Angela Meade y Jamie Barton, duelo estelar en la Norma del Met

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Angela Meade y Jamie Barton, duelo estelar en la Norma del Met. Foto: Ken Howard/Metropolitan Opera

La Metropolitan Opera de Nueva York ofrece esta temporada una nueva producción de la ópera de Bellini, Norma, dirigida por David McVicar. El pasado sábado el maestro Joseph Colaneri dirigió a los conjuntos titulares del teatro, que acompañaron a un trío de célebres cantantes: la soprano Angela Meade, la mezzo Jamie Barton y el tenor Joseph Calleja.

En esta nueva versión del Met, el diseñador escénico Robert Jones presenta el drama en dos planos: el bosque galo, con su mística druídica, presidido por el gran árbol sagrado; y la casa de Norma, apenas una choza de la que los hijos de la protagonista son el elemento orbital. El primer escenario destaca por la sutileza de la iluminación, firmada por Paule Constable, mientras que el segundo sorprende por una decoración tan exhaustiva como prosaica. Ambos enfoques, cara y cruz de la realidad de Norma, se conjugan por elevación, como si las vigas que sostienen la precaria choza de la sacerdotisa fueran las raíces del árbol sagrado y el calor interior del hogar, una extensión irónico-poética de la frialdad exterior del bosque ritual. Así leída, la escenografía aparece como una elegante alegoría de la complejidad anímica de Norma. Con todo, y como era de esperar de la compañía de Manhattan, el director escocés David McVicar firma una propuesta más bien conservadora, tendente más al realismo historicista que al romanticismo legendario que sugieren el libreto y la partitura.

Tampoco nos pareció muy imaginativa la actuación del director de orquesta norteamericano Joseph Colaneri, que brindó una versión de la música de Bellini apreciable aunque un tanto manida y anémica. Los escasos lujos que se permitió la Orquesta del Met vinieron de los vientos, soleados y extrovertidos en los ensembles, y del fragante acompañamiento al dúo entre Norma y Adalgisa Mira o Norma del segundo acto. Por su parte, el coro del Met cumplió sobradamente, aunque sin los lujos de las grandes noches. Dirigidos en lo escénico por Leah Hausman, dieron muy bien el tipo de galos aguerridos.

Antes de que se alzara el telón, el tenor maltés Joseph Calleja se dijo afectado por un catarro. Ciertamente, sus primeras intervenciones se saldaron con un sonido mate y nasal, casi caprino, sensiblemente disminuido en la zona alta del registro. Conforme la actuación avanzaba, Calleja suplió todas estas dificultades con oficio, gracias a su musicalidad, su presencia escénica y un foso muy clemente. Su Pollione, en suma, estuvo lejos de su mejor versión, si bien fue afianzándose y supo aguantar el tipo con decencia ante el despliegue vocal de sus compañeras de escenario.

Angela Meade y Jamie Barton, duelo estelar en la Norma del Met
Angela Meade y Jamie Barton, duelo estelar en la Norma del Met. Foto:Ken Howard/Metropolitan Opera

La soprano americana Angela Meade puso al servicio del papel todo su repertorio de sutilezas dinámicas, su timbre terso y homogéneo, su eficacia al proyectar el sonido y su sabiduría dramática. El resultado fue una actuación que recuerda a grandes Normas del siglo pasado, compleja y elevada pero corpórea y con dominio de sí. A la exquisitez de su actuación vocal, sobresaliente en su aria Casta Diva o en el dúo con Pollione In mia man alfin tu sei, oponemos su escasa movilidad sobre el escenario, causada en parte por su generosa complexión.

La mezzo Jamie Barton multiplicó el efecto de su portentoso instrumento con una actuación actoral muy expansiva. La artista georgiana demostró que tiene la voz en sazón, grande, plena de armónicos y con un sugerente aunque abrupto paso de registro. Quizás el contraste cromático con la voz de Meade no es el ideal y el papel de la inocente Adalgisa no pide un instrumento de este tonelaje. Sin embargo, todos las reservas se olvidan con facilidad tan pronto como la Barton comienza a cantar. Sin duda una de las mejores mezzos de hoy.

El bajo inglés Mathew Rose fue un apreciable y sensible Oroveso, mientras que la Clotilde encarnada por la soprano Michele Bradley sonó amplia y maternal.

El Met, a la vanguardia de la producción operística mundial, sigue siendo sinónimo de éxito gracias a su infalible esquema: escenografías cuidadas y respetuosas, solistas de primera y robustos cuerpos estables. A fe que muchos de los asistentes a la representación del pasado viernes recordarán esta Norma con emoción durante mucho tiempo.

Carlos Javier López