Buena versión de Kent Nagano de Die Walküre en Hamburgo

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Buena versión de Kent Nagano de Die Walküre en Hamburgo
Buena versión de Kent Nagano de Die Walküre en Hamburgo. Foto: M. Ritterhaus

Hacía más de dos años que no venía a Hamburgo y tenía interés en volver a ver dirigir a Kent Nagano y más todavía en Wagner. Lo primero que tengo que decir es que he encontrado a la orquesta en clara mejoría, en lo que doy por hecho que es responsabilidad y mérito de Kent Nagano. La representación ha funcionado bien en términos musicales, con una producción que no añade ni quita nada y un reparto vocal correcto, aunque no particularmente brillante.

La producción escénica ofrecida lleva la firma de Claus Guth y se estrenó aquí en Octubre de 2008. La acción se trae a tiempos modernos, lo que no tiene trascendencia, ya que estamos ante un cuento o leyenda. En el primer acto la escenografía de Christian Schmidt nos ofrece un escenario reducido, en el que se ve la casa de Hunding, de la que nos ofrece una diminuta cocina con frigorífico y una mesa, aparte de una puerta, De vez en cuando aparece fuera de la casa Wotan, demostrando que él mueve los hilos de la trama, siendo quien pone la espada en la puerta en un momento preciso, lo que quita sentido a lo que canta Sieglinde en su dúo con Siegmund.

En el segundo acto estamos en un gran despacho de Wotan, donde se ven maquetas de la casa de Hunding y de lo que luego será el tercer acto, viéndose un gran ventanal al fondo, que es por donde entra Brünnhilde. En este despacho se desarrolla el enfrentamiento de Wotan y Fricka y el monólogo del dios con su hija. Para el anuncio de la muerte cambiamos de escenario y estamos en uno desnudo, cubierto con una plataforma. Llama la atención la aparición de una serie de figurantes en esta escena, que nada aportan, salvo que se pierda la atención. Otro detalle de Claus Guth es hacer aparecer a Fricka al final del acto como queriendo comprobar que su marido ha cumplido su promesa.

Finalmente, el tercer acto se desarrolla en lo que puede ser un dormitorio de la valkirias, que parecen practicar allí, a juzgar por sus atuendos de jovencitas. Una vez desaparecen las literas con sus ocupantes, asistimos allí mismo a la escena de Wotan y Brünnhilde y es ahí donde se desarrolla el fuego mágico, lo que no deja de llamar la atención, teniendo en cuenta que en Sigfrido hablaremos de la Roca de Brunhilda.

El vestuario es del mismo Chiristina Schmidt. Al final la producción no molesta ni tampoco añade nada especial.

Tenía interés por ver dirigir esta ópera nuevamente a Kent Nagano, a quien hacía casi 6 años no le había visto al frente de Die Walküre. Fue en sus tiempos de director musical de Muncih y no me resultó particularmente convincente su dirección. Hoy su dirección me ha parecido mejor que entonces, especialmente en los dos últimos actos, mientras que el primero no fue demasiado brillante. Tanto el Monólogo de Wotan como el Anuncio de la Muerte del segundo acto fueron francamente buenos, como lo fue también el dúo de Wotan y Brünnhilde en el tercero, así como el fuego mágico. Menos convincente fue la Cabalgada de las valkirias. De lo que no cabe duda es de que Kent Nagano ha conseguido mejorar notablemente a la Statsorchester de Hamburgo, claramente superior en calidad a la que yo recordaba de hace no más de 2 años.

Brünnhilde fue interpretada por la soprano americana Lise Lindstrom, a la que resulta difícil ver fuera del personaje de Turandot. Su actuación me resultó convincente, con voz adecuada para el personaje y cantando con seguridad y dando sentido a sus intervenciones. Sus Hojotojos fueron buenos, aunque no demasiado brillantes. En conjunto, estamos ante una notable valkiria.

Buena versión de Kent Nagano de Die Walküre en Hamburgo. Foto: M. Ritterhaus
Buena versión de Kent Nagano de Die Walküre en Hamburgo. Foto: M. Ritterhaus

Me llamaba la atención la presencia de Matthias Goerne como Wotan, ya que estamos acostumbrados a verle en recitales de lied, en los que siempre brilla. No hace todavía 3 años que debutó en este personaje y su actuación escénica es irreprochable, mientras que vocalmente no llega a convencerme. Este estupendo cantante tiene tendencia a que la voz se quede atrás, saliendo del escenario con algunas dificultades, lo que lastra su interpretación. Estuvo mejor en el tercer acto, en el que la voz llegaba mejor a la sala, ayudado por el hecho de que la escenografía contaba con techo en dicho acto, lo que siempre facilita la proyección de las voces.

Si no me equivoco, la mezzo-soprano Jennifer Holloway hacía su debut en la parte de Sieglinde y su actuación resultó convincente en todos los sentidos. La voz es atractiva y es una buena cantante, aunque estamos más acostumbrados a verla en otro tipo de repertorio.

Siegmund era el tenor americano Robert Dean Smith, a quien he encontrado con un instrumento algo mas reducido que hace unos años, pero mantiene la calidad de su timbre y su buena línea de canto. Me llamó la atención cómo cantó los siempre esperados Wälse, walse, el segundo de ellos casi interminable. Sigue siendo un intérprete solvente.

La mezzo-soprano Mihoko Fujimura lo hizo bien como Fricka en su enfrentamiento con Wotan. Adecuado vocalmente el bajo Liang Li en la parte de Hunding.

Las ocho valkirias lo hicieron estupendamente en términos vocales. Fueron interpretadas por Iulia Maria Dan (Helmwige), Hellen Kwon (Gerhilde), Gabriele Rossmanith (Ortlinde), Nadezhda Karyazina (Waltraute), Katja Pieweck (Siegrune), Dorottya Lang (Rossweisse), Ann-Beth Solvang (Grimgerde) y Marta Swiderska (Schwerleite), a muchas de las cuales se les puede ver en papeles importantes en este mismo teatro.

La Staatsoper ofrecía una ocupación que rondaría el 90 % de su aforo. El público se mostró complacido con el resultado de la representación, ofreciendo los mayores aplausos a Kent Nagano, Lise Lindstrom y Matthias Goerne.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 59 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 55 minutos, muy en línea con las direcciones que recuerdo de Nagano en Munich. Siete minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 119 euros, habiendo butacas de platea desde 71 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 21 euros.

José M. Irurzun