Birgit Nilsson, el recuerdo de una voz irrepetible

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Birgit Nilsson, el recuerdo de una voz irrepetible
Birgit Nilsson, el recuerdo de una voz irrepetible

La soprano sueca Birgit Nilsson fue una de las mejores cantantes de la historia. Una voz irrepetible, de dimensiones estratosféricas. Una artista inconmensurable que es aun hoy la referencia indiscutible en el repertorio de soprano dramática.

La Nilsson fue también una de las protagonistas de la era dorada de la fonografía, por lo que su arte está presente en un buen número de grabaciones. Pero para conocer a la persona que había detrás de la artista, merece la pena acercarse a las entrevistas que concedió y sus apariciones en medios fuera del escenario.

Tal vez una de los retratos televisivos más completos e interesantes sea el de la cadena americana PBS, que le dedicó a la soprano un programa documental de una hora y media en su serie Great Performances. Desde sus primeros papeles en Estocolmo y su fulgurante debut con la Staatsoper de Viena en abril de 1954, donde cantó Aida, Sieglinde, Elisabeth y Elsa en nueve días y sin ensayos; pasando por su época dorada en Bayreuth y en el Met de Nueva York, el programa incluye testimonios de compañeros como la inolvidable soprano alemana Irmgard Seefried, Richard Tucker, Franco Corelli, Marilyn Horne, Placido Domingo, Christa Ludwig, Gianni Raimondi y Nina Stemme.

Aparecen también los directores y productores de las mejores casas de ópera de la época, que coincidieron con Birgit Nilsson y dan cuenta de su arte, su carácter humano y su profesionalidad. Así, Sir John Tooley de la ROH de Londres; Otto Schenk, Rudolf Bing, el empresario del Met de Nueva York, que siempre protestó por el alto caché de la cantante, o su sucesor Joseph Volpe, quien recuerda divertido cuando Nilsson apareció en un ensayo como Brunhilde con un casco de minero, en protesta por la oscura producción auspiciada por Karajan: ´Todos rieron divertidos por la broma. Karajan, no tanto´.

Resulta asimismo apasionante su siempre intensa relación con los directores de orquesta. El documental repasa con testimonios de la propia cantante o de testigos, escenas como su debut en Estocolmo con el director de orquesta Leo Blech, cuya despótica actitud empujó a una joven  Nilsson al borde del suicidio; o su animadversión a Karajan, ‘un artista enorme, pero un ser humano diminuto’ diría Nilsson, así como su difícil encaje con Carlos Kleiber en Londres; o sus éxitos en El Anillo del Nibelungo de Wagner con Hans Knappertsbusch en Estocolmo, y posteriormente con Wofgang Wagner, el propio Knappertsbusch, Georg Solti y Karl Böhm en Bayreuth, en diferentes roles. Curiosamente, de los directores de hoy, aparece Antonio Pappano, que si bien se deshace en halagos hacia Nilsson, hoy aconseja en sus clases magistrales caminos vocales muy alejados de la escuela de nuestra protagonista…

Todos los que la conocieron guardan un recuerdo imborrable de la artista, como el director de la Fundación que lleva su nombre, Rutbert Reisch, que no puede evitar emocionarse ante las cámaras al  evocar alguno de sus encuentros con Nilsson.

En lo más alto de su carrera, Nilsson fue operada de cáncer en 1968 y tuvo que cancelar su Salomé en Múnich. Pudo recuperarse pronto y volver cuatro meses después en el Ocaso de los Dioses en Viena. No dio detalles de su enfermedad hasta una entrevista en 1995, once años después de su retirada. Al ser preguntada por qué no hizo pública su enfermedad, dijo ´No podía soportar la idea que me compadecieran´.

Carlos J. López