza en la intimidad.

Continuaron con la Fantasía en Fa menor D. 940 de Schubert, compuesta en 1828 y editada un año después del fallecimiento del autor. Representa una de las escrituras armónicamente más complejas de la época. Fue dedicada a Karoline Esterházy, alumna de Schubert y su amor imposible.

Alfonso Gómez y Hye Seung Keum en una impresionante versión de La consagración de la Primavera
Alfonso Gómez y Hye Seung Keum en una impresionante versión de La consagración de la Primavera

Nuestros intérpretes recrearon la Fantasía en un piano moderno sin vacilar en obtener de él los mejores recursos expresivos. La velocidad alcanzada sería impensable en el piano Graff de Schubert, y la homogeneidad de los registros tampoco existía en aquella época. El resultado, dentro de la impecable lectura de la partitura, fue una bella versión no historicista en la que el ritmo y la velocidad nos hacía evocar más un alegre Landler que un drama tonal de romántico y doliente enamorado.

La culminación del concierto llegó con la interpretación de la versión a cuatro manos que Stravinski realizó de su ballet La consagración de la primavera («L’Adoration de la Terre» y «Le Sacrifice»). Stravinski la editó en 1913, unos pocos días antes de su apoteósico estreno para orquesta.

El manuscrito está realizado en parte por un copista y en parte por el autor, y totalmente autorizado por este. En un principio la transcripción sirvió para el estudio de la obra pero últimamente se ofrece en concierto pese a su dificultad técnica y su complicado manejo del piano a dos, cuando en algunos momentos deben actuar en el mismo registro del teclado y la pedalización debe intercambiarse en contra de la norma de ser sólo uno el que maneja el pedal.

Aquí, Hye Seung Keum y Alfonso Gómez nos deslumbraron. No hay palabras para describir el control, el juego, la tensión, la comprensión del texto. Los esfuerzos de Stravinski por obtener una obra pianística a partir de la transcripción exacta de La consagración de la primavera han merecido la pena cuando existen pianistas como los que esta tarde nos maravillaron.

Y de nuevo un privilegio poder escuchar en la intimidad del Templo de El Salvador a pianistas de élite, ese logro al que nos tiene acostumbrados Aeterna Musica.

Sol Bordas

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