Bach y sus colegas valencianos

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El Coro de Valencia y Estil Concertant ofrecen depuradas versiones en Castelló y València

El Coro de Valencia y el colectivo musical Estil Concertant ofrecieron un excelente concierto en el Auditorio de Castelló, que se repitió asimismo en el Palau de la Música de València, con un programa cuyo puntal básico era Bach, con dos obras importantes de su repertorio y tres diadocos valencianos de su época: Montesinos, Cabanilles y Pradas. Tres músicos que tienen indudable interés, sobre todo por el mantenimiento de las singularidades de la armonización litúrgica valenciana dieciochesca, singularmente Pradas, pero que de ninguna manera llegan al nivel del Kantor de la Tomaskirche. Con todo el propósito era interesante para que el público pudiera apreciar la novedad de la recuperación de piezas de compositores de la tierra y al tiempo consiguiera comparar con la grandeza del más grande músico del final de barroco europeo.

Estil Concertant es un grupo especializado en música del renacimiento al clasicismo que interpreta con instrumentos de época y que tiene un criterio muy historicista y una sonoridad muy característica «ad hoc», lo cual no priva para que pueda escuchársele con delectación en un auditorio de gran cabida, precisamente por la entidad sonora de sus versiones y al tiempo el fraseo de los instrumentos solistas y de la totalidad del conjunto en donde se aprecian las vocalidades individualizadas de todos sus componentes.

El coro de Valencia tiene una exquisita sensibilidad y ha demostrado a lo largo de su amplio medio siglo de historia, que por igual puede ser dúctil y eficaz en oratorios barrocos como en óperas y obras corales de la más reciente modernidad. La musicalidad sensitiva de su director el maestro Francisco Perales le ha colocado a la cabecera de los coros españoles con plena justicia, consiguiendo matices de exquisita gama como énfasis de intensa rotundidad y desde luego cuadratura de reloj suizo.

El programa se inició con la operística obertura de la Misa para la Beatificación del Patriarca San Juan de Ribera de Montesinos, con una orquesta, no de sonido amplio, pero sí precisa en el relato, en la afinación y en el carácter. Siguió el Magnificat de del villahermosense Pradas, con la intervención del coro y la soprano Aurora Peña y un cuarteto solista que asumió el papel de segundo coro, por más que ubicado en la parte delantera de la agrupación orquestal, en salmodiales respuestas al colectivo vocal valenciano. La versión fue muy eclesial, sin excesivos contrastes y en ella primó la identidad de algunas de las singulares cadencias valencianas, muy reveladoras de territorial estilo de época.

El contraste vino con la cantata bachiana de Pentecostés BWV 34, radiante de sonoridad acento y ritmo. Especialmente significativo fue el dúo de flautas que acompañó a una inspirada Empar Llàcer en «Wohl euch» y las intervenciones del coro en el canon fugado del inicio «Die Herzen» y en los contratiempos de la trompetería y oboes con el arpegiado de los arcos del fragmento conclusivo.

La «Corrente italiana» de Cabanilles se ofreció en una transcripción de Marisa Esparza desde el órgano original a orquesta, con una significativa riqueza de timbres sin perder la solemnidad del teclado. El espíritu danzable de su segundo motivo encontró en la traducción instrumental un postulado de mayor agilidad que en la forma original.

Sin duda la pieza más significativa y mejor interpretada de la noche fue el Magnificat de Bach. A pesar de la aparente sencillez que revela la audición, la profundidad de la obra se evidencia en todas y cada una de sus partes, todas ellas de bien establecido concepto, tanto las arias y recitativos como los corales. Bach seguía fervientemente la norma estética de su credo, esquivando toda posibilidad de grandilocuencia y favoreciendo de modo especial la intensidad en la enfatización del sentido integral del texto. Cada palabra cantada se debía a la palabra bíblica y su traducción musical tenía un propósito de comprensiva acción pedagógica. Así nos lo hicieron ver los solistas Aurora Peña, Mónica Bueno, Minerva Moliner, Josep Pizarro y Lluis Martínez y también el coro significativamente en la melismática intervención inicial, de voces emparejadas, en la quíntuple diversificación del «Omnes generationes», el contrapunto brillante en el «Fecit potentiam», la celestialidad del «Sicut locutus est» y la compleja fuga del «Gloria» final.

El maestro Karl Friedrich Beringer especialista en música barroca y en particular en la conducción de masas corales, ofreció versiones llenas de autenticidad al tiempo que de bien contrastada intención, atmósfera sensorial e intensa en muchos momentos y siempre de elegante religiosidad y cuidadoso pietismo.

Antonio Gascó