Camarena bisa doble y contagia bis a Olvera en “La hija del regimiento” de Donizetti en el Palacio de Bellas Artes.

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Hoy domingo 16 de febrero de 2020 sucedió algo nunca visto en los 85 años de la historia de la Ópera en México en el Palacio de Bellas Artes. DOS BISES CONSECUTIVOS: DEL TENOR Y LUEGO DE LA SOPRANO. En la función de “LA HIJA DEL REGIMIENTO» de Gaetano Donizetti el público puesto de pié y enardecido pidió que Javier Camarena repitiera su aria. Eso ya es algo que en todo el mundo ha sucedido y él tiene un récord impresionante. Pero enseguida la soprano Rebeca Olvera canto tan maravillosamente su aria que el público volvió a entusiasmarse tanto que también aplaudió a rabiar y solicitó que la volviera a cantar. Y así lo hizo. En los más de cincuenta años que llevo asistiendo a este recinto jamás había visto algo igual. Esto sucedió en la segunda de dos funciones de esta ópera cómica con la que inició este año con la primera el jueves 13 del mismo mes.

Javier Camarena vino al teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México a festejar su debut en ese Palacio de mármol, después de 15 años de haberlo hecho aquí, “en la misma ciudad y con la misma gente”, con el mismo elenco de sus amigos ganadores del concurso de Canto Carlo Morelli 2004, Rebeca Olvera, soprano, quien llevó el rol protagónico, y Josué Cerón, barítono como el Sargento Sulpice. Mucha agua corrió en el río de la vida “que va a dar en la mar que es el morir”. En ese lapso de tiempo, el “antes, ahora y luego”, ese niño, que escuchaba su voz en el eco que se la regresaba en las barrancas de su natal tierra veracruzana de Jalapa, regresaba a arrodillarse en ese foro, luego de recibir una ovación a su arte de cantar, que fue a la vez una diana en su honor, por la apoteósica carrera internacional que lo ha llevado a ser CAMARENA. El fenómeno vocal y mediático en que se ha convertido ese jovencito principiante, que ya había participado varias veces anteriores en ese concurso y había sido eliminado, pero con gran tesón e insistencia, había regresado una y otra vez, hasta ser el triunfador indiscutible, ha dado tanto que hablar, se ha gastado tanta tinta en ponderar y tratar de entender que sucedió, que nos obliga a rememorar, a reflexionar, a tratar de hurgar en la memoria, sobre las circunstancias que han hecho ésto posible. No es una crítica ni una crónica lo que pretendemos hacer. Es participar una emoción.

Estuvimos en “LA HIJA DEL REGIMIENTO” de Gaetano Donizetti ese 21 de noviembre de 2004 y regresamos ahora el jueves 13 de febrero de 2020 y nuevamente el domingo 16, y vienen a la mente esos 15 años transcurridos que dieron la oportunidad de celebrar esta fiesta de cumpleaños. Javier Camarena ha recorrido ese tiempo estudiando con un rigor y una disciplina impresionantes. Su paso por el Estudio de la Ópera en Zurich que lo conectó con su paisano mexicano Prof. Ks. Francisco Araiza fue muy importante y trascendental en ese crecimiento y evolución tan notable. Casado y con dos hijos, un varón y una hija que coincide con los 15 años del nacimiento del debut este tenor. He llamado fenómeno vocal y mediático a este artista excepcional pues desde que realizó su primer BIS en el Metropolitan de Nueva York, algo inusitado en ese foro neoyorquino, hasta el día de hoy que lo hizo dos veces en las dos funciones, el contacto que establece con el público en todos los teatros y foros en los que se presenta es energético y apabullante. Comunicador nato, maestro del manejo de las benditas redes sociales, disfrutamos de sus famosos vídeos y clases magistrales que nos brinda en vivo desde los camerinos de los grandes teatros en donde se presenta. Al piano, con la partitura de la ópera que está cantando en ese momento, señalando las notas en ella, nos explica las dificultades técnicas que enfrenta, las canta, nos cuenta como aborda y resuelve esos problemas de estilo, la cadencia que ha elegido por sentirla más afín a su voz, carácter, temperamento y que interrumpe cuando lo llaman a salir al escenario.

Tenemos, Dios lo permita, Camarena para mucho tiempo. La celebración de los 15 años de su debut se convirtió en algo diferente y recordable. Unas funciones alejadas de la ortodoxia acostumbrada, rompiendo las normas establecidas para bien y para mal del género operático. Recordaremos que es a veces preferible eso, el sentimiento pleno y desbordado, la gracia y la alegría, la convivencia y comunicación que nos acerca a algo muy cercano a la felicidad.

Manuel Yrízar