«Ariane et Barbe-Bleue» en el Teatro Real

Redacción OW

Entre el 26 de enero y el 20 de febrero se ofrecerán 6 funciones de Ariane et Barbe-Bleue (Ariadna y Barbazul), de Paul Dukas, en una nueva coproducción del Teatro Real y la Ópera de Lyon, donde se estrenó en la ciudad francesa en marzo de 2021, sin público, debido a las restricciones provocadas por el COVID.

Pinchas Steinberg (diretor musical), Silvia Tro Santafé (mezzosoprano), Paula Murrihy (mezzosoprano) y Àlex Ollé (director de escena) / Foto: Teatro Real

El veterano director israelí Pinchas Steinberg, que en el Real dirigió La mujer sin sombra (2005) y La ciudad muerta (2010), dará vida a la partitura de Paul Dukas (1865-1935), al frente de un reparto mayoritariamente femenino conformado por las mezzosopranos Paula Murrihy (Ariadna), Silvia Tro Santafé (El aya), Aude Extrémo (Sélysette) y Renée Rapier (Bellangère), las sopranos Jaquelina Livieri (Ygraine) y Maria Miró (Mélisande), y los bajos Gianluca Buratto (Barbazul) y Luis López Navarro (Un campesino anciano), que actuarán junto al Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

En la puesta en escena de Alex Ollé (La Fura dels Baus), que ya dirigió en el Teatro Real Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (2010), El holandés errante (2016), Faust (2018) y Juana de Arco en la hoguera (2022), se sobreponen dos planos: uno real ­que se desarrolla durante la boda de Ariadna y Barbazul­ y otro simbólico, que representa el subconsciente de Ariadna, inspirado en la interpretación de los sueños, de
Sigmund Freud (1856-1939), en boga en la época.  Con la complicidad de sus colaboradores habituales – Alfons Flores (escenografía), Josep Abril Janer (vestuario) y Urs Schönebaum (iluminación)-, Àlex Ollé acompaña a la protagonista en su camino de liberación -de las tinieblas hacía la luz- articulando sus mundos exterior e interior, con un poético y evocador juego de tules, marcos, luces y sombras que potencian el simbolismo, misterio y hondura de la ópera.

La génesis de esta ópera fue singular, ya que el escritor simbolista belga Maurice Maeterlinck (1862-1949) – premio Nobel en 1911 y cuya obra Pelleas et Mélisande originó la genial partitura de Claude Debussy- redactó el texto original de Ariadna y Barbazul como un libreto operístico para ser protagonizado por su pareja Georgette Leblanc, actriz y cantante que finalmente estrenó la ópera, aunque no fuera la intérprete más idónea para el papel. En el texto de Maeterlinck, inspirado en el cuento de Charles Perrault (1628-1703), Barbazul, tirano cruel que mantiene cautivas y maltratadas a sus cinco esposas, ocupa un lugar casi subliminal, ya que todo el drama se centra en el valeroso camino de liberación exterior e interior que emprende la protagonista.

Una escena de «Ariadne et Barbe-bleue» / Foto: Mar Flores

Ariadna, mujer impetuosa, audaz e íntegra que acaba de casarse con Barbazul, decide adentrarse en la oscuridad de su residencia -y en el laberinto de su alma-, luchando con valentía para liberar a las prisioneras y para defender a su marido de las calumnias y de la ira del pueblo sometido. Pero las esposas oprimidas, que ya tienen sus almas aprisionadas y su voluntad anulada, no consiguen seguir a Ariadna: temen la luz y la libertad y optan por quedarse en la penumbra protectora de su cautiverio. Paul Dukas (1865-1935), compositor reservado y profundamente autocrítico -destruía gran parte de lo que escribía-, que logró mantenerse al margen de la pugna entre las corrientes estéticas que dividían el mundo artístico y político francés, aceptó con ilusión transformar en ópera el evocador texto de Maeterlinck.

Ariane et Barbe-Bleue llegó al Teatro Real en 1913, con tres representaciones, seis años después de su estreno en la Opéra-Comique de París. Hoy, 113 años después, la obra vuelve a su escenario con una producción de gran calado simbólico, ético y moral, que defiende la búsqueda valiente del conocimiento y de la verdad en un mundo de falsedades que esconde la opresión y la tiranía: la luz al final del túnel.