Celso Albelo. concierto Año Nuevo. Madrid

Celso-albelo.-Año-Nuevo2014

Celso Albelo. Acostúmbrense a escuchar este nombre, pues pertenece al tenor del momento. Celso Albelo es el tenor lírico tinerfeño que ha protagonizado el Concierto de Año Nuevo en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. El programa vocal ofreció en la primera parte arias del belcanto italiano del s. XIX (Donizetti y Verdi), y en la segunda páginas de zarzuelas de Amadeo Vives, Manuel Penella y José Serrano.

A su lado, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, en un momento dulce para sus miembros, dirigidos por Cristobal Soler, que supo embridar ambas partes (Albelo y orquesta) con gran acierto y mesura.

El concierto comenzó con el teatro lleno (aunque esto no sea noticia) con la obertura de Orfeo en los infiernos de Offenbach, partitura muy navideña que sirvió para festejar el Año Nuevo y crear ambiente de celebración. El público se mostró generoso desde el principio, y aplaudió fuertemente el trabajo de Soler y los músicos, sobre todo el de los solistas de viento metal. El director optó por tempos rápidos, lo que dio vitalidad al concierto y el carácter festivo que la fecha requería. Supo matizar, no obstante, y demostrar una elegancia castiza que ya es marca de la casa. Esa ponderación de Soler, que dosifica la emoción y huye de efectismos innecesarios, es sin duda una de sus mayores virtudes como director. Su versión de la obertura de Nabucco está a la altura de los mejores teatros de ópera del mundo, y no es fácil encontrar ningún lugar donde el intermedio de La Boda de Luis Alonso suene tan graciosa y llena de matices. La Danza del fuego de Benamor, de Pablo Luna, fue un regalo que hizo olvidar al público de Madrid a Celso Albelo, pues sonó con una calidez reconfortante. Soler rebajó ahí un tanto su premura, y brindó una danza distinguida y con empaque, muy sinfónica.

Celso Albelo, acostúmbrense a escuchar este nombre, comenzó con Tombe degli avi miei de Lucia di Lammermoor. Pese a atacar dubitativo alguna frase, la voz se fue abriendo paso y se redondeó en cuestión de compases. El preciosismo que exhibió en los recitativos y la tensión dramática de los agudos finales emocionó al público.

Le siguió el aria de L´Elixir d´amore Una furtiva lágrima, que fue cantada con gran sobriedad, como dejando actuar a la música, apianando sutilmente al final de las frases. Al final del aria, en la repetición de la palabra amore, cantó con limpieza y honestidad, y escuchamos al Nemorino enamorado, en lugar del al Nemorino tenor.

Con La mia letizia infondere, el aria de Oronte en I lombardi a la prima crociata, vino el espectáculo. Dicen que Albelo cantaba con molestias por amigdalitis; algo difícil de creer escuchándole en esta pieza, donde sus agudos, muy timbrados, reverberaban con la intensidad de las notas bien emitidas, y la voz se escuchaba exultante, sin apenas imperfecciones. El teatro de la Zarzuela recibió una capa de ese barniz invisible que dan los buenos cantantes a los teatros y que, tras sus actuaciones, persiste de alguna manera en el ambiente, contribuyendo a crear esa atmósfera mágica de las mejores salas.

Heredero de Alfredo Krauss, el canto de Albelo articula la dicción del texto sobre las consonantes y aprovecha todas las sonoridades de cabeza; pero además aporta una calidez especial. Es algo así como una voz enorme pero tímida, que lucha contra sus propios bríos, y que produce con la tensión de esa lucha una riqueza de puntos intermedios, de detalles sonoros, interesantísimos.

Antes del descanso cantó La donna é mobile, una página más asequible que la anterior, pero que homenajea al papel que le ha dado renombre internacional. Su duque de Mantua tiene la misma vitalidad que su voz, y el agudo final sonó como un cañón, como una declaración de intenciones, una nota limpia de tenor lírico dirigida al cielo.

Después del descanso, la tensión canora dio lugar a un despliegue más sensual, con un Celso Albelo muy ibérico en Por el humo se sabe, de Doña Francisquita, Detén tu alado paso, de Don Gil de Alcalá y terminó el programa con la jota Te quiero morena de El trust de los tenorios. El último olé de la jota, larguísmo, squillante y perfectamente afinado fue el broche dorado a las tres páginas de zarzuela. En ellas, Albelo se permitió un cantar más juguetón, pero sonó cautivador sin la morbidez de los melismas operísticos. En la romanza de Don Gil le costó estar a la altura de la emoción conseguida por la orquesta en la Danza del fuego anterior. Sin embargo, al interpretar Por el humo se sabe, desplegó su repertorio de modulaciones, demostrando su dominio de la media voz y regalando  frases de gran enjundia expresiva. Los gritos de bravo ya eran mayoría entre el público.

Como propinas, Celso Albelo ofreció de nuevo La donna é mobile verdiana y el aria de los does Ah mes amis de La fille du regiment de Donizetti, donde atacó con limpieza en los agudos y demostró que se atreve con las partes de coloratura, sacando partido a su voz dúctil y en sazón.

En suma, un acontecimiento emocionante, que al público, entregado a Albelo, le supo a poco; pero que es de los que se recuerdan. El tinerfeño, por su seguridad técnica y su regularidad, está destinado a darnos muchas más alegrías musicales y a seguir creciendo como artista.

El teatro de la Zarzuela, que acoge a un público fiel y apasionado, se ha convertido durante estas semanas en uno de los más importantes centros de la lírica a nivel europeo, gracias a su programación navideña, que apuesta por la música y los intérpretes españoles. El respeto de los artistas a las obras y el nivel de las representaciones han sido una constante; y el material artístico mostrado ha satisfecho a los más exigentes. En el Teatro Real están de vacaciones.

Concierto de Año Nuevo con Celso Albelo. Jueves, 2 de enero de 2014. Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Cristóbal Soler.

Carlos Javier López Sánchez

@CarlosJavierLS