Cinderella: el prodigioso talento operístico de Alma Deutscher, una niña de 12 años

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Cinderella: el prodigioso talento operístico de Alma Deutscher
Cinderella: el prodigioso talento operístico de Alma Deutscher

Como en el pasado, aún encontramos hoy en día auténticos niños prodigio. La británica Alma Deutscher es uno de esos talentos prematuros que han despuntado con más fuerza que ningún otro. Nacida en 2005, Deutscher se ha convertido a sus 12 años en una jovencísima compositora que ya ha abordado la mayoría de los géneros musicales: dos conciertos (uno para violín y otro para piano), un variado catálogo de música de cámara, canciones, música sinfónica y el tan arriesgado campo de la ópera, con hasta la fecha dos títulos concluidos. Con esta asombrosa nómina bien podría decirse que nos encontramos ante una especie de Mozart del siglo XXI, pese a no gustarle la comparación a la pequeña Alma.

Precisamente en el género operístico se nos presenta su Cinderella, una actualización del célebre cuento de hadas transmitido tanto por Charles Perrault como por los hermanos Grimm al que pusieron música en el pasado Gioacchino Rossini con su inmortal ópera o Sergei Prokofiev en su mágico ballet. Esta ópera en cuatro actos es la segunda compuesta por la joven Deutscher (tras The Sweeper of Dreams, con 7 años) y ha sido auspiciada ni más ni menos que por el maestro indio Zubin Mehta para su presentación en 2016 en el Casino Baumgarten de Viena. Aun así, es la puesta en escena de la californiana Opera San José, desde su Theatre in San José y con sus estupendos conjuntos orquestales, corales y cuerpo de baile, la que tenemos la oportunidad de presenciar en este lanzamiento videográfico del sello Sony Classical. Esta producción, de exquisita y refinada escenografía, está dirigida escénicamente por Brad Dalton y musicalmente por una veterana, la inglesa Jane Glover, especialista en las épocas barroca y clásica, y directora durante los años ochenta de los London Mozart Players.

Todo el espíritu y el encanto de la Cenicienta original define a esta versión del cuento infantil, pese a ciertas modificaciones del argumento, que aquí está atravesado por un componente metamusical, pues es la música, y no el zapato transparente que pierde Cenicienta, la que conduce finalmente al príncipe hasta ella tras escucharla cantar una bellísima canción con los versos compuestos por él mismo (“Down by the brook, I wander”), que se convierte en uno de los más encantadores leitmotivs de esta fantástica obrita de dos horas y media de duración.

Porque lo que más asombra de la ópera es la inventiva melódica que Alma despliega, una efervescencia y frescura musical con un manejo sabio de los motivos conductores, que asocia a situaciones escénicas magníficamente definidas y delimitadas en lo dramático, sabiendo unir adecuadamente la música al texto de forma silábica y el empleo de diálogos para agilizar la acción, al modo de la opereta o la zarzuela española. A ello se une el fascinante tratamiento orquestal, que ya desde la evocadora y evanescente obertura (con sus iniciales acordes no muy alejados del preludio del Lohengrin) nos transporta a un mágico universo de fantasía, luz y color. Dentro del eclecticismo que exhala esta ópera, escuchamos por momentos la densidad de la orquesta de Richard Strauss, el encanto de la ópera francesa del XIX, el ambiente extrovertido de las operetas de Johann Strauss, ecos del Hänsel y Gretel de Humperdick, ritmos de musical netamente americano en la línea de Leonard Bernstein (imposible no reparar en la canción de Maria-“I feel pretty”- de West Side Story en el “I am pretty and so witty” de las hermanastras) y hasta trazos de ópera belcantista italiana. El espíritu barroco también se manifiesta en el lenguaje musical que Deutscher emplea, como en ese voluntario para órgano que ella misma interpreta casi al final de la ópera, que rememora a Bach, así como en los solos de violín y piano en los que interviene evocándonos el estilo de Mozart o Beethoven, y que siempre introduce con una finalidad netamente teatral.

Si la batuta de Jane Glover extrae desde el foso el mayor rendimiento posible de una poderosa orquesta que consigue meter de lleno al espectador en este cuento operístico, el joven equipo de cantantes con que cuenta esta Cinderella contribuye con creces a conseguir una representación de ensueño. La soprano Vanessa Becerra es una Cenicienta que reúne todos los atributos de la inocencia, oscilando entre el drama de su condición mísera a la viva emoción del amor sincero, que sabe expresar a través de una voz siempre bien regulada y con un admirable sentido de la musicalidad. El apuesto Príncipe del tenor Jonas Hacker es igualmente muy expresivo en sus arrebatos amorosos junto a Cenicienta en sus dúos del tercer y cuarto actos, y demuestra gallardía y coraje a la hora de enfrentarse a su padre, al que da vida un severo y bonachón Nathan Stark.

Las dos hermanastras, aquí bautizadas como Griselda y Zibaldona, adquieren recreaciones muy verosímiles por Stacey Tappan y Karin Mushegain, ambas con voces realmente potentes a la hora de realzar sus disparatados y caprichosos comportamientos. Un tanto histriónica se antoja la madrastra de Mary Dunleavy, pero cumple con rigor su antipático papel. Por fin, el hada original, aquí convertido en una harapienta llamada Emeline, lo interpreta la sensacional voz grave de Claudia Chapa, que al final se convierte en la maestra de ceremonias de la boda entre el Príncipe y Cenicienta. Completa el reparto el Ministro de Brian James Myer y la niña que echa flores en el enlace matrimonial, Helen Deutscher, la hermana de la compositora. El doble DVD se acompaña de un backstage en el que vemos declaraciones de parte del cast que conforma esta producción y de la propia Alma Deutscher hablando sobre su propia obra. Si quieren disfrutar intensamente de un cuento clásico musicalizado a la manera tradicional, esta es una más que recomendable opción para descubrir el talento operístico de la pequeña Alma.

Germán García Tomás