The Commission/Café Kafka. Brooke/Coll. Londres

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Con este doble programa, el Festival de Aldeburgh, la Royal Opera House y Opera North -con el apoyo del Arts Council England- inician una colaboración trienal que pretende paliar la desaparición de compañías como la del Teatro Almeida, la Ópera de Kent o English Opera Group que durante años ofrecieron a algunos jóvenes compositores la oportunidad de crear óperas. Vaya por delante el reconocimiento que merece la sola iniciativa, que busca articular nuevos mecanismos que mantengan el ya tradicional apoyo a la nueva creación novel en Reino Unido. Como es bien sabido, en la mayoría de países europeos, la situación es bien distinta: sólo compositores de prestigio notable (o al menos de larga trayectoria) suelen ser comisionados para la creación de óperas de nuevo cuño pues se considera que los gastos de producción, aún en el caso de una ópera de cámara, son demasiado altos para apostar por compositores poco conocidos.

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En el caso de España, este criterio se conjuga con otra circunstancia perniciosa: la falta de verdadero interés de los responsables de los teatros líricos por la creación contemporánea, a excepción del programa “Opera de Butxaca i nova creaciò” y, muy puntualmente, Operadhoy. Las programaciones teatrales reservan sus encargos a los “popes” contemporáneos -ya provectos- con los que se salda la deuda de los años desiertos que tuvieron que atravesar la mayoría de ellos durante el Franquismo, y a un escogido grupo de compositores que ya tienen labrado un nombre, bien sea por méritos artísticos o meramente por “saber hacer pasillos”. La mayoría de estos últimos -ya en la cincuentena o muy cerca de ella- todavía tienen que conformarse con circuitos secundarios o producciones muy reducidas de los teatros principales, incluso aquellos que ya han recibido encargos de gran envergadura. Así las cosas, nos encontramos con la situación disfuncional de que quienes se encuentran en su etapa de madurez rara vez pueden desarrollar óperas con todas las de la ley y ocupan los espacios menores que deberían estar destinados precisamente para hacer “ensayos” con la siguiente generación. Este tapón generacional perjudica aún más la posibilidades de nuestro ya raquítico teatro lírico en tanto que no se ofrecen oportunidades a que los jóvenes entren en contacto con las particularidades que conlleva la creación de música escénica: a saber, la escritura vocal dramática y el trabajo en equipo entre compositor, libretista y director de escena.

Me permito comenzar así la reseña de este doble programa presentado en el Linbury Studio Theatre porque una de ellas (“Café Kafka”) es de Francisco Coll, un joven español que ha puesto una pica en Londres: ser el primer compositor español que recibe un encargo de la Royal Opera House y obtener con ésta, su primera ópera, un notable éxito.

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La técnica de pastiche utilizada por Meredith Oakes en la composición del libreto no es nueva, desde luego, pero con ella demuestra su buen oficio como dramaturga: a medida que se sirven los Manhattan y los Tom Collins, cada uno de los cinco cantantes en su delirio etílico van adoptando diferentes personajes provenientes de diversos relatos breves de Kafka. Los monólogos se intercalan con numerosas escenas dialogadas, que rompen con la primera persona narrativa de muchos de los textos originales, en beneficio de espectáculo netamente teatral que va fluyendo desde lo cómico y paródico a la paranoia casi claustrofóbica. El compositor valenciano, por su parte, nos ofrece una partitura perfectamente imbricada en la propuesta de Oakes. Coll, sobre una base estructural bastante tradicional, desarrolla un discurso de tensiones y distensiones dramáticas que dan sentido completo al texto, ya sea en su faceta narrativa como en la descriptiva de ambientes y caracterización de personajes. Consigue un equilibrio muy cabal entre el ritmo dramático acorde con el libreto (no hay casi tiempos muertos) y el sentido de unidad de la obra, sin por ello privarse de usar numerosos recursos retóricos musicales de muy diversa índole, de los que ya era poseedor. Me atrevería a decir que de alguna manera en “Café Kafka” Francisco Coll consigue orientar en una dirección unívoca muchos de los rasgos que ya estaban presentes en algunas de sus obras precedentes, logrando con ello un salto cualitativo en su trayectoria como compositor y en la formación de su estilo personal. Quizás el mejor ejemplo de todo ello sea la escenade Gracchus y el subsiguiente final de la ópera. Esperemos que pronto algún teatro español se anime a ofrecer a Coll una nueva oportunidad, esta vez en lengua ibérica.

“The Commission”, en cambio,  con música de Elspeth Brooke y libreto de Jack Underwood, no corrió la misma suerte. El intento de crear una obra escénica basándose en el poema homónimo de Michael Donaghy no ha sido afortunado. El resultado, confuso y desordenado. Quizás con un tratamiento diferente (por ejemplo, el del vídeoarte) Brooke y Underwood habría conseguido otros frutos. De hecho, la compositora ha logrado obras más interesantes en el ámbito del arte sonoro; por ahora no ha encontrado un lenguaje adecuado para la escena de corte más convencional.

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No pudo paliar tales deficiencias de origen la puesta en escena de Annabel Arden: su propuesta abigarrada y sobrecargada de clichés, no ofrecía claves que orientasen al espectador. Todo lo contrario sucedió con “Café Kafka”, donde la directora (la misma Arden) supo llevar a escena muy adecuadamente el ritmo de la obra y los caracteres de los personajes, especialmente en los momentos de mayor comicidad. El ensamble Chroma y su director Richard Baker cumplieron en su cometido y, entre los cantantes, cabe destacar a Daniel Norman en Café Kafka.

Insisto en felicitar a los coproductores por atreverse a apostar y dar cabida a jóvenes compositores, más allá de los resultados obtenidos. La búsqueda de nuevos cauces y lenguajes siempre conlleva riesgos y sólo el futuro nos desvelará el verdadero alcance de cada intento, los consideremos o no ahora como acertados. Esta es la única manera de dar continuidad a esta forma de arte iniciada por De Cavalieri, Peri y Monteverdi hace más de cuatro siglos, y que no ha cesado de experimentar toda clase de metamorfosis desde entonces.

Raúl Asenjo

The Commission. Ópera en un acto

Música de Elspeth Brooke; LIbreto de Jack Underwood

Artesano: Andri Björn Róbertsson

Platero: Daniel Norman

Hija: Anna Dennis

Papa/Cirujano: William Purefoy

Café Kafka. Ópera en un acto

Müsica de Francisco Coll; Libreto de Meredith Oakes

Chica: Suzanne Shakespeare

Hombre uno: Daniel Norman

Mujer: Anna Dennis

Hombre dos: William Purefoy

Hombre tres/Gracchus/Policía: Andri Björn Róbertsson

Director musical: Richard Baker

Chroma Ensamble

Directora de escena: Annabel Arden

Diseños: Joanna Parker

Diseño de luces: Matt Haskins

Diseño de vídeo: Dick Straker

Diseño de sonido: Pete Malkin