Anja Harteros salva la Tosca de Munich

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Anja Harteros salva la Tosca de Munich
Anja Harteros salva la Tosca de Munich. Fotos: W. Hösl 

Creo que todos los aficionados estarán de acuerdo conmigo en que son unos pocos los grandes teatros de ópera en el mundo y que entre ellos está la Bayerische Staatsoper de Munich. En mi opinión – y pienso que compartida por más de uno – es precisamente esta compañía de ópera la que en la actualidad es la mejor de todas ellas. Nada tiene de extraño, por tanto, que uno siempre encuentre caras conocidas en el Nationaltheater, especialmente cuando se ofrece algo de gran interés, como ocurre en estas fechas con una Tosca, que ofrece a Anja Harteros como protagonista, y un Tannhäuser con un reparto de altos vuelos. 

Esta producción de Tosca es una coproducción del Metropolitan de Nueva York con la Scala y Munich y se estrenó como apertura de la temporada americana en el año 2009, habiéndose visto por primera vez en Munich en Junio de 2010. Entonces fueron sus protagonistas Karita Mattila y Jonas Kaufmann. Se ha repuesto la producción en la capital bávara en varias ocasiones posteriores, siendo obligado recordar aquellas inolvidables representaciones del Festival de Julio de 2016, en las que dirigió Kirill Petrenko y el reparto lo formaban nada menos que Anja Harteros, Jonas Kaufmann y Bryn Terfel. Si inolvidables fueron aquellas representaciones, no ocurre lo mismo con la que ahora nos ocupa, en la que solamente ha brillado Anja Harteros, mientras que el resto del reparto no ha pasado de la modestia y lo mismo puede decirse de la dirección musical. 

Como digo más arriba, se reponía la producción de Luc Bondy, cuyo estreno en el Metropolitan trajo consigo el escándalo, al sustituir a la antigua producción de Franco Zeffirelli, tan amada en la ciudad de los rascacielos. La verdad es que esta producción puede gustar más o menos, pero difícilmente puede provocar un escándalo. Se trata de una producción tradicional. La escenografía de Richard Peduzzi no tiene la espectacularidad de otras, pero sigue fielmente al libreto. Una Iglesia un tanto pobretona en el primer acto, el Palacio Farnese en el segundo, aunque podría ser una habitación de un hotel, ya que los lujos eran más bien escasos, y, finalmente una terraza elevada en una fortaleza, aunque falta el famoso Ángel. El vestuario de Milena Canonero responde a la época del libreto y resulta adecuado, particularmente en lo que se refiere a la diva. Se echa en falta la presencia del crucifijo y los candelabros en el final del segundo acto. En resumen, una producción clásica y tradicional, menos espectacular que otras y corta de brillantez en muchos momentos. 

En esta ocasión la dirección musical ha estado encomendada a Andrea Battistoni, cuyo trabajo me ha resultado poco convincente, Este joven (32) director llamó poderosamente la atención cuando debutara hace unos 10 años, como ocurriera también con Daniele Rustioni, a quien acabamos de ver dirigir Falstaff en el Teatro Real. Tras ver a ambos en estos días, mi opinión es que Rustioni resulta hoy más interesante que Battistoni. Su dirección de Tosca ha sido ruidosa y poco inspirada y matizada, especialmente en el primer acto de la ópera, mejorando en el segundo, en el que al menos hubo carga dramática. En conjunto, no ha sido una lectura convincente y, por supuesto, me ha hecho recordar continuamente la que nos ofreciera hace 3 años en esta ópera Kirill Petrenko. Buenas las prestaciones de la Orquesta y el Coro de la Bayerische Staatsoper. 

Anja Harteros salva la Tosca de Munich

Una vez más hemos tiene do la suerte de contar como protagonista de la ópera a Anja Harteros, que nos ha ofrecido grandes interpretaciones del personaje desde que lo debutara en Berlín en Febrero de 2013. He tenido oportunidad de verla en el personaje en varias ocasiones desde entonces y he podido disfrutar siempre de sus interpretaciones, no en balde la considero como una de las más grandes cantantes (si no es la más grande en términos absolutos) de los últimos años. Guardo un recuerdo imborrable de su actuación como Floria Tosca en la ocasión referida de Julio de 2016 en Munich. La de ahora ha sido una destacada interpretación, pero no a la altura de la de entonces. Indudablemente, ni la dirección ni sus compañeros de reparto tienen nada que ver con los que tuvo entonces y eso no cabe duda de que influye en la prestación de una cantante, por excepcional que ésta sea. 

Cavaradossi fue nuevamente el italiano Stefano La Colla, que sigue sin convencerme y me resulta sorprendente la insistencia de Munich en ofrecer una y otra vez a este cantante, que no es digno de un teatro de ópera excepcional como éste. La voz es amplia y atractiva, aunque no especialmente, pero la elegancia no está precisamente entre sus cualidades, como no está su manera de atacar las notas altas. Resulta monótono y poco interesante. 

El nuevo Barón Scarpia era el barítono sueco John Lundgren, cuya voz no está sobrada de calidad, resultado un cantante monótono, ya que canta todo invariablemente en forte. Le salvan sus tablas y no mucho más. 

En los personajes secundarios tampoco hubo mucho que destacar, siendo lo más adecuado la actuación de Kevin Conners como Spoleta, resultando modesto tanto el Angelotti de Alexander Milev, que además ofrecía una dicción fallida, como el Sacristán de Kristof Klorek. No más que correctos fueron Christian Rieger en Sciarone y Oleg Davydov como Carcelero. 

El teatro había agotado sus localidades. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, en los que las mayores ovaciones fueron para Anja Harteros, aunque no faltaron bravos para sus dos compañeros de reparto. 

La representación comenzó con los 5 minutos de retraso habituales en Munich y tuvo una duración de 2 horas y 29 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 54 minutos. Nueve minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 193 euros, habiendo buracas de platea desde 117 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 64 euros. 

José M. Irurzun