Arabella. Strauss. Budapest

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Operahaz de Budapest. 30 Mayo 2014.

Dudo que puedan necesitarse muchas excusas para hacer una visita a Budapest, pero en caso de necesitarse, la Operahaz ofrece durante esta primavera un festival dedicado a Richard Strauss en conmemoración del 150 aniversario de su nacimiento. Desde el 25 de Mayo al 10 de Junio se ofrecen 6 óperas del compositor alemán, con dos representaciones de cada una de ellas. El festival podía haberse ofrecido como homenaje a Richard Strauss y a Hugo Von Hoffmannsthal, ya que seis fueron las colaboraciones entre estos dos grandes artistas y 5 de ellas se ofrecen en estos días en Budapest. Tengo que decir que el festival ha tenido eco en otros países, como lo demuestra el hecho de que en el teatro se podían ver grupos de ingleses, franceses, italianos y japoneses. El Festival Strauss no está basado en grandes voces de la lírica, sino en el buen hacer de una compañía de ópera bien engrasada, en la que todo funciona bien y en la que destacan las fuerzas estables del teatro.

Arabella, estrenada en Dresde en 1933, es la última colaboración de Richard Strauss y Hugo Von Hoffmannsthal. No es una de sus óperas más populares, quedando por detrás de Rosenkavalier, Elektra, Salomé y Ariadne, pero es una ópera deliciosa, en la que la música del gran Richard Strasus fluye con una faciilidad y una ligereza verdaderamente inigualable. La representación que nos ha ofrecido la Ópera de Budapest ha funcionado francamente bien, con una producción eficaz y atractiva, una muy notable prestación musical y un reparto equilibrado e interesante en los personajes principales.

La producción escénica lleva la firma del húngaro Geza Beremenyi, de quien no había tenido ocasión hasta ahora de ver producciones anteriormente. Aquí no hay originalidades ni nada parecido al Konzeptregie, tan de moda últimamente, sino una fiel narración de la trama, hecha con buen gusto y eficacia, además de con buenas dosis de atractivo estético. La escenografía de Attila Csikos reproduce lo que el libreto dice y lo hace con atractivo, destacando el salón de baile del segundo acto y, sobre todo, la escena final, en la que Arabella ofrecerá el vaso de agua a Mandryka, en la que se ofrece un precioso paisaje nevado, con la Karlskirche de Viena al fondo. Vestuario de época, no particularmente brillante, obra de Rita Velich. Un tanto anticuada, aunque eficaz, la iluminación de Sandor Kardos.

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La dirección musical estuvo en manos de Günter Neuhold, bien conocido por nuestros lares y, especialmente en Bilbao, donde ha dirigido óperas de Wagner y Richard Strauss en diversas ocasiones y donde es actualmente el Director de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. El maestro alemán ha dado muestras de su gran afinidad con la música de su compatriota y nos ha ofrecido una lectura propia de un notable Kappelmeister, en la que todo ha funcionado perfectamente. Viéndole dirigir, no hacía sino acordarme del Josep Pons hace unos días en el Liceu de Barcelona. A diferencia del director catalán, Günter Neuhold no tenía necesidad de hundir la cabeza en la partitura, sino que estaba siempre pendiente de foso y escena y su labor fue francamente buena. Richard Strauss estuvo muy bien servido por su compatriota. La Orquesta de la Operahaz de Budapest es una formación muy solvente, en la que no hubo fallos y ofrecieron siempre un sonido atractivo, mostrando una gran flexibilidad, siguiendo la batuta de Neuhold. Poco se puede decir del Coro de la Operahaz, ya que en esta ópera su actuación es un tanto episódica.

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Arabella era la soprano Ildiko Raimondi, que nos ofreció una muy convincente interpretación del personaje. Su desenvoltura escénica y su propia figura no pueden ser más adecuados para el personaje de Arabella. En términos puramente vocales, su adecuación no está a la misma altura, ya que este personaje requiere una soprano lírica e Ildiko Raimondi, aunque ha ido evolucionando a lo largo de los años, no pasa de ser una soprano lírico-ligera, a la que le falta mayor peso vocal en el centro para los dos últimos actos de la ópera. El timbre es atractivo y pocas pegas se le pueden poner a su canto, salvo el hecho de que las notas altas son siempre abiertas y algo estridentes. En cualquier caso, disfruté con su interpretación.

Su enamorado, el celoso Mandryka, era el barítono húngaro Bela Perencz, posiblemente el mejor cantante húngaro en su cuerda y el mejor interprete del gran repertorio en la Ópera de Budapest. Su voz es adecuada al personaje, bien timbrada y bastante homogénea, siendo además un notable intérprete en escena. Su Mandryka fue convincente y únicamente hay un cierto engolamiento en las notas altas, que tienden también a ser algo abiertas.

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Bori Keszei fue una agradable sorpresa en la parte de Zdenka. La sorpresa viene por el hecho de tratarse de una soprano totalmente desconocida para quien esto escribe. Se trata de una soprano ligera de voz atractiva, muy adecuada para el personaje, cantando con gusto y expresividad. No es una pura soubrette, ya que la voz tiene cuerpo suficiente para personajes como Susana o Pamina.

El tenor Istvan Horvath lo hizo bien en el personaje de Matteo, con una voz adecuada, aunque no excesivamente atractiva. Erika Miklosa es una de las sopranos más conocidas procedentes de Hungría y sus Reinas de la Noche han sido muy frecuentes en los grandes escenarios internacionales durante los últimos 10/15 años. Resolvió las dificultades de Fiakermilli con facilidad y desenvoltura en escena.

En los personajes secundarios Laszlo Szvetek fue un Conde Waldner de escasa calidad vocal. Adelaide fue interpretada por Bernadett Wiedemann, que ofreció una voz amplia, pero de escasa calidad. Los tres pretendientes fueron cubiertos sin excesivo relieve por Attila Wendler (Conde Elemer), Andras Kiss Kaldi (Conde Dominik) y, finalmente, por Sandor Egri (Conde Lamoral), que fue una pena que no hiciera la parte del Conde Waldner. Tampoco le sobra calidad a Zsuzsanna Fulop en el personaje de la Echadora de Cartas.

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La preciosa sala de la Operahaz ofrecía una entrada de alrededor del 90 % de su aforo. El público se mostró cálido durante la representación. Al final hubo una buena acogida a los artistas en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Ildiko Raimondi, Bela Perencz y Günther Neuhold. Hay que destacar que en este teatro los artistas saludan individualmente también al final de cada acto.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración total de 3 horas y 13 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 2 horas y 24 minutos. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de de unos 65 euros, habiendo butacas de platea por 50 euros. La entrada más barata con visibilidad plena costaba 24 euros. Había también entradas con visibilidad restringida por 6 euros, así como localidades de pie por 2 euros. Conclusión: Excelente relación precio-calidad.

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El teatro recuerda mucho a la Staatsoper de Viena y merece la pena visitarse con detenimiento. La capacidad es de unos 1.300 espectadores y la acústica es magnífica.

Recomiendo sin ninguna duda a mis amigos que vengan por aqui, si tienen la oportunidad.

José M. Irurzun