Auge y caída de la ciudad de Mahagonny, ascenso y triunfo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá

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uge y caída de la ciudad de Mahagonny, ascenso y triunfo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Foto: Juan Diego Castillo
uge y caída de la ciudad de Mahagonny, ascenso y triunfo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Foto: Juan Diego Castillo

En 1927, el festival de Baden-Baden solicitó a Kurt Weill un Songspiel (ópera corta), y el compositor recurrió a Bertolt Brecht —con quien había ya colaborado exitosamente en “La ópera de tres centavos”—, fijando su atención en Hauspostille, una serie de cinco poemas, encargándole una coda para cerrar la obra. Weill desarrolló un espectáculo claramente “antioperístico”, amalgamando elementos del teatro, del cabaret y del vodevil. Así “Auge y caída…” se encuentra encaminado hacia el “musical” que desarrollará Weill con éxito en su exilio en EEUU. Según András Batta “Weill supo crear un estilo exquisitamente vulgar, con notables influencias del jazz y un dominio de la melodía monótona y de ritmos intensos”.

El montaje que se admiró en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá entre el 27 de febrero y el 3 de marzo, fue coproducción de los teatros Municipal de Santiago de Chile, Colón de Buenos Aires y Mayor de Bogotá, bajo la dirección escénica del argentino Marcelo Lombardero, director de ópera de cámara del Teatro Colón de Buenos Aires que ha cosechado triunfos a ambos lados del Atlántico, con óperas como por ejemplo la Lady Macbeth del distrito de Mstenk, de Shostakóvich (mejor producción temporada 2011-2012 en Polonia) o su Carmen, producida en la capital azteca (Premio Lunas del Auditorio, que se entrega a los mejores espectáculos en vivo no sólo operísticos, presentados en Ciudad de México).

Un montaje escénico-musical arrollador —en el que se permeó la gran sala del Teatro Mayor con video, coreografías y escenografías contundentes— demostró al público bogotano como los vicios y pecados que escandalizaron a la República de Weimar en su estreno, siguen vigentes poco menos de un siglo después: La compra descarada de la justicia, el triunfo del poder mafioso, la inequidad, la ausencia de sentimientos nobles e incluso los graves problemas climáticos son expuestos en un raudal de songs monótonos y melodías igualmente perversas y pegajosas.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá fue impecablemente dirigida por Pedro-Pablo Prudencio, actual director residente del Teatro Municipal de Santiago de Chile pero formado en la Escuela Superior de Música de Hannover y quien la trabajado con el afamado director de coros Johannes Mikkelsen o con Kurt Masur, para mencionar solo dos nombres. El Coro Filarmónico de Bogotá contó con la dirección de Diana Cifuentes y Óscar Vargas.

Los solistas fueron la mezzo chilena Evelyn Ramírez como la viuda Begbick, su compatriota el tenor Pedro Espinoza como Fatty, una desparpajada y esplendorosa Jenny interpretada por la argentina María Victoria Gaeta, un fuerte y dramático Jimmy personificado por el tenor bonaerense Gustavo López Manzitti, la inolvidable voz de Hernán Iturralde como Moses y el bajo barítono cubano Homero Pérez Miranda dio vida a Joe. La cuota colombiana estuvo muy bien representada por los tenores Javier Felipe Cevallos como Tobby Higgins, Andrés Felipe Orozco como Jack y el barítono Juan Fernando Gutiérrez como Bill.

No se puede dejar de mencionar otros componentes de esta arrolladora puesta en escena: en el diseño de escenografía a Diego Siliano y Noelia González, la coreografía de Ignacio González Cano, el vestuario a cargo de Lucía Gutman y un impecable diseño de iluminación del argentino José Luis Fiorrucio.

Juan De Gira