Competencia emocional y competencia digital: ¿frontera infranqueable o paisajes complementarios? (Tercera parte)

Primera parte

Segunda parte

Competencia digital y competencia emocional

Nos enfrentamos a dos grandes paradigmas respecto a la dualidad digital- emocional: ¿existe información o desinformación respecto a ambas?; ¿hay un correcto uso de las TIC encauzado a la formación de la personalidad y al criterio propio ante sucesos difundidos por éstas así como los medios utilizados?

En 2004, Marc Prensky (ensayo The death of command and control) acuñó la expresión «digital natives» en oposición a «digital inmigrants», estableciendo que los nativos digitales eran capaces de crear los instrumentos que utilizaban al tiempo que daban múltiples usos a los ya existentes, mientras que los inmigrantes digitales sólo eran capaces de utilizar lo ya creado siguiendo las pautas de uso establecidas. Pero ¿acaso los nacidos de lleno en el ambiente TIC están preparados, por una cuestión cronológica y de usos cotidianos, para un correcto manejo de las mismas?, ¿pueden considerarse alfabetos digitales sin haber sido educados en su uso? Utilizar un móvil o video juegos de última generación son habilidades que no bastan para ser digitalmente competente. Gran parte de los nativos digitales tienden al fracaso escolar y a cierto ostracismo social, ya que utilizan las TIC para aislarse del mundo exterior, un mundo que ni entienden ni los entiende, una sociedad en la que no se sienten llamados a participar como elementos activos, ni ahora ni en el futuro. En cambio, hay inmigrantes digitales, nacidos con anterioridad a la década de los 80 del pasado siglo, que se esfuerzan por conocer y utilizar las TIC en su vida diaria según gustos o necesidades. Son competentes digitales, al menos en un nivel básico, y son competentes emocionales por su flexibilidad y capacidad de adaptación al entorno. Su propia experiencia de vida en un mundo rápidamente transformado en sus hábitos técnicos, globalizado, híper comunicado (a veces en exceso, algo que también causa problemas emocionales), les indica que lo que hoy es fantasía puede hacerse realidad en el futuro: hace 30 años, muchas de las TIC y sus posibilidades, hoy habituales, eran ciencia ficción. Nada podía hacer imaginar su advenimiento en tan poco tiempo ni que crecerían exponencial y vertiginosamente. Por ello, el interrogante sobre lo que puede deparar el futuro ofrece un buen número de dudas curiosas, ya que la creatividad, la emoción y el ingenio encuentran nuevos cauces de expresión y difusión en las TIC, que, a su vez, son el medio de transmisión actual del genio creador, inventor y emocional del hombre.

En el ámbito educativo, el concepto de competencia se asocia al desarrollo del pensamiento, a la formación y modo en que se aplican unas determinadas estructuras mentales para lograr una visión objetiva de la realidad. Cuando se utiliza el término «capacidad», se indica que el alum- no «ha aprendido a hacer», gracias a su adquisición de conceptos y procedimientos. Así, una persona competente está capacitada para resolver conflictos y saber actuar, desarrollar procesos mentales, interpretar y argumentar diferentes conocimientos y aplicarlos en el día a día. Navío Gámez (2005) considera que las competencias profesionales son un conjunto de elementos combinados (conocimientos, habilidades, actitudes, saberes, etc.) que se integran atendiendo a una serie de atributos personales y profesionales y que se manifiestan mediante determinados comportamientos o conductas en el contexto de trabajo.

La propuesta de la Unión Europea identifica ocho competencias básicas: comunicación lingüística, matemática, conocimiento y la interacción con el mundo físico, tratamiento de la información y competencia digital, social y ciudadana, cultural y artística, aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal. La Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha aña- de una novena: la Competencia Emocional.

La legislación educativa encamina el trabajo escolar, en todos sus niveles, a la adquisición de las citadas competencias, por entender que la suma de todas ellas posibilita la formación integral del ser humano. Destacan dos: una, porque los avances de la técnica la han convertido en obligada y constante presencia en la actividad humana dentro y fuera del aula; otra, porque es una demanda personal para una vida exitosa y en armonía con- sigo mismo y el entorno, ya que la propia sociedad precisa una ciudadanía responsable y comprometida. Nos estamos refiriendo a la Competencia Digital y a la Competencia Emocional respectivamente.

¿Qué es la Competencia Digital? Algunos autores señalan que es la combinación de conocimientos, habilidades y capacidades, en conjunción con valores y actitudes, para alcanzar objetivos con eficacia y eficiencia en contextos y con herramientas digitales. Así, el Tratamiento de la información y Competencia Digital consiste en manejar habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar información y para transformarla en conocimiento, desde el acceso a la información hasta su transmisión en distintos soportes, utilizando las TIC como elemento esencial para informarse, aprender y comunicarse. Disponer de información no produce conocimiento automáticamente y transformar la información en conocimiento exige destrezas de razonamiento (organizar, relacionar, analizar, sintetizar) para comprenderla e integrarla en los conocimientos que se poseen. La Competencia Digital supone comunicar la información y conocimientos adquiridos empleando recursos expresivos que incorporen lenguajes, técnicas y posibilidades específicas que ofrecen las TIC.

¿Qué es ser competente digitalmente? Utilizar las TIC en su doble función de transmisoras y generadoras de información y conocimiento, herramientas en el uso de modelos de procesos matemáticos, físicos, sociales, económicos o artísticos. Se deben manejar estrategias para identificar y resolver los problemas habituales de software y hardware. Aprovechar la in- formación que proporcionan y analizarla de forma crítica mediante el trabajo personal autónomo y el trabajo colaborativo. Usar herramientas para organizar la información, procesarla y orientarla para conseguir objetivos y fines de aprendizaje, trabajo y ocio previamente establecidos, con repercusión en el mundo personal, social y laboral. En síntesis, el tratamiento de la información y la competencia digital implican ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como distintas herramientas tecnológicas. En esta última finalidad, la formación en habilidades emocionales puede ayudar a la consecución de estos fines.

En el campo educativo, las TIC han renovado las metodologías de instrucción permitiendo adaptar los contenidos a los diferentes estilos de aprendizaje de los alumnos. La utilización de programas multimedia implica innumerables ventajas para los estudiantes que presentan estilos de aprendizaje diferentes, frente a las metodologías que se utilizan en la enseñanza tradicional (Montgomery, 1995). De esta manera, las TIC han impulsado el cambio en las metodologías pedagógicas dando paso a entornos de aprendizaje virtuales, caracterizados por la interactividad entre el conocimiento y el estudiante, lo que ha permitido el desarrollo de nuevas habilidades prácticas y mentales de los alumnos. Para Yazón et al. (2002), la utilización de la tecnología potencia un pensamiento diferente sobre la enseñanza y el aprendizaje, siempre que no sea una simple herramienta dirigida por el profesor sino un aprendizaje centrado en el estudiante. Y De Moya et al. (2013) recogen, tras analizar el nivel de conocimientos, usos y actitudes del alumnado universitario hacia las TIC, unos resulta- dos que revelan que los alumnos poseen un conocimiento aceptable sobre éstas pero no así sobre programas multimedia, editores de páginas web, programas educativos de autor y actividades guiadas de búsqueda en Internet. No obstante, es destacable la actitud del alumnado hacia las TIC al considerarlas elemento imprescindible en su vida cotidiana, como herramienta útil para elaborar trabajos, buscar información y completar sus conocimientos académicos.

Algunas conjeturas sobre las aulas del futuro ya son, en parte, una realidad extendida: aceptación universal del ordenador como herramienta de conocimiento, con un protagonismo esencial en todas las facetas y niveles de la educación al igual que en otras esferas; uso de plataformas virtuales en la que se unen la enseñanza presencial con la virtual (e-learning, b-learning, m-learning) donde lo informático adopta el rol de «profesor», mientras los docentes pasan a ser consejeros y mediadores en los procesos de aprendizaje informatizados, ayudando a sus alumnos virtualmente, no de forma presencial. Hoy es impensable concebir la vida en las aulas sin la presencia de las TIC; aunque sigan suponiendo un reto para los docentes, son una necesidad básica, como así lo refleja la legislación educativa al introducir la Competencia Digital y del Tratamiento de la Información.

¿Qué es la Competencia Emocional? Es una competencia básica añadida por el currículo regional de Castilla-La Mancha a todas las etapas educativas y que no figura entre las competencias básicas establecidas por los Reales Decretos estatales de enseñanzas mínimas. Podemos definirla como la capacidad que poseemos de percibir los sentimientos propios y de los demás, distinguir entre ellos y servirse de esa información para guiar el pensamiento y la conducta de uno mismo, explicación que se aplica también a la Inteligencia Emocional, base de la misma (Salovey y Mayer, 1990). Consiste en desarrollar en todas las personas el conocimiento de los mecanismos de control de las diversas emociones (amenaza, miedo, ira, tristeza, alegría, curiosidad, sorpresa, asco, entre otras) y la consecución de sensaciones de optimismo y motivación por el aprendizaje, en aprender a hacer frente a situaciones de ansiedad y sentimientos depresivos mediante el desarrollo del autocontrol y el manejo de las interferencias que se producen en situaciones de aprendizaje. Ahora bien, ser conscientes de las emociones implica ser hábil en múltiples facetas: percibimos nuestros estados de ánimo y afectivos al tiempo que se evocan emociones ante de- terminados objetos o situaciones; se reconocen las emociones de los otros a través del lenguaje no verbal y se aprecia el valor emocional de un evento o situación social.

En definitiva, la competencia emocional ajusta el autoconcepto y la autoestima de las propias características individuales. La única forma de evaluar el grado de conciencia emocional está unida a la capacidad que se tiene de poder describir sentimientos y emociones, expresarlos con palabras y darles una etiqueta verbal correcta. No en vano, la expresión emocional y la revelación del acontecimiento causante del estrés y otras alteraciones psicológicas son el eje central de cualquier terapia.

¿Qué es ser competente emocionalmente? Una persona competente emocionalmente se conoce a sí mismo (pensamientos, valores, sentimientos, aspiraciones) y se valora, intenta controlar lo que siente para optimizarlo, sabe comunicarse, expresar las propias ideas y escuchar las ajenas, se esfuerza por conocer a los demás y entender sus comportamientos a través de la empatía, crea vínculos afectivos con su entorno y está preparado para formarse como un correcto y ampliamente competente ciudadano del siglo XXI, al ser una persona activa, segura, confiada, reflexiva y responsable.

Las personas que son emocionalmente competentes pueden reflexionar sobre cómo y cuándo usar, para que sean efectivas, habilidades como la automotivación, el control de impulsos, la independencia, la iniciativa, la perseverancia, obtener el máximo rendimiento de sus capacidades, saber traducir el pensamiento en acción, completar tareas, no temer el fracaso, no postergar, aceptar el reproche justo, rehusar la autocompasión, equilibrar el trabajo, aplazar la gratificación, tener una razonable autoconfianza y creencia en alcanzar metas, superar las dificultades personales y equilibrar el pensamiento analítico, el creativo y el práctico (Sternberg, 1997: 263-280).

¿Es incompatible o excluible la competencia emocional respecto a la competencia digital. Es decir, ¿es posible que se complementen la una a la otra?, ¿puede ser factible que interfieran positivamente entre sí y se perfeccionen una a otra? Pensamos que es falso considerar que la adquisición y desarrollo de la competencia digital lleva implícito anular la competencia emocional por considerar que las TIC no desarrollan la inteligencia emocional ni el ser sensible. Las TIC son un canal perfecto de transmisión de emociones: su dominio produce en el usuario cierta satisfacción personal al comprobar que domina cosas nuevas, que descubre diferentes aplicaciones, que amplía sus campos de conocimientos. Es decir, las TIC trabajan competencias como el aprender a aprender, la autonomía personal y el saber hacer, y todo ello forma parte de la competencia emocional.

Un competente digital y emocional está capacitado, no sólo para aprender, sino también para participar en la vida pública como miembro activo y responsable. Las Redes Sociales (Tuenti, Facebook, MySpace, entre otros) pueden ayudar a elaborar la identidad personal; a fijar unas metas de compromiso personal para la obtención de un mundo mejor; permitir la participación activa en la vida pública (diferentes asociaciones, expresión de opiniones); fomentar actitudes empáticas y tolerantes (diálogo, respeto, consenso); desarrollar una visión crítica frente a la manipulación de algunos medios de comunicación gracias al análisis reflexivo y la argumentación (Martin Cuadrado, 2011, p. 4-5)

De la misma manera que se aprende a leer un libro en la escuela se debe aprender a manejar un ordenador en el aula. Despertar el gusto y el correcto manejo por ambas herramientas para adquirir conocimientos, saber hacer un uso y un consumo responsable de las mismas, desarrollar la creatividad y fomentar el crecimiento personal (entre otras), es tarea que compete al docente. La preferencia que éste sienta por uno de ambos cana- les de saber y madurez no implica anular el cultivo del otro porque nuestro mundo nos exige educar y estar capacitados para ser competentes en el conocimiento y la utilización de ambos medios. Por tanto, es necesario que docentes y centros educativos trabajen la Competencia Digital y la Competencia Emocional para que los usuarios vitalicios de las TIC sean adultos preparados para afrontar los diversos retos de esta sociedad de la información y el conocimiento en la cual nos ha tocado vivir.

Conclusiones

Toda creación obedece a un proceso de comunicación. Cambian los tiempos y, con ellos, cambian modas y costumbres aunque hay cosas que permanecen como el elemento creador del ser humano. Éste, en un proceso creativo de adaptación y evolución, sigue generando arte y ciencia a través del uso de las TIC. Por ello, para conseguir el desarrollo integral formativo del individuo y ayudarle a crecer como persona, es necesario educar correctamente en la competencia digital y en la emocional.

En este momento histórico, las TIC son los canales utilizados por un número casi incalculable de personas para la comunicación interpersonal e intrapersonal, pilares básicos de la inteligencia emocional. Se han con- vertido en un fenómeno imprescindible, casi vital, para gran parte de la población, en especial para los jóvenes. Han supuesto una gran revolución en todos los órdenes de la existencia humana siendo un elemento de fuerte impacto sociológico, posiblemente tan inmenso, que aún no existen suficientes estudios que puedan calibrarlo en toda su intensidad.

La facilidad o naturalidad en la comprensión y el uso de las TIC casi identifica la frontera, la división generacional, entre los «nativos digitales» (nacidos a partir de 1982, inicio de la comercialización digital) frente a los «inmigrantes digitales» (nacidos anteriormente), para calificar o encuadrar, respectivamente, a los más jóvenes, acostumbrados al mundo de los botones desde niños, frente a los de mayor edad que deben esforzarse mucho más para conocer y manipular los nuevos medios tecnológicos. Sin embargo, muchos jóvenes y niños no usan correctamente, con calidad y eficacia, las tremendas posibilidades que ofrece el inmenso universo digital. A pesar de su rapidez de reflejos tecnológicos no están capacitados, no son competentes, para obtener la información correcta para su trabajo académico, no distinguen la fiabilidad de la información y son extremadamente ingenuos en la relación social a través de las TIC.

Las TIC pertenecen, por pleno derecho, al mundo actual por lo que hay que asumirlas, aprender a manejarlas y salvar en lo posible la distancia generacional entre nativos y emigrantes digitales. Son la mejor respuesta de futuro para los alumnos de hoy, llamados a ser profesionales y ciudadanos de la sociedad-red del mañana.

Referencias bibliográficas

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*El presente artículo pertenece al libro LAS TIC EN EL AULA DESDE UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR. APLICACIONES PRÁCTICAS.  EDITORIAL OCTAEDRO S. L., BARCELONA, 2013. R. Cózar y Mª. V. De Moya (coords.). Págs.  13-28

María del Valle de Moya Martínez y Ramón Cózar Gutiérrez