Un atractivo cuento en escena el Rapto en el Serrallo de Dresde

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El Rapto en el Serrallo de Dresde. Foto: J. Quast
El Rapto en el Serrallo de Dresde. Foto: J. Quast

Entre los dos títulos más atractivos de estos días en Dresde (El Ocaso de los Dioses y Los Troyanos) se sitúa este singspiel de Mozart, cuyo resultado ha sido brillante en la parte escénica, correcto musicalmente y más bien modesto en la parte vocal.

Se ha repuesto la producción del holandés Michiel Dijkema, que se estrenara en el pasado mes de Abril. La producción ofrece ni más ni menos que un cuento, abundando el colorido y la fantasía durante la representación. La acción se desarrolla en el exterior del palacio del Bassa Selim, con sus jardines y estanques, que se colocan sobre elementos móviles, adivinándose al fondo la silueta de una especie de ciudad de las Mil y una Noches. La citada escenografía se debe también a Michiel Dijkema. El vestuario es colorista y divertido en todos los casos y es obra de Claudia Damm y Jula Reindell. Finalmente, hay una buena labor de iluminación por parte de Fabio Antoci.

Como digo, Michiel Dijkema nos relata un cuento para niños y hace gala de imaginación y fantasía en los desfiles de la aparición de Selim, ofreciendo camellos y cocodrilos, que hacen las delicias del público. Están muy bien hechas tanto la escena del rapto de las europeas por parte de Belmonte y Pedrillo como la consiguiente captura, transformando el escenario en una sala de torturas muy divertida. Los diálogos están en general recortados y es una producción que se ve con agrado y es natural que haya gente menuda en el teatro.

La dirección musical estuvo encomendada al británico Christopher Moulds, cuya dirección me pareció correcta, pero corta de vida, un tanto plana. A mi parecer, por debajo de lo que en otras ocasiones hemos podido disfrutar con la batuta de Ivor Bolton. Buena la prestación de la Staatskapelle Dresden y adecuado el Sächsicher Staatsopernchor.

El reparto vocal resultó bastante modesto en su conjunto, teniendo que lidiar con una sustitución de última hora.

El Rapto en el Serrallo de Dresde. Foto: J. Quast
El Rapto en el Serrallo de Dresde. Foto: J. Quast

Konstanze fue interpretada por la soprano alemana Gloria Rehm, cuya voz no me parece muy adecuada para el personaje. Konstanze no diré que exige una soprano dramática de agilidad, pero sí una soprano lírica fácil en agilidades, ya que tiene arias muy comprometidos y más bien dramáticas como es el caso de la muy conocida Martern aller Arten. Gloria Rehm es una soprano ligera, no más que una soubrette, que puede hacer bien la parte de Blonde, pero que queda muy corta para Konstanze. No había prácticamente contraste entre las voces de Konstanze y Blonde. De hecho acaba de cantar en esta ópera en Frankfurt, donde ha sido Blonde.

Pasó sin pena ni gloria por el personaje de Belmonte el tenor americano Norman Reinhardt, como ocurriera el año pasado en el Teatro Real como Tamino. La voz tiene cierto atractivo, pero es de tamaña reducido y blanquea por arriba.

Osmín tenía que haber sido el bajo de la casa, Michael Eder, pero canceló a última hora y fue sustituido por el ruso Michail Schelomianski, que salvó la función con una correcta actuación, aunque vocalmente resulta bastante modesto.

Lo más adecuado del reparto correspondió a la soprano Sibylla Duffe en la parte de Blonde, cantando con alegría, buen gusto y desparpajo, moviéndose muy bien en escena. Es una soprano ligera, con voz adecuada al personaje.

Finalmente, Pedrillo fue el tenor Aaron Pegram, que lo hizo bien en escena y resultó adecuado vocalmente.

El personaje hablado de Bassa Selim fue interpretado por el actor Jaron Löwenberg, que no me hizo olvidar a otros colegas suyos en el personaje.

La Semperoper colgó el cartel de No Hay Billetes. El público se mostró cálido con los artistas, aunque no hubo muchas muestras de entusiasmo en los saludos finales.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 53 minutos, incluyendo un intermedio de 30 minutos. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 120 euros, habiendo butacas de platea entre 62 y 85 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 21 euros.

José M. Irurzun