America Forever: Christopher Franklin y Francesca Dego satisfacen al Auditorio

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 America Forever: Christopher Franklin y Francesca Dego satisfacen al Auditorio
America Forever: Christopher Franklin y Francesca Dego satisfacen al Auditorio

Es muy de agradecer la reiterada presencia en la programación del Auditorio de Castelló de la Orquesta Sinfónica del Palau de les Arts, que cumple una aplaudible función de llevar la gran música a todos los ámbitos del territorio valenciano, habida cuenta que es, al mismo tiempo la titular de la Generalitat. La agrupación tiene un gran nivel que demuestra en cada comparecencia (y de ello hemos tenido ocasión de hablar hasta la saciedad) y sobre todo cuando tiene al frente a una batuta que puede extraer de sus músicos lo mejor que pueden dar de sí, que es mucho. Este fue el caso de Christopher Franklin, a quien habíamos aplaudido en varias ocasiones en el coliseo de Calatrava y últimamente en un excepcional «Peter Grimes». 

En esta ocasión el director apostó por la música de su tierra, con un programa todo él made in USA, tan interesante como poco frecuente en las mayoría de las composiciones. La orquesta con la devoción, el cuajo y la calidad de las grandes ocasiones, respondió con prodigalidad de matices, contrastes y particularidad, a los gestos precisos, claros, solventes y llenos de carácter de la batuta, cuajando sonoridades contrastadas, ámbitos de afinación muy existencial, intensidad rítmica, con abundantes sincopas y compases divididos de amalgama y sobre todo colorido y «sabor» territorial, que iba desde el jazz a las formulaciones atonales, sin olvidar las incursiones en motivos extraídos del folclore far west.

La nada convencional «Overture to The school for scandal» de Barber, tuvo un planteamiento muy sugestivo, con un ambiente del típico divertimento de enredo propio de las comedias goldonianas del XVIII, solo que con una instrumentación brillante, estentórea y diversificada propia del neoromanticismo y los inicios del postimpresionismo con una variedad de acentos, sonoridades y dinámicas. Desde los muy alegres y llamativos prestos, a los sugerentes relatos melódicos, la obra fue un modelo de intención y de prestancia.   

Tampoco es habitual la interesante Serenata sobre temas de Platón de Bernstein que posee un discurso de una filosofía vital sobre el amor a través de reflexiones de pensadores helenos transformado en una muy significativa  y deliberada música. Obra compleja con abundantes cambios de métrica y armadura para identificar el discurso reflexivo de cada uno de los filósofos, frecuentes amalgamas (4/16, 5/16, 9/8, 3/8, 5/8), recursos dodecafónicos y atonales…. Y también virtuosismo a raudales para el solista. Una partitura que pone a prueba a orquesta, batuta y violín y que fue una auténtica revelación por la versión tan significativa como llena de axioma interno y sugestión sonora. La italiana Francesca Dego, dio cuenta de su compleja parte en una adecuación tan precisa como coordinada e intencional con la orquesta, luciendo un sonido generoso, brillante y expresivo y lo que es más importante determinación específica en la introspección de la partitura. Los aplausos que recibió la obligaron a ofrecer una propina que fue el decimotercer capricho de Paganini en el que las acentuaciones (sobre todo los audaces contratiempos) hicieron honor a la sarcástica intención del autor que no en balde tituló el fragmento como «La carcajada». 

La suite de danzas de «West side story» fue llevada con muchas ganas sobre todo en los audaces y vehementes acentos rítmicos tal vez excesivos pero nunca desaforados. A destacar las intensas síncopas del Prólogo, el ensoñado embeleso del cello solista y los arcos en el «Somewhere», intensificado y sensual el «Mambo», idílico y enamorado en «Cha cha cha» que supone el alegato de amor de Tony y María, lleno de tensión el levantisco «Rumble» y luctuoso y procesional el idílico «Finale». La brillante orquestación de Irwin Kostal y Sid Ramin lució en todo su esplendor y condición contrastando la energía pasional con el idilio. 

Por último «Rodeo» de Copland arrebató por la intensidad vehemente del «Buckarro», las sonoridades aéreas del nocturno, el lirismo del vals USA y la festividad audaz y bulliciosa a extremos de excitación de «Hoe Down». Una orquesta entregada al ecosistema sonoro y al ritmo que nada tuvo que envidiar a sus colegas de los EEUU.

Antonio Gascó