No deja de ser paradójico que una de las óperas más discutidas del repertorio sea también una de las que mejor resisten las reinterpretaciones contemporáneas. Così fan tutte parece escrita para provocar a cada generación, obligándola a enfrentarse a sus propias ideas sobre el amor, la fidelidad, el deseo y la identidad. La nueva producción de Teatro Grattacielo, presentada en la mítica sala neoyorquina La MaMa bajo la dirección musical de Abdiel Vázquez y con la dirección escénica debutante de Cate Pisaroni, revisita con éxito el clásico mozartiano y lo convierte en el eje de una propuesta inteligente, divertida y sorprendentemente madura.

El espectáculo descansa sobre los hombros de una pareja de creadores cuya complicidad artística resulta evidente desde el primer compás. El director de orquesta mexicano Abdiel Vázquez asume la responsabilidad musical con una versión reducida de la partitura realizada por Jonathan Lyness a la medida de las necesidades de este formato. En esta reducción instrumental, la propuesta conserva la esencia dramática y musical de Mozart, seleccionando con inteligencia los momentos de mayor relieve expresivo y sacrificando aquellos episodios cuya ausencia apenas afecta al desarrollo teatral. El resultado es un Così más ágil, directo y fresco, perfectamente adaptado a una compañía joven y a un espacio íntimo como La MaMa.
Dirigiendo desde el piano, Vázquez demuestra nuevamente una de sus mayores virtudes: una extraordinaria capacidad para escuchar. Su dirección no impone una visión cerrada, sino que inspira a los músicos en su lectura, corrige sin exhibirse, sostiene sin invadir y respira (y canta) constantemente junto a los solistas. Su espíritu artístico, directo y natural, pero ya maduro, se derrama sobre los intérpretes. Quizá esa sensación de frescura y naturalidad en el podio provenga de su profundo conocimiento de la voz como instrumento o de su evidente amor por el género. Vemos, pues, intuición, orden y generosidad en su trabajo, cualidades que permiten que la música de Mozart fluya con facilidad, y son rasgos de madurez artística. Resulta difícil imaginar un director más adecuado para un proyecto de estas características.

Más allá de lo musical, quizá la gran sorpresa de la producción fue Cate Pisaroni. Aunque ampliamente conocida en el panorama operístico estadounidense por su trayectoria en distintos ámbitos de la profesión, este Così fan tutte supone su debut como directora de escena. Y el estreno es de lo más prometedor.
Su propuesta traslada la acción al universo emocional de las relaciones contemporáneas, donde las parejas abiertas, la búsqueda de la identidad personal y las múltiples formas del afecto sustituyen al rígido marco moral del siglo XVIII, pero sin traicionar el verdadero núcleo de la obra. Lejos de utilizar la actualidad como un mero recurso superficial, Pisaroni demuestra haber comprendido que el verdadero tema de Così nunca fue la infidelidad, sino la fragilidad de las certezas humanas.
La directora incluso se reserva un pequeño papel escénico, una decisión poco habitual que, sobre el papel, podría parecer un innecesario ejercicio de protagonismo. No es el caso.
El personaje es más un aliado del espectador, acaso un espectador en escena, el único que conoce el (inesperado) final, pero más narrador que deus ex machina. Lejos de ser una concesión al ego de la directora, su aparición en escena, armada con un ipad y sus alas olímpicas, amén de dejar patentes sus inusitadas dotes de actriz, convierte el espectáculo en una conversación abierta que permite disfrutar de la música, reír, pensar, emocionarse, todo con una eficacia inusitada en una dirección debutante.
El Cosi de Pisaroni es una historia actual en la que unos jóvenes de hoy se enfrentan a los problemas del amor, la amistad, el sexo, el yo, el otro. La propuesta es esencial, pero no esquemática, y va al meollo de la obra, que, en sus manos, aparece como un torrente de significado artístico, tan entretenido como elocuente. Con un enorme respeto a la música, y menos respeto al libreto, Pisaroni cae irremediablemente en todas las faltas de los directores debutantes: el adanismo conceptual, la irreverencia impostada, la manida cosmología posmoderna… pero lo mejor es que lo hace a sabiendas, sin reparos, de una manera tan honesta que por momentos resulta una ironía contra sí misma. Este mordaz juego de significados nos parece sincero, inspirado y brillante, casi académico en su sencillez, y muestra una directora con los mimbres necesarios para convertirse en una de las voces escénicas más relevantes: conocimiento y respeto por la obra original, humor y profundidad intelectual, profesionalidad y claridad expositiva, y una sorprendente capacidad para comunicar ideas profundas con apenas recursos escénicos.
La propuesta visual, inspirada en la estética de la América profunda y el minimalismo teatral, encuentra excelentes aliados en el trabajo del escenógrafo Oscar Escobedo, los asistentes de dirección Rubén Sosa y Hala Shah, la iluminación de Will Rossiter y el vestuario diseñado por Anabel Simotas. Todo el equipo transmite una impresión de profesionalidad, entrega y coherencia estética muy superior a la que cabría esperar de un grupo creativo tan joven.

El reparto estuvo integrado por voces emergentes de apreciable interés, capaces de afrontar con compromiso una partitura que nunca concede facilidades. En la función del 17 de julio destacó especialmente la Fiordiligi de la soprano Lina Chung, dueña de una técnica sólida y de un timbre luminoso que permitió afrontar con seguridad las grandes exigencias del personaje. La mezzo Mairin Srygley ofreció una Dorabella de rica paleta tímbrica y gran musicalidad, mientras que Giovanna Yang construyó una Despina llena de carisma, espontaneidad y excelente presencia escénica.
Entre las voces masculinas sobresalió la seguridad vocal del barítono Young Kwang Yoo como Guglielmo, la eficaz vis comica de Nicola Ziccardi en Don Alfonso y la sensibilidad musical del tenor Ricardo Díaz como Ferrando. Todos ellos capearon con solvencia los continuos desafíos de la escritura mozartiana, ofreciendo una interpretación comprometida y de notable nivel artístico.
Teatro Grattacielo vuelve a demostrar que la calidad artística no depende del presupuesto sino de las ideas. Este Così fan tutte encuentra un equilibrio poco frecuente entre reflexión intelectual, entretenimiento y compromiso musical. Pero, sobre todo, deja la sensación de haber asistido al nacimiento de una directora de escena con una voz propia que merece ser seguida de cerca. Si este es el punto de partida de Cate Pisaroni, es difícil no sentir curiosidad por descubrir cuál será su próximo destino artístico.
★★★★☆
Teatro La MaMa (Ellen Stewart Theater) de Nueva York, 17 de julio de 2026. Così fan tutte, ópera en dos actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto de Lorenzo da Ponte, presentada en una versión con orquestación reducida de Jonathan Lyness.
Producción de Teatro Grattacielo. Dirección musical: Abdiel Vázquez. Dirección de escena: Cate Pisaroni. Asistentes de dirección: Hala Shah y Rubén Sosa. Escenografía: Óscar Escobedo. Iluminación: Will Rossiter. Vestuario: Anabel Simotas. Atrezzo: Gregory Pernicone Jr. Maquillaje: Affan Malik.
Reparto: Lina Chung (Fiordiligi), Mairin Srygley (Dorabella), Giovanna Yang (Despina), Ricardo Díaz (Ferrando), Young Kwang Yoo (Guglielmo) y Nicola Ziccardi (Don Alfonso).











