Algunos comentarios sobre La Traviata, por Roberto Sebastián Cava

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La Traviata en el Teatro Real: una Violetta para recordar
Ermonela Jaho en La Traviata del Teatro Real

El 6 de marzo de 1853, en el Gran Teatro La Fenice de Venecia, tuvo lugar el estreno de La Traviata, de Verdi. Los años han pasado y, sin embargo, esta ópera está hoy de moda en Europa y en América.

La Traviata tiene encanto. Desde la fecha de su estreno, se la ha llevado a los escenarios con cantantes muy diversos. “Todo tiempo pasado fue mejor”, dice el refrán y no es posible hacer comparaciones. Afortunadamente, algunas pocas versiones grabadas nos permiten conocer a artistas legendarios. Sin embargo, es imposible volver a recrearnos con los incontables atletas del canto lírico de años atrás.

En nuestros días han existido y existen intentos de acercar más esta obra al gran público. A veces con relativo éxito pero la música de Verdi navegará siempre por encima de versiones, puestas y directores de escena.

¿Es La Traviata una obra apta para ser revisionada? Personalmente me opondré siempre a esas tendencias. Compruebo, que como no es posible introducir cambios en la partitura, se opte por modificar la trama de la ópera. De esta manera, se observa una tentación grande. Así, se entregan versiones alejadas del espíritu o de la “mística” del compositor.

La Traviata está inspirada en La dama de las camelias, de Dumas, aunque no la sigue al pie de la letra. La protagonista de nuestra obra, de gran belleza, falleció a los 23 años de tuberculosis. Se dice con frecuencia que fue una cortesana. En su época, existían muchas mujeres que se movían en ambientes altos de la sociedad y de la política. Ellas movían hilos y obtenían favores para otras personas. Es difícil comprender y lamentable por otra parte, la categorización de esas damas en un único anaquel.

Es frecuente que los directores de escena reduzcan sus miras y transformen el piso de Violetta en un burdel. Allí hay señores que permanecen con los sombreros puestos, chicas provocativas, sensuales, que fuman desorbitadamente. La historia de la verdadera Violetta como la concibió Verdi, no es así aunque nos la muestren como una mujer alocada al final del primer acto o de una gran liviandad en el tercero.

He ido a las fuentes históricas. La inspiradora de Violetta contrajo matrimonio civil en Londres y en plena juventud, con el Conde de Perrégaux. Hay constancia de la ceremonia realizada el 21 de febrero de 1846. Volvieron a París. Allí, la salud de la esposa declinó rápidamente y murió el 3 de febrero de 1847, después de recibir los sacramentos de la religión católica. Por ese motivo Verdi le hace decir “mi confortó iersera un pio ministro”. Perrégaux y el ama de llaves estaban junto a ella cuando expiró.

Los deseos de “interpretar” la obra aparecen nítidos en muchos momentos de la ópera. Por ejemplo, en el primer acto. Violetta recibe a sus amigos en su piso. No es una fiesta atendida por los mozos del Maxim, ni los invitados son numerosos. La conversación magistralmente ideada por el compositor, conduce a la dueña de casa a expresarse con exquisita cortesía. El segundo acto es verdaderamente antológico. Algún director de escena nos ha mostrado a Alfredo en ropa interior. El tercer acto en casa de Flora, no es “la fiesta del siglo”. Prueba de ello es que Violetta fue invitada en la misma mañana por su amiga. En el último, insisten en la colocación de una cama grande en una concepción sexual de los protagonistas.

Por último, deseo manifestar que me llegó un comentario y me dio pena. Se afirma que Germont padre, no admitía la unión de su hijo con una mujer de una condición baja. Tampoco es así. Violetta manifiesta el arrepentimiento por algunas cosas de su vida pasada y menciona el perdón divino. Por eso, “il genitor” se estremece y hasta le hacen quitarse el sombrero que, inexplicablemente, llevaba puesto desde su ingreso a la casa.

Son todos detalles, cosas pequeñas que hacen a la fiel interpretación de la ópera. Si un cantante poco avisado encuentra en su camino a personas que lo hacen alejar del personaje a interpretar, a lo mejor lo cantará correctamente pero muy lejos de los deseos del compositor.

Roberto Sebastián Cava