CD de La Sinfónica de Seattle y Augustin Hadelich con obras de Dutilleux

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La Sinfónica de Seattle con obras de Dutilleux
La Sinfónica de Seattle con obras de Dutilleux

La Orquesta Sinfónica de Seattle y Augustin Hadelich ganan el Grammy con su último disco de obras de Henri Dutilleux.

La Orquesta Sinfónica de Seattle lanza el segundo disco de su trilogía dedicada al compositor francés Henri Dutilleux, entre la expectación levantada por el premio Grammy al mejor solista instrumental que el violinista Augustin Hadelich ha recibido por su participación en el compacto.

El trabajo incluye dos piezas grabadas en directo en 2014 Metaboles y la Sinfonía Núm. 2  y el concierto para violín L’arbre des songes, grabada en estudio. Dutilleux pasa por ser un artista desconocido para el gran público pero se abre paso frente a otros compositores contemporáneos gracias a valedores como Ludovic Morlot, director de la SSO. Morlot se ha propuesto llevar al disco gran parte las obras orquestales completas de Dutilleux. De esa idea nació la trilogía Dutilleux que tan exitosa está resultando para una orquesta pionera en Norteamérica a la hora de abrir nuevos repertorios. 

La audición comienza con Metaboles, un ciclo de cinco movimientos breves, a modo de suite, compuesto en 1964 y que explora las múltiples posibilidades sonoras de la orquesta. Por su variedad de recursos orquestales y su temática, inspirada en la naturaleza como un bucle de transformaciones sucesivas, Metaboles supone una excelente toma de contacto con la pluma de Dutilleux, además de ser una refrescante introducción a las obras siguientes del disco. Cada movimiento está dedicado a una familia de instrumentos, mientras que el último es el más sinfónico y es una síntesis de los restantes. Una obra sencilla pero rica en sonoridades y propuestas tímbricas que la SSO sirve con  claridad y exquisitez. 

Hace algunas semanas, conté en OW la aparición en Seattle de Augustin Hadelich en el Concierto para Violín de Tchaikovsky bajo la batuta de Jesús Lopez Cobos. Un éxito que estaba cantado por lo reciente de su Grammy, pero que contribuyó a  respaldar la proyección de este joven solista. Hadelich destaca por su versatilidad y la solidez de su técnica, si bien su estilo desinhibido y divagante está aún en construcción. El joven violinista construye hoy las bases de una prometedora carrera, a cuyos interesantes primeros pasos no podemos dejar de asistir. En el concierto para violín L’arbre des songes (El árbol de los sueños) encontramos una de las obras más conocidas de Dutilleux. Construido con la minuciosidad de un artesano, el concierto tiene, como su nombre sugiere, una estructura acaso arbórea, donde la orquesta se mueve siempre como respuesta al violín, que sería algo así como la sabia que hace que la línea orquestal crezca y se ramifique. Aunque más denso y aquilatado que Metaboles, L’arbre conserva también ese frescor natural conseguido a partir de una inteligente aunque criptica estructura. Da la sensación de ser una música creada para contemplación, que habita en si misma sin ninguna propuesta retórica particular. Una música que reconforta y se disfruta con una facilidad desusada para una obra compuesta en 1985. El éxito de Morlot y Hadelich consiste en dotar al concierto de cierta impersonalidad, de una objetividad carente de emotivismo que invita, no obstante, a la escucha activa. El violín de Hadelich suena en este disco con extraordinaria delicadeza y deja flotando frases arrebatadoras que le han hecho merecedor del Grammy. Sin duda, merece la pena acercarse a este L’arbre des songes.

 

La Sinfonía Núm.2 de Dutilleux, Le Double, que cierra el compacto, fue compuesta por encargo de la Orquesta Sinfónica de Boston para conmemorar su septuagésimo quinto aniversario. Dutilleux concibió para su última sinfonía una arquitectura novedosa. Escogió un grupo de doce instrumentos (oboe, clarinete, fagot, trompeta, trombón, clave, timbal, celesta, dos violines, viola y chelo) y los empleó como un único sujeto orquestal, de manera que esta sinfonía podría considerarse un trasunto de concierto para pequeña orquesta, si no fuera porque este grupo separado del resto no tiene un discurso definido y diferencial.  Con este truco, Dutilleux consigue multiplicar la riqueza expresiva de su sinfonía, cuya escucha demuestra que la Sinfónica de Seattle vive un romance con el compositor francés. Basta para ello advertir la naturalidad con la que los vientos desarrollan los cambiantes y alucinados temas del primer movimiento Animato, ma misterioso; o el fino equilibrio con el que Morlot mantiene el pulso de una melodía siempre agonizante en el Andantino sostenuto que es el segundo movimiento. El tercer movimiento comienza con un allegro fuocoso, salpicado de síncopas que recuerdan al ragtime (un oportuno homenaje a la herencia de la música norteamericana). La partitura se sosiega al cabo con un calmato en el que la melodía se alarga y ensancha hasta ocuparlo todo, para desaparecer después de una manera irreal.  

El disco está a la venta. Habrá que ver si el público bendice en el mercado lo que los premios y las críticas no paran de saludar. 

Carlos Javier López