Buen recibimiento a El castillo de Barba Azul en el Kursal

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El castillo de Barba Azul en el Kursal
El castillo de Barba Azul en el Kursal. Fotos: Iñigo Ibáñez / Quincena Musical

Esta importante ópera de Béla Bartók ha sido durante muchos años una auténtica rareza en las programaciones de los teatros de ópera, pero poco a poco se ha ido ganando un puesto en dichas programaciones y cada vez más se está convirtiendo en una ópera frecuentemente representada. También se está repitiendo la experiencia en España, ya que en los últimos años se ha podido ver en teatros como de ópera como los de Bilbao (2007), Barcelona (2007) y Madrid (2018), llegando ahora el turno a la Quincena Musical, donde no es la primera vez que se ofrece, sino que es la tercera en los últimos 25 años, aunque siempre lo ha sido en forma de concierto. 

Así pues, la Quincena Musical ha programado esta ópera y lo ha hecho con la Orquesta Sinfónica de Euskadi y su director titular, Robert Treviño. El resultado ha sido francamente bueno, habiéndonos ofrecido el director una lectura vibrante y plena de vida, dando la impresión de que él mismo vivía intensamente la partitura. La última vez que yo había visto la obra había sido bajo la dirección de David Afkham y la del maestro Treviño me ha parecido perfectamente comparable con aquella. La mayor pega que puede ponerse a su dirección es que su energía le pasó factura en varios momentos del concierto, en los que hubo exceso de volumen orquestal, ya que los solistas resultaban inaudibles en dichos momentos. Me ha resultado muy positiva en esta ocasión la prestación de la Orquesta de Euskadi, que ha estado brillante a lo largo de toda la obra. 

Dos son los protagonistas de la ópera, el Conde Barba Azul y su joven y nueva esposa Judit. Existe también un Narrador, que presenta el drama en el principio de la ópera y que aquí ha sido interpretado, como suele ser habitual, por el propio Conde Barba Azul. 

El protagonista fue el bajo–barítono ruso Mikhail Petrenko, uno de los artistas aparentemente preferidos por Valery Gergiev, ya que su presencia en el Mariinsky y en las giras del director ruso es muy habitual. Su actuación puede considerarse como buena, cantando con gusto, aunque la voz no corría excesivamente bien por la sala, como, por otro lado, suele ser habitual en este cantante. 

Judit era la mezzo soprano israelí Rinat Shaham, que ha cantado en varias ocasiones el personaje en los últimos años y ha demostrado que lo conoce perfectamente, haciendo muy escaso uso de la partitura y expresando de manera adecuada sus sentimientos, con una voz, que no tiene nada de extraordinaria, pero corre sin problemas por la sala. 

El concierto nos ofreció en la primera parte dos composiciones poco conocidas. En primer lugar se interpretó la Suite Vasca para Orquesta, de Pablo Sorozábal, que contó con la presencia adecuada de la Coral Andra Mari de Rentería. A continuación, la orquesta interpretó la obra Gaspard de la Nuit, de Maurice Ravel, que funcionó de manera perfectamente adecuada. 

El Kursaal ofrecía una entrada de alrededor del 70 % de su aforo, lo que no deja de sorprender al compararla con lo ocurrido en otros conciertos anteriores. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, así como en la primera parte del concierto ya señalada. 

La ópera de Béla Bartók tuvo una duración de 1 hora y 3 minutos. Cinco minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 50 euros, costando 26 euros la más barata.

José M. Irurzun