Angela Meade vuelve a triunfar en el Teatro de la Maestranza con Il Trovatore

226
Il Trovatore

La soprano Angela Meade vuelve a triunfar en el Teatro de la Maestranza con su interpretación de Leonora  en la magnífica producción que se presentó de Il Trovatore de Giuseppe Verdi. Esta ópera, exponente singular del belcanto y una de las más conocidas del autor, se ha convertido en una de las referencias líricas que suelen asociarse a la carrera de una artista consagrada. En este sentido, Angela Meade puede estar segura de haber entrado en el parnaso verdiano con su recreación de Leonora en la Maestranza, que no dejó indiferente ni al público ni a la crítica especializada.

Angela Meade es una de esas voces que se crecen ante la dificultad. Su timbre poderoso y de un vibrato contenido pero rotundo la hacen idónea para el repertorio belcantista, al que se añaden un fiato portentoso y un dominio de las agilidades y la coloratura magistral. En este sentido, la presencia de la soprano en la escena destacaba por encima del buen elenco de protagonistas, que no desmerecieron su actuación, pero que quedó eclipsado ante su arrebatadora voz. Desde su declaración de amor en el primer acto, con el aria “Di tale amor” hasta el aria “D’amor sull’ali rosee”, donde en aras de la misma pasión se entrega a la muerte, Angela Meade demostró un conocimiento profundo de la partitura y un control absoluto de la interpretación, acompañados por retales de expresividad actoral muy oportunos, como en la escena de la muerte al concluir la última parte.

La otra gran voz de la velada fue la mezzosoprano Agnieszka Rehlis, que en el papel de la gitana Azucena sorprendió por su bondad vocal y sus dotes actorales. Personaje de carácter, a quien se le destinan algunas arias de considerable dificultad, la recreación de Rehlis fue sublime. En concreto se puso en evidencia en el dramatismo de la segunda parte, en la que es protagonista indudable su personaje, con arias como “Stride la vampa” o “Condotta ell’era in ceppi”, donde se consolidó como partenaire de excepción del tenor Piero Pretti, que interpretaba al trovador Manrico, hijo de la gitana. Éste, de voz precisa y bien timbrada, realizó una interpretación digna y oportuna tanto en sus escenas de amor con Leonora como en el rol de hijo de Azucena, destacando en el aria “Di quella pira” pese a ser algo pesante en los agudos.

El resto de las voces no desmerecieron el elenco de artistas que este Trovatore trajo a Sevilla. Un oportuno y poderoso Romano Dal Zovo interpretó a Ferrando, rol complejo de bajo, cuyas intervenciones son decisivas para comprender la trama de la obra. Por su parte, el barítono Dmitry Lavrov desarrolló de forma muy creíble su papel del celoso Conde de Luna, pese a que por momentos se echó en falta potencia en su interpretación.

Il Trovatore
Il Trovatore

En lo musical, la dirección de Pedro Halffter  al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla marcó, como viene siendo habitual, un estándar de calidad muy a propósito para esta partitura, en la que Verdi desarrolla un entramado orquestal más complejo puesto al servicio de la expresividad de la historia. Con un sonido espléndido, un balance entre los efectivos tímbricos preciso y acertado, y una sonoridad y culto por la melodía muy dentro del estilo verdiano, la orquesta sonó magníficamente y la dirección musical fue perfecta. También hay que felicitar a Íñigo Sampil por la preparación de un Coro del Teatro de la Maestranza oportuno, seguro y presente en los momentos cumbres, como en el conocido coro de los yunques “Vedi! Le fosche notturne spogle” o en la réplica dada a Manrico en varias ocasiones.

Finalmente, pero no por ello menos importante, hay que reconocer el mérito de Stefano Vizioli en la dirección de escena, en la que un telón traslúcido y varios bastidores móviles establecían diferentes niveles de profundidad que permitían diferenciar espacios físicos y psicológicos en cada parte. La escenografía incluía una estructura en V que representaba las murallas del cuartel del Conde de Luna, y que se abría o cerraba para representar diferentes estancias de la fortaleza. Por su parte, los bastidores representaban ya la muralla exterior, ya las paredes de la cueva de los gitanos. El uso cuidado de la iluminación, y la detallista estética del vestuario (extemporáneo, pero efectivo) fueron valores añadidos, como también lo fue la presencia de figurantes actores que representaron diversas escenas de duelo con espada y entrenamiento militar.

Gonzalo Roldán Herencia