Concierto extraordinario. Opus 23. Madrid

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Recién estrenado el verano, el 24 de junio, la joven orquesta Opus 23 ofreció un concierto extraordinario por los jóvenes en el Auditorio Nacional de Madrid. Y extraordinario fue, en todos los sentidos, no solo por la interpretación de la orquesta, que arrancó ovaciones del público, sino por la dirección de Andrés Salado y por las interpretaciones de sus solistas: el trompetista Manuel Blanco, la pianista Judith Jáuregui y la violinista Leticia Moreno.

La tarde arrancó con el Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, HOB:VIIE de Haydn. La orquesta –no al completo en esta primera pieza– comenzó con una energía y un tempo correctamente. Si acaso, lo que más se podía lamentar era la acústica del recinto: una sala sinfónica para un concierto clásico y una orquesta “menguada” hacían que el sonido estuviera amortiguado en exceso, menguando la brillantez sonora orquestal que caracteriza a estas piezas. Pero la entrada de la trompeta de Manuel Blanco hizo olvidar esto en buena parte: todo el auditorio pudo ser testigo de su maestría al instrumento y su limpieza técnica, que quedó patente en el tercer movimiento del concierto. El auditorio supo apreciar su interpretación, y a continuación orquesta y solista nos regalaron una bellísima interpretación de Oblivion, (A. Piazzola).

La siguiente pieza fue la Gran polonesa Brillante en Mi bemol para piano y orquesta, Op. 22 de Chopin, interpretada por Judith Jáuregui. Igualmente, la experimentada –y joven– pianista regaló el oído a todo el auditorio, que parecía absorto en el sonido del piano y en la forma en que fraseaba la pieza, en una interpretación tan delicada, sentida e intensa, que consiguió cautivar al auditorio.

Y la pieza que puso fin a la primera parte fue Tzigane, M. 76 de Ravel, una pieza para orquesta y violín, interpretada por Leticia Moreno, que deleitó también al auditorio con una apasionada interpretación.

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La segunda parte de la velada fue enteramente orquestal, y puso de manifiesto la energía y gran profesionalidad de sus integrantes, guiados por Andrés Salado. Opus 23 es una orquesta joven, por la edad media y por sus años de existencia (nació en 2012). Pero sin que esto suponga lastre alguno, la orquesta sabe aprovechar todas las ventajas que conlleva el ser una organización joven. La interpretación de la primera pieza de la segunda parte, la Suite del ballet estancia, Op. 8A, de Ginasterra, fue sencillamente magistral y todo el auditorio pudo ser testigo de la complicidad entre los músicos, especialmente entre la percusión, brillante, precisa.

Un americano en París, de Gershwin, puso el punto y final a una velada francamente fresca, sorprendente y en la que una orquesta jovencísima sorprendió por su gran calidad interpretativa, su energía y su buen ambiente, que supieron transmitir a todo el auditorio.

Eva Represa