OW Crítica: «Andrea Chénier» Bilbao Fabiano Por Natan González
Tras una temporada muy vinculada al repertorio italiano (lo que viene ocurriendo en los últimos años y que continuará también en la próxima), ABAO-Bilbao Opera cerraba esta temporada con su segundo título “verista”, Andrea Chénier, apostando por las grandes voces para dar un cierre brillante a la temporada 2025/2026. Y, en general, lo consiguieron, con algunas excepciones.
La escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda era relativamente sencilla, pero funcional: un plano central inclinado y dos paredes en ángulo que cerraban el fondo, y que cambiaban en casa acto. El primer acto nos trasladaba inmediatamente a un palacio rococó, siendo quizá la escena más lograda. Los actos restantes dejaban las paredes laterales en un estado más ruinoso, avanzando la degeneración progresiva de la revolución. En el cuarto acto, que transcurre en la prisión de Saint-Lazare, curiosamente, se recuperaban la lámpara de araña y el sofá que adornaban la primera escena, y no dejaba de resultar curioso que Gerard terminara la ópera arrodillado ante el mismo “azzurro sofa” que había colocado al comienzo, sólo que ahora ajado y raído. Se agradece, en todo caso, la rapidez con la que se realizaron los cambios de escenario, ya que, con su media hora de intermedio y cuatro escenas diferentes, la duración de la función fue de unas 2 horas y 40 minutos. La iluminación y el vestuario resultaron excelentes para trasladarnos a la época de la acción. La dirección escénica de Alfonso Romero Mora respetó en general las indicaciones del libreto y solucionó con acierto las escenas de conjunto, pero destacó en especial el dramatismo conseguido en la escena del barítono y la soprano del tercer acto, beneficiándose sin duda del talento de los dos intérpretes. Entre los mayores errores, en todo caso, hacer que Gerard cantara sus frases en la escena del juicio “Qui la giustizia ha nome tirannia! Qui è un orgia d’odi e di vendette!” de espaldas al auditorio, ya que, gracias a la inadecuada acústica del Euskalduna, resultaron inaudibles. Crítica: «Andrea Chénier» Bilbao Fabiano

La Orquesta Sinfónica de Bilbao sonó brillante y bien conjuntada, gracias a la impagable labor del debutante en ABAO Guillermo García Calvo. El madrileño supo concertar a instrumentos y voces, controlando el volumen para no tapar a los solistas, acompañó con precisión (excepto algún desajuste con el barítono en el dúo del tercer acto con la soprano) y supo sacar un sonido brillante y dramático. Su control de los tempi fue muy interesante, alargando un tanto ciertas frases del dúo final que contribuyeron a aumentar la tensión dramática, y remató la función con un diminuendo-crescendo en el acorde final que a buen seguro fue un factor decisivo en la prolongada ovación que recibió al final. El coro de la ópera de Bilbao mantuvo también un buen nivel, destacando en el desfile del segundo acto y, sobre todo, en la escena del juicio del tercer acto.
Andrea Chenier es una ópera que requiere un plantel bastante grande de solistas, a los que hay que añadir un elevado número de personajes que aparecen pero no cantan, y ABAO-Bilbao Opera no escatimó en el uso de figurantes para ello. Pasando a los solistas, varios de ellos cantaban más de un papel. Gexan Etxabe destacó más con las contundentes frases de Dumas que con las más amplias del carcelero, pero hay que destacar también la velocidad a la que tuvo que cambiarse de ropa entre los actos III y IV. José Manuel Díaz pintó un Fléville caricaturesco y un poderoso e implacable Fouquier-Tinville. Fernando Latorre se hizo cargo del caricaturesco rol de Mathieu, recurriendo en ocasiones a los tics cómicos tan propios del rol, pero luciendo algunas frases de canto noble que no siempre asociamos al papel; se notaron sus tablas y años de experiencia. Veta Pilipenko fue una pizpireta Bersi, pero en su monólogo del segundo acto su voz sonaba pequeña y algo velada. Gabriel Alonso fue un emotivo Roucher, aunque tampoco iba sobrado de volumen. Nancy Fabiola Herrera interpretó adecuadamente a la condesa de Coigny, pero destaco más sin duda con su emotiva Madelon. Y Jorge Rodríguez-Norton estuvo espléndido tanto a nivel vocal como escénico, en su doble cometido como Abate y Incredibile.
Juan Jesús Rodríguez cantaba por segunda vez esta temporada (tras el Carlo de La forza del destino), y volvió a brillar a gran altura. Gerard es el antagonista de la ópera, es cierto, pero nunca se nos llega a presentar como un villano, y Rodríguez supo captar la esencia del personaje. Ya en su primera intervención pasó de la ironía al patetismo con soltura y lució su enorme registro agudo con la frase “Figlio di servi, e servo, qui, giudice in livrea, ti grido: È l’ora della morte!”. En el tercer acto sacó buen partido de todos sus monólogos, siendo el “Nemico de la patria” uno de los mejores momentos de la noche. Nadie a estas alturas duda de la gran voz del onubense, pero con este Gerard ha demostrado ser además un artista capaz de transmitir todas las emociones que siente su personaje, que no son pocas precisamente. Crítica: «Andrea Chénier» Bilbao Fabiano

Michael Fabiano se hizo cargo del rol protagonista, con un resultado irregular. Su voz, otrora bellamente lírica, quiere ahora sonar oscura, dramática. Y ello provoca que el agudo en michas ocasiones se quede en su garganta, suene mate, sin volumen. Su “Un dì all’azzurro spazio” fue una demostración de canto duro, forzado, ajeno a la poesía del personaje. En el segundo acto mejoró, con algunas bellas frases (nadie duda que sabe cantar unos buenos pianísimos cuando lo desea), pero su constante uso de portamentos haría palidecer al mismísimo Corelli, y su tendencia al canto en mezzo-forte no encajaba con la ensoñación del poeta. La complicidad con la soprano le ayudó a cantar un muy buen dúo al final del segundo acto, y en el tercer acto cantó un enérgico “Sì, fui soldato”. Pero en el acto final, el “Come un bel dì di maggio” volvió a dejar al desnudo los problemas anteriores, calando ostensiblemente el agudo final que le costaron la casi total ausencia de aplausos al terminarla. De nuevo, con la ayuda de la soprano, consiguió superar los terribles escollos del dúo final, pero el resultado en su conjunto fue agridulce.
Y dejamos para el final a la gran triunfadora de la noche, la Maddalena di Coigny que cantó Saioa Hernández. Con estas funciones debutaba en ABAO-Bilbao Opera, y es de suponer que había gran expectación por escucharla. Comenzó la ópera transmitiendo correctamente la inocencia del personaje, pero fue a medida que el dramatismo de su rol aumentaba cuando más conseguía destacar. Ya con el “Eravate posente” del segundo acto demostró su gran valía: una voz de enorme caudal, hermosa, oscura, pero capaz de un canto legato más que solvente (aunque en ocasiones el abuso en los ataques di forza lo lastre un tanto). Su “La mamma morta” fue dramáticamente electrizante, e incluso hubo amagos de solicitar el bis entre el público. La voz es tan grande que le cuesta apianar en la zona alta, pero su grave, aunque de color un tanto irregular, es robusto pero flexible, y terminó el aria con unas frases impecablemente cantadas a media voz (“corpo di moribonda è il corpo mio…”). Y en el dúo final sus agudos sonaban como puñaladas, precisos y potentes. Fue sin duda la gran triunfadora de la noche, vista la gran ovación que le dio el público bilbaíno. Un público que a bien seguro estará deseando volver a verla cantar en el Euskalduna. Sería una buena ocasión para que ABAO-Bilbao Opera se anime a recuperar tras muchos años La Gioconda o a estrenar en sus temporadas títulos como La Wally, Fedora o Francesca da Rimini, que la soprano ya ha cantado en otros teatros. Por pedir, que no quede.
Bilbao (Palacio Euskalduna), 27 de mayo de 2026. Andrea Chenier, ópera en 4 actos con música de Umberto Giordano y libreto de Luigi Illica, basado libremente en la vida del poeta francés André Marie Chénier (762-1794), estrenada en el Teatro de La Scala de Milán el 28 de marzo de 1896.
Orqiesta Sinfínica de Bilbao; Director: Guillermo García Calvo. Coro de la ópera de Bilbao, director Esteban Urzelai. Director de Escena. Alfonso Romero Mora. Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda. Iluminación: Félix Garma. Vestuario: Gabriela Salaverri. Coreografía: Sergio Fontán.
Reparto: Michael Fabiano (Andrea Chenier), Saioa Hernández (Maddalena di Coigny), Juan Jesús Rodríguez (Carlo Gérard), Nancy Fabiola Herrera (Contessa di Coigny/Madelon), Veta Pilipenko (Bersi), Gabriel Alonso (Roucher), Jorge Rodríguez-Norton (Abate/Incredibile), Fernando Latorre (Mathieu), José Manuel Díaz (Fléville/Fouquier-Tinville), Gexan Etxabe (Mayordomo/Dumas/Schmidt). Crítica: «Andrea Chénier» Bilbao Fabiano













