Ariadne auf Naxos. Strauss. Londres

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Covent Garden de Londres. 13 Julio 2014.

Algunos domingos el Covent Garden ofrece doble función de ópera, una al mediodía y la otra, a la hora habitual de la tarde. Esto es lo que ha ocurrido ayer. Al mediodía pudimos asistir a una representación de La Bohème y por la tarde le tocaba el turno a la última de las representaciones programadas de Ariadne auf Naxos.

La producción ofrecida es la bastante conocida de Christof Loy, que se estrenara en este teatro hace 12 años. Entonces metió mucho ruido, ya que supuso la recusación de la entonces voluminosa soprano Deborah Voigt para cantar el rol protagonista. Posteriormente, se pudo ver en el Teatro Real de Madrid, inaugurando la temporada 2006-2007.

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Como digo, esta producción se hizo más famosa por el escándalo que rodeó su estreno que por sus cualidades puramente artísticas. Lo más interesante es el desarrollo del Prólogo con un escenario en dos niveles, unidos por un ascensor, teniendo lugar la acción en la parte inferior, en una especie de zona de camerinos. La ópera propiamente dicha se desarrolla en una habitación de la mansión del rico vienés y esto resulta ya bastante menos atractivo, perdiéndose buena parte del ambiente necesario para entrar en la personalidad de Ariadne y su abandono en la isla desierta. Hay algunos momentos más conseguidos, especialmente a partir de la entrada de Bacchus, pero no consigue despegar. Escenografía y vestuario son obra de Herbert Murauer, siendo más destacable su labor como figurinista, con una atractiva Ariadne, una Zerbinetta que parecía salir de Bershka, una trouppe de hippies (lo que no es muy original precisamente), un trío de ninfas vestidas tipo lacayos del XIX y un Bacchus vestido para salir del paso. Hay que mencionar el colorido del vestuario del prólogo. Correcta la Iluminación de Jennifer Tipton, aunque creo que no saca suficiente partido de las posibilidades que ofrece la obra en la segunda parte. La dirección de actores es buena en todos los casos, lo que siempre es de agradecer.

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Para quien esto escribe el mayor interés de esta representación radicaba en la presencia en el podio de Antonio Pappano, el director musical del Covent Garden. Sus últimas actuaciones dirigiendo ópera italiana han sido verdaderamente excepcionales. En Ariadne su dirección no ha alcanzado la misma calidad excepcional, pero no cabe duda de que su lectura ha sido muy buena. Como me decía un amigo a la salida del teatro, de Antonio Pappano se espera siempre una dirección de 9,5/10 y en esta ocasión se ha podido quedar en 8,5. Lo que resulta incuestionable es que la Orquesta de la Royal Opera House es distinta bajo su batuta y así pudimos disfrutar del excelente sonido que salía del foso.

Ariadne fue interpretada por la soprano finlandesa Karita Mattila, cuya actuación fue intachable como intérprete, si bien vocalmente no está en su mejor momento. La voz ha perdido calidad en los últimos años y hoy no alcanza la belleza de sonido que otras colegas ofrecen en le personaje, como es el caso de Renée Fleming, Adrianne Pieczonka o incluso Anne Schwanewilms. De lo que no cabe ninguna duda es que estamos ante una gran artista.

La soprano americana Jane Archibald fue una buena intérprete del personaje de Zerbinetta, solventando los problemas de tesitura y mostrando desenvoltura en escena. No es, sin embargo, una Zerbinetta excepcional y queda muy lejos de lo que hace todavía muy poco nos ofrecía Diana Damrau en el personaje. Una Zerbinetta solvente más que una Zerbinetta excepcional.

El personaje de Bacchus es siempre muy difícil de cubrir, ya que necesita un tenor heroico, que ha de moverse en una tesitura complicadísima, especialmente en los acordes finales de la ópera. Es nada más que un típico ejemplo de los “regalitos” que Richard Strauss hacía a los tenores. Aquí hemos contado con la presencia de Roberto Saccá, que solventó las cosas, pero no es, desde luego, lo que puede exigirse a un teatro como el Covent Garden. La voz está bastante reseca y no es precisamente un tenor heroico.

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La mezzo soprano rumana Ruxandra Donose hizo una buena interpretación vocal y escénica del Komponist. No es una intérprete excepcional pero sí muy solvente.

En los personajes secundarios Markus Werba interpretó la parte de Arlequín tras haber cantado Marcello unas horas antes, demostrando que está mejor aquí que en Puccini. El veterano barítono Thomas Allen fue una sorpresa positiva como Maestro de Música, en mejor estado vocal de lo que yo esperaba. El trío de ninfas lo hizo muy, estando formado por una brillante Sofia Fomina (Náyade), una sonora Karen Cargill (Driade) y una muy adecuada Kiandra Howarth (Echo). Correcta la trouppe de Zerbinetta, formada por Jeremy White (Truffaldino), Wynne Evans (Scaramuccio) y Paul Schweinester (Brighella). Buena actuación del tenor Ed Lyon como Maestro de Danza. Finalmente, hay que mencionar al estupendo Mayordomo por parte del actor Christoph Quest.

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El Covent Garden estaba prácticamente lleno y el público ofreció una muy cálida recepción a los artistas en los saludos finales, con sonoros bravos para las 3 mujeres, Antonio Pappano y Thomas Allen, una auténtica institución en la ópera británica.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 43 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas exactas. Cinco minutos de intensos aplausos, que aquí nunca retrasan la bajada del telón a los cinco minutos de terminar la representación.

El precio de la localidad más cara era de 130 euros, mientras que la más barata con visibilidad costaba 21 euros. Había entradas de pie al precio de 5 euros.

José M. Irurzun