Ariadne aud Naxos en Nancy

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Ariadne aud Naxos en Nancy
Ariadne aud Naxos en Nancy

La Opéra Nacional de Lorena, con sede en Nancy, convocó al director escénico David Hermann para una nueva producción de la obra de Richard Strauss. El resultado ha sido una inteligente y bella propuesta escénica, ambientada en nuestros días con buena fortuna. La escenografía (Paul Zoller) del prólogo sólo nos muestra un pasillo con tres puertas, como si de camerinos se tratara, donde los artistas se preparan para la inminente actuación en la casa del millonario que ofrece cena y espectáculo, suponemos, a un grupo de amigos. Pasillo en el que van reaccionando al enterarse de las nuevas disposiciones. Los cambios detrás de las puertas ofrecían aire fresco visual con eficacia y no exentos de comicidad. Para la segunda parte, en la que tiene lugar la representación del espectáculo de los artistas, Hermann utilizó a los figurantes, actores y músicos, que desde la entrada al teatro y antes de la función habían estado realizando una performance en la sala principal del edificio. Era el rico hombre y sus amigos, sentándose en los balcones de proscenio para disfrutar del espectáculo hecho a la medida de sus necesidades. Para el lado de Zerbinetta la escenografía y el vestuario (Michaela Barth) estuvo inspirado en Fragonard, mientras que en el lado de Ariadne ofrecieron, en una cuidada y atractiva composición espacial, un mundo oscuro. Un estupendo diseño de iluminación (Fabrice Kebour) potenció la belleza estética del todo. El manejo de los actores mostró en la primera parte, sin caer en exageraciones, la alegre ligereza con que viven el día a día la troupe de cómicos, contrastante con la contenida y hasta pesada forma de entender la vida de la Primadonna y sus secuaces. De igual forma fue realizada en la segunda parte. Ariadne y sus pesares, en el lado gris, filiforme e inestable; Zerbinetta y amigos en el lado colorido, amable, sinuoso. En la escena final el rico y sus amigos entran en el escenario y se hacen “selfies” con el tenor principal, con notable disgusto de éste.

Ariadne aud Naxos en Nancy
Ariadne aud Naxos en Nancy

El cuarteto principal fue estupendo, con una Ariadne/Primadonna encarnada por la soprano Amber Wagner con unas cualidades vocales extraordinarias. Una voz potente, capaz de apianar hasta conseguir un delicado hilo dorado, que transmite sin trucos una amplia gama de sentimientos. Emocionante el dúo final con el tenor Michael König (Bacchus), en un excelente momento vocal. La coqueta Zerbinetta de Beate Ritter cautivó al público con su extraordinario fiato, sus brillantes agudos y musicalidad impoluta. La mezzosoprano Andrea Hill (el compositor) inició su presentación un tanto apagada, mate, con problemas para imponerse a la orquesta. Se sobrepuso para la mitad de la primera parte y logró, también gracias a su prestancia escénica, culminar su cometido con aplomo. En torno a ellos, y siempre sumando, un grupo de cantantes de muy buenas cualidades, como John Brancy (Arlequino), la mezzosoprano Julie Roche (Dríade) y las sopranos Heera Bae (Náyade) y  Elena Galitskaya (Eco), todos ellos en un alto nivel en su canto y actuación. La dirección musical de Rani Calderon tuvo la majestad requerida en donde la obra lo requiere, pero casi olvidó la delicada parte camerística de la misma. El caudal sonoro excesivo fue detrimento de algunos bellos pasajes cantados por El Compositor. Con todo, estos detalles no menguaron la valía de su lectura. El público mostró un gran entusiasmo en los aplausos finales al equipo de artistas. La producción viajará a los teatros coproductores (la Semperoper de Dresde y la Ópera de Lausana) en fechas futuras.

Federico FIGUEROA