Claus Guth presenta en el Teatro Real un «Don Giovanni» trepidante

un «Don Giovanni» trepidante Por Federico Figueroa.

Claus Guth (Fráncfort del Meno, 1964) ha vuelto al Teatro Real para supervisar la producción del Don Giovanni de Mozart de la Staatsoper de Berlín, estrenada en 2008 en el Festival de Salzburgo. El estreno es esta noche y se ha hecho unos minutos libres para Opera World.

Claus Guth, director de escena.
Claus Guth, director de escena un «Don Giovanni» trepidante

¿Qué piensas de este Don Giovanni a más de 12 años de su estreno?

Esta mañana, en casa, estaba viendo fotos de hace 12 años cuando fue la premier. Ahí están Schrott, Maltman y, claro, hoy estamos más viejos pero el “bosque” (la escenografía) sigue ahí. Nosotros cambiamos mucho pero ese bosque sigue siendo el mismo. En el ensayo general, hace dos días, fue muy emotivo porque la puesta en escena es todavía tan potente y enriquecedora. Estaba sentado viendo atentamente y disfruté todo el tiempo. A veces, cuando veo alguna de mis antiguas producciones pienso ¡dios mío, no! Mi apreciación estética ha cambiado con los años pero con este Don Giovanni de 2008 estoy muy contento. un «Don Giovanni» trepidante

Como tú mismo has mencionado, el tiempo nos hace cambiar en nuestra apreciación ¿de qué trabajos hoy no estás feliz?

Sí, es cierto, con el paso del tiempo nuestra apreciación de muchas cosas cambia. A mi no me hacen especialmente feliz algunos de las óperas de Wagner que he puesto en escena. Especialmente de la Tetralogía que hice para la Ópera de Hamburgo. Algunas partes están muy bien y otras ya no me convencen. Si hoy día me propusieran hacer el ciclo, me pondría como condición 2 años solo haciendo eso. En aquel momento no fui lo suficientemente profundo. Así es como lo veo hoy. También me ocurre algo semejante con Die Meistersinger von Nürnberg, producción de la Semperoper de Dresde (2007) que después viajó al Liceu de Barcelona (2009). Y podría decirte algunas más.

Tu carrera es muy amplia y has abordado desde el trascendente Parsifal hasta operetas como Die lustige Witwe, sin olvidarnos del “ciclo Monteverdi” Orfeo-Incoronazione-Ritorno, las óperas de Händel (Rodelinda, Rinaldo, Radamisto) y los “inevitables del repertorio”: Verdi ( La traviata, Rigoletto), Puccini (Il trittico) y Rossini (Il barbiere di Siviglia). ¿Qué tipo de música y ópera prefieres?

Para escuchar música en casa soy más abierto. Yo tocaba el bajo en una grupo de jazz-funk y en casa disfruto escuchando todo tipo de música, excepto ópera (se ríe), bueno, ya en serio: soy una persona muy curiosa y me interesa todo lo vanguardista, la música electrónica, la música de otras culturas. Soy capaz de disfrutar, en un sentido muy amplio de la palabra, de momentos como puede ser esta noche en la representación, cuando el humor y el drama se dan la mano, especialmente con intérpretes tan excepcionales como Erwin Schrott, y pasar de las lágrimas a la risa. Ese tipo de emociones es lo que busco en cualquier obra de teatro musical.

Estuve en el ensayo general y me sorprendí con la libertad en la forma de interpreta los recitativos. ¿Cómo ha logrado eso?

Sí, ese fue el primer punto que tuve que pulir cuando llegué a Madrid. En los primeros días de ensayos estuvo mi asistente y tras el ensayo de esa tarde tuve que hablar con los intérpretes. Estaban haciendo los recitativos en esa manera “encorsetada”, fuera del concepto que yo quiero mostrar. Les dije “si queremos hacer un personaje real debemos olvidarnos de la duración de las notas; en el recitativo el intérprete es el jefe; es como una chaqueta hecha a medida y tiene que quedarte cómoda”. Para mi eso era básico. No soy el director musical pero hago mucho trabajo de mesa, palabra a palabra, frase a frase, con los cantantes. Porque es la vía para llegar “a la verdad” del personaje.

¿Y cómo convences o negocias estos retoques con el director musical?

Debo decir que esto lo he desarrollado poco a poco. Y con Ivor Bolton, que es un amigo y confía en mí como yo confío en él porque hemos colaborado en muchas ocasiones desde hace Salzburgo con una Iphigénie in Tauride (2000). Intercambiamos mucha información y él me señala donde debo tener especial cuidado y yo le pido cambios en la el tiempo de los recitativos. Es un trabajo realmente enriquecedor.

Esta propuesta escénica demanda un notable esfuerzo físico de los cantantes. ¿Estás involucrado en el casting desde el principio?

Cuando hice el ciclo Mozart-DaPonte para el Festival de Salzburgo, empezando por Le nozze di Figaro, iniciamos el casting unos cuatro años antes de las funciones. Fue bastante inusual pues yo tenía claro todo el concepto, la personalidad de cada uno de los personajes y buscamos cantantes con unas características muy precisas. En el caso de este Don Giovanni, Joan Matabosch la conocía muy bien y él es una persona sensible e inteligente. Él entendía que debía buscar cantantes capaces de hacer los movimientos que requiere el montaje y cantar excelsamente. Los cantantes terminan las funciones exhaustos. Yo les exijo mucho de este trabajo físico y ellos lo disfrutan, o al menos eso me dicen, porque entienden que están dando todo y tienen poco tiempo para pensar de forma crítica en el sonido. Están actuando y cantando a la vez. Necesitan estar en plena forma física y muy concentrados para hacer este Don Giovanni.

Ya son tres producciones (Rodelinda, Lucio Silla, Don Giovanni) en Madrid y quizá ha tenido tiempo de asistir a alguna representación de zarzuela.

Sí, cuando estuve trabajando en Lucio Silla fui al Teatro de la Zarzuela. Me impresionó mucho (no recuerda el nombre de la pieza) y me hizo pensar en el origen del mito de Don Giovanni, porque es esta cultura de donde surge.

Ha trabajado en los principales teatros europeos pero aún no ha debutado en el Metropolitan neoyorquino. ¿Está entre sus planes futuros ese teatro?

Sí, hay planes para llevar al Met una Salome que se estrenará en el Bolshoi de Moscú. Para Nueva York tengo un proyecto con Jonas Kaufmann, somos amigos desde jóvenes cuando estudiábamos música juntos, para hacer con escena el ciclo Schwanengesang de Schubert en el Armory’s Hall. Debía hacerse el pasado septiembre pero, por la pandemia, se ha pospuesto para 2022. Quiero añadir que todos aquellos teatros con los que soñé cuando era estudiante son ahora una realidad, y eso es fantástico.

¿Y para el Teatro Real hay algún plan futuro?

Sí, lo hay para medio plazo. Y no es un Mozart.

¿Existe el “sello” Claus Guth en cada uno de tus trabajos?

En los últimos años estoy trabajando con diferentes escenógrafos y eso es uno de los rasgos que más suelen marcar una producción. A veces la estética es extremadamente realista y en otras tiende a lo surrealista. Creo que la propuesta escénica debe tener un contraste entre el concepto del director y la escenografía. De esta manera se puede tener más lecturas de la misma pieza. Con respecto a un “sello”, creo que eso tendría que decirlo el público. Yo no busco tener un sello aunque es posible que la gente vea esa marca. Si es así, no me molesta.

¿Vas a la ópera como espectador?

Honestamente voy muy poco a la ópera como espectador. Voy mucho al teatro de texto, a los museos y exposiciones. No voy a la ópera porque me gusta estar “fresco”. Claro, es mi trabajo y si me comprometo con una obra la estudio a fondo y veo el trabajo de otros colegas. En cuanto a estar pendiente del trabajo de otro director de escena, por admiración, puedo confesar que uno es Romeo Castellucci y otro Christoph Marthaler. Y también voy con mucha frecuencia a espectáculos de danza. Quizá ese sea un rasgo común en la mayoría de mis puestas en escena, movimientos coreográficos aunque no sea una coreografía al uso.

¿Cómo es la vida privada de Claus Guth?

Mi familia ha estado feliz con uno de los efectos colaterales del confinamiento. Mi último trabajo antes de Madrid, en marzo, era Jenufa en Londres. Una semana antes del estreno tuvimos que parar y yo fui a reunirme con ellos. Desde ese momento hemos estado juntos y ha sido muy emotivo. Tengo tres hijos, de 5, 14 y 21 años de edad. Hoy es un día muy importante para toda mi familia. Yo tengo esta noche este estreno aquí en Madrid y ahora mismo mi hijo está haciendo la prueba de acceso a la escuela de actuación. Todos en la familia estamos con los dedos cruzados para que ambos tengamos éxito.