CD. Trifonov. Chopin

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CD.-Trifonov The Carnegie Recital. Daniil Trifonov (piano). Sonata nº 2, “Sonata-Fantasía” (Scriabin), Sonata en si menor (Liszt), 24 preludios op. 28 (Chopin). Grabación en directo. Deutsche Grammophon, 2013. Un vibrante debut neoyorquino El 5 de febrero de 2013 los espectadores del Carnegie Hall de Nueva York asistían por primera vez a la actuación de un jovencísimo pianista ruso de apenas 22 años. Un talentoso joven que dos años antes ya había sido ganador de dos concursos de piano, el Tchaikovsky en Moscú y el Arthur Rubinstein en Tel Aviv. Daniil Trifonov pisaba el mítico escenario neoyorquino para ofrecer un concierto que ha recuperado felizmente Deutsche Grammophon y que se convierte a su vez en el debut discográfico para este sello del joven pianista. Sin lugar a dudas, nos atrevemos a manifestar que el paso de este joven pianista por el Carnegie Hall no dejó indiferente a ningún miembro del público que llenaba el Stern Auditorium, provocando una vibrante emoción en la sala. No sólo por la curiosidad que siempre despierta la aparición de un nuevo y ascendente valor de la interpretación, sino por el programa nada baladí que venía a ofrecer Trifonov. En este caso los ingenieros de sonido de la grabación sólo nos han privado de escuchar los aplausos del público en las primeras dos obras de las tres que conformaban esta velada neoyorquina. Tres obras complejas de estéticas diferentes, pero equiparadas por un mismo espíritu emocional, que el pianista ruso tradujo con personalidad propia.

Comenzó abordando el género de la sonata, con la muy desconocida Sonata nº 2 op. 19, en la infrecuente tonalidad de Sol sostenido menor, la llamada “Sonata-Fantasía”, del compositor Alexander Scriabin, el creador del “acorde místico”. Una obra que mantiene la esencia ensoñadora y elegíaca del romanticismo ruso en su concepción estilística, pero que ya comienza a realizar experimentos en el plano formal, como por ejemplo en su misma estructuración en dos concisos movimientos: Andante y Presto (recordemos que el compositor ruso llegará a crear posteriormente auténticas sonatas cuasi improvisatorias en un sólo movimiento). Tras Scriabin, Trifonov no abandonó en su recital el universo de la sonata para piano romántica, atreviéndose nada menos que con ese paradigma de lo rapsódico (y de nuevo, también de la fantasía) como es la Sonata en si menor S. 178 del húngaro Franz Liszt. Trifonov ha manifestado que la versión discográfica que más le apasiona por su drama e intensidad es la grabada por Martha Argerich. Precisamente la propia pianista argentina ha alabado las virtudes del ruso en estos términos, que se pueden aplicar sin reservas a la recreación de esta piedra de toque del pianismo romántico: “Él lo tiene todo y más. Lo que hace con sus manos es técnicamente increíble. Tiene ternura y también el elemento demoníaco. Nunca escuché nada igual”. Un equilibrio entre texturas y claroscuros es lo que encontramos en la lectura de Trifonov de la Sonata de Liszt.

Su versión se recrea con refinamiento en los pasajes más líricos o contemplativos y a la vez mantiene un riguroso control del tempo en la intensidad de los clímax y en el apasionado virtuosismo. El sereno final de la sonata está perfilado con una cuidada atención a los silencios, tan expresivos como las notas mismas. A pesar de la bisoñez del intérprete esta versión de la obra de Liszt merece un puesto entre las más profundas. Un magnífico estudio de interpretación pianística como el que representan los 24 preludios de la op. 28 de Fréderic Chopin no podría significar mejor colofón a este debut neoyorquino del joven Daniil, donde da de sí lo mejor desde el punto de vista técnico, recorriendo con especial vehemencia los preludios más breves y recreando las emociones ambivalentes de la pieza más extensa y popular, el preludio número 15, tradicionalmente conocido como “de la gota de agua”. El universo chopiniano entroncaba perfectamente con la personalísima propina que vino a regalar Trifonov en su aclamada première en el Carnegie Hall, una aforística rareza: el número 2 de Skazki (Cuentos de hadas) op. 26, de un compositor ruso del siglo XX tan necesitado de descubrimiento como Nikolai Karlovich Medtner (1880-1951).

Germán García Tomás @GermanGTomas