Camille Thomas: una voz de esperanza

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Camille Thomas: una voz de esperanza Por Germán García Tomás

Por medio de su violonchelo, la solista franco-belga Camille Thomas (París, 1988) nos trae una voz de esperanza (“Voice of Hope”) frente a las adversidades que asolan el mundo en este su segundo álbum en el sello Deutsche Grammophon, compuesto por arreglos para su instrumento de diversas composiciones clásicas junto a la primera grabación mundial del concierto para chelo de Fazil Say, Never Give Up (nunca te rindas), un mensaje de superación en toda regla.Camille Thomas: la voz de la esperanza

Una voz de esperanza en el violenchelo de Camille Thomas
Una voz de esperanza en el violenchelo de Camille Thomas

Sólo resta escuchar los etéreos y declamatorios acordes iniciales del “Kaddisch” (canto judío del Padre Nuestro) de las Dos melodías hebreas de Ravel en arreglo para chelo del violinista Richard Tognetti con que se inicia el disco para comprender el ambiente y el carácter calmado que lo impregnará, y donde el canto intimista del chelo de Thomas, de subyugante sonido y límpido fraseo, consigue hacer aflorar la emoción a flor de piel. Así, en las transcripciones que convoca, la chelista nos va llevando por diferentes parcelas de la historia de la música, con la ópera como gran escenario de sentimientos y expresiones humanas.

Ejemplos operísticos abundantes que implican dolor o desesperación y que parten del lamento de Dido de Dido y Eneas de Purcell (casi susurrado en dinámicas bajas) para transitar luego casi exclusivamente por la ópera italiana: Danza de los espíritus bienaventurados del Orfeo y Eurídice de Gluck (fragmento orquestal cuyo solo de flauta original sustituye aquí el chelo), el aria de Don Ottavio “Dalla sua pace” del Don Giovanni mozartiano, “Casta diva” de Norma de Bellini (con un delicioso fraseo en legato de la melodía), el aria de Nemorino “Una furtiva lagrima” de L’elisir d’amore de Donizetti, el coro de esclavos hebreos (nueva conexión con el judaísmo) de Nabucco de Verdi (sin introducción orquestal y casi a ritmo de vals) y el “Pourquoi me réveiller” del Werther de Massenet. Todas ellas lecturas de un sensacional sentido cantabile y una encantadora nobleza instrumental que se adapta a la perfección al espíritu y la expresividad vocal de cada pieza original. Al lado de estas páginas líricas, a las que hay que añadir ese prodigio de dulce patetismo que es “Träume”, el quinto y último de los Wesendonck Lieder de Wagner, se sitúa otra obra de inspiración judía por antonomasia, el Kol Nidrei de Max Bruch, en una brillante versión, ensoñadora y de introspectiva belleza, con ataques lacerantes e incisivos en los compases finales. Además, se incluye otra hermosura ineludible como es el tema principal del film La lista de Schindler de John Williams, que gana bastantes enteros expresivos en su transposición al chelo, así como la conmovedora “Canciones que me enseñó mi madre” de las Melodías gitanas de Dvorak. La joven solista se acompaña de una orquesta plegada absolutamente a su discurso, la Brussels Philharmonic bajo la dirección del francés Mathieu Herzog, autor de la mayoría de las transcripciones.

La obra del compositor y pianista turco Never Give Up surge como homenaje a las víctimas mortales de los brutales atentados yihadistas de París y Estambul en 2016 perpetrados por el Estado Islámico. La composición, en los canónicos tres movimientos, refleja con medios orquestales no excesivamente vanguardistas pero efectistas, y apoyándose en la tonalidad en todo momento, la crudeza de la tragedia que pretende describir, con trazos ásperos y secos a cargo del chelo y un ambiente dramático de la orquesta, con ciertas inclusiones de melodías y ritmos del folclore turco. La obra va progresando hacia la luz, pese al introspectivo movimiento central de carácter elegíaco que viene a ser una suerte de momento contemplativo antes de que estallen los brutales golpes de la percusión que parecen describir las explosiones efectuadas por los terroristas islámicos, y que puede asociarse a cualquier otra situación o conflicto que implique muerte y desolación. El desgarrador chelo de Thomas parece gemir y doblarse de dolor al final de un movimiento que abre paso a la esperanza -hilo conductor del álbum-, en un colorista ambiente oriental en el que el chelo esboza un canto optimista entre ritmos percusivos y sonidos acuáticos y de gaviotas. Stéphane Denève se pone al frente de la orquesta bruselense en esta ocasión para pintar el horror que desemboca en ese clima esperanzador, pacífico y humanitario que Camille Thomas quiere traer a este mundo lleno de tribulaciones con el aterciopelado e irresistible sonido de su violonchelo Stradivarius. Ojalá el poder balsámico y sanador de la música nos haga mejores personas. Que lo disfruten.