Brillante versión musical de Lohengrin en Viena

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Lohengrin en Viena
Lohengrin en Viena

El mayor atractivo de este viaje a Viena era precisamente este Lohengrin, que contaba con la dirección del canadiense Yannick Nezet-Seguin, el actual director musical del Metropolitan de Nueva Yok, al frente de un destacado reparto vocal, encabezado por Klaus Florian Vogt, el mejor Lohengrin de hoy con permiso de Jonas Kaufmann. No será difícil de entender mi reacción, cuando a media mañana recibo un mensaje con el aviso de la cancelación de Vogt, que sería sustituido por Stefan Vinke. No cabe duda de que el sustituto es uno de los grandes tenores wagnerianos del momento, si bien habría mucho que discutir sobre su adecuación vocal al Caballero del Cisne. Pero eso lo cubriremos más adelante. En cualquier caso, tengo que decir que hemos asistido a una estupenda representación de Lohengrin, sobresaliente en términos estrictamente musicales.

La producción escénica lleva la firma del director de escena alemán Andreas Homoki y se estrenó en la Staatsoper en Abril de 2014, habiéndose visto posteriormente con cierta frecuencia también en la Ópera de Zurich. La acción se traslada a tiempos modernos en algún lugar de Baviera, a juzgar por los trajes regionales que llevan los coralistas y también los solistas. Es como si se tratara del enfrentamiento de dos familias locales, representadas por Ortrud y Elsa. La escenografía de Wolfgang Gussmann ofrece un escenario único cerrado en los laterales y al fondo por paredes de madera, figurando lo que puede ser una sala de reuniones de un edificio público o una cervecería (como da la impresión en la última escena). Esta escenografía única acaba por presentar problemas, especialmente en la cámara nupcial, que aquí parece estar fuera de escena, desarrollándose el enfrentamiento de Elsa y Lohengrin en la sala llena de mesas. Algo parecido ocurre también en el segundo acto, en el que se echa en falta la existencia de dos niveles en el diálogo inicial de Elsa y Ortrud, resultando casi ridículo que Elsa salga de escena para que Ortrud haga la imprecación a los dioses. Tampoco funciona bien la escena final del segundo acto, donde no hay una catedral ni nada parecido. El vestuario se debe también a Wolfgang Gussmann y, como digo mas arriba, no consiste sino en trajes bávaros. La iluminación de Franck Evin no es particularmente brillante.

La dirección escénica no está especialmente conseguida, con el coro casi siempre en forma estática. Andreas Homoki nos presenta en el preludio a Elsa velando el féretro del Duque de Brabante, su padre, y rechazando las proposiciones de Telramund, a quien convence Ortrud para que la tome por esposa. La producción no convence, pero tampoco molesta.

Sin duda lo mejor de la representación ha estado en el aspecto musical, donde el canadiense Yannick Nezet-Seguin ha ofrecido una lectura brillante de principio a fin, como suelen ser las suyas. No cabe duda de que estamos ante uno de los mejores directores de la actualidad y así lo ha vuelto a demostrar una vez más. Lamentablemente, no dirigirá más que tres funciones, ya que sus compromisos con el Metropolitan reclaman su presencia de Nueva York. A sus órdenes estuvo una magnífica Orquesta de la Wienener Staatsoper, particularmente brillante en esta ocasión. Muy bien también la prestación del Coro de la Wiener Staatsoper.

Como digo más arriba, hemos tenido una sustitución en el personaje que da título a la ópera y también aquí se puede hablar de aquello de ver el vaso medio lleno o medio vacío. No cabe duda de que Stefan Vinke es uno de los grandes tenores wagnerianos de la actualidad, resultando particularmente adecuado en los personajes más dramáticos. Yo diría que con Stephen Gould y Andreas Schager forma el trío de mejores tenores dramáticos en la actualidad en el repertorio wagneriano. Evidentemente, Lohengrin no requiere un tenor dramático, que no resulta muy adecuado en este caballero fantástico. Me sorprendió el inicio de Stefan Vinke en la despedida del Cisne en el primer acto, que lo cantó con gusto y apianando de manera notable, lo que ya no pudo repetir de manera tan destacada en la escena final. A partir de ahí, como no puede ser de otra manera, surgió el tenor dramático, a quien encuentro aquí poco apropiado. No es problema de calidad, sino de adecuación al personaje. Prefiero de largo verle en cualquiera de los dos Siegfrieds que en Lohengrin. Para el archivo diré que hacía su debut en la Staatsoper.

Lohengrin en Viena
Lohengrin en Viena

Elsa fue interpretada por Ricarda Merbeth y, como siempre, lo hizo muy bien. Esta soprano alemana es uno de los valores más seguros que circulan por los escenarios y sus actuaciones son siempre estupendas, aunque no tenga la calidad excelsa de una Anja Harteros o de la Anna Netrebko que pudimos ver en este personaje el año pasado en Dresde. Reconozco que yo siempre disfruto con sus actuaciones y ésta no ha sido una excepción.

Petra Lang volvió a encarnar a la malvada Ortrud y demostró que se encuentra como pez en el agua en este personaje. Comprendo que ella puede estar un tanto aburrida de cantar siempre los mismo personajes y de ahí sus incursiones en la cuerda de soprano, aprovechando su facilidad por arriba. Petra Lang tiene agudos fáciles, pero ella es una mezzo-soprano o, si quieren, una falcon, y es en estos personajes, como Ortrud, es donde brilla con luz propia.

El barítono polaco Tomasz Konieczny fue Telramund y lo hizo francamente bien, tanto vocal como escénicamente. Este cantante resulta particularmente adecuado en personajes de este tipo, como ocurre también con el Alberich del Anillo, mientras que me convence menos en sus interpretaciones de Wotan, par lo que le falta algo más de nobleza en su canto.

El Rey Heinrich, el Pajarero, fue interpretado por el bajo Günther Groissböck, que tuvo una actuación muy destacada, una de las mejores que le recuerdo.

Boaz Daniel fue un intachable Heraldo del Rey.
La Staatoper estaba casi llena, aunque no totalmente. El público dedicó una muy cálida acogida a todos los cantantes, siendo las mayores ovaciones para Yannick Nezet-Seguin.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 24 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 30 minutos, prácticamente igual que la versión de Christian Thielemann en Dresde. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 196 euros, habiendo butacas de platea desde 124 euros. La entrada más barata costaba 32 euros. Las tradicionales entradas de pie, situadas al final del patio de butacas, costaban 13 euros.

José M. Irurzun