Crítica: Angelo Villari fue «Otello» en el Teatro Real

OW  Por Daniel Lara Crítica: Angelo Villari «Otello» Real

Pocos teatros pueden darse el lujo, considerando la escasez actual de voces dramáticas, de programar el Otello verdiano con tres excepcionales interpretes alternando en la parte protagonista. El Teatro Real puede presumir de ello. Tercer tenor propuesto por el coliseo madrileño, Angelo Villari, para su Otello de inauguración de temporada, dejó una muy grata impresión en su doble debut, en la casa y en la parte. El tenor italiano cumplió su cometido de modo admirable y al que, habida cuenta de su desempeño, puede presagiársele un exitoso futuro en la grandiosa parte del moro de Venecia. De su labor, hay que resaltar ante todo su vocalidad que, desde la primera a la última nota, tuvo una enorme solidez, nunca mostró flaquezas ni debilidades y evidenció un minucioso estudio previo del personaje. Poseedor de una voz de gran riqueza tímbrica, que adquiere notable esplendor en el registro central, alcanzó con gran facilidad agudos potentes e imponentes y graves de robusta y bien esmaltada hechura. Otro punto a favor de su caracterización y que le llevó mucha agua a su molino, fue la meticulosa dedicación que prestó a la pronunciación de cada palabra con la que bordó un fraseo soñado con el que extrajo toda la intención posible del texto de Boito. Finalmente, redondeó su excepcional debut una entrega escénica de gran compromiso y espontaneidad.

Airam Hernández en una escena de «Otello» / Foto: Javier Del Real

Sus interacciones con el barítono en el segundo acto coronadas con un “Si, pel ciel marmoreo giuro!…” electrizante, su dramático monólogo “Dio! mi potevi scagliar…” y su “Niun mi tema…” de amorosa y sentida factura le permitieron hacerse de un merecido triunfo personal. Junto a este, el otro gran protagonista de la noche fue el barítono italiano Franco Vassallo cuyo remarcable alférez Yago, de diabólica, traicionera y manipuladora composición, concentró toda la atención en cada una de sus intervenciones. En un momento de pletórica vocalidad, el barítono italiano supo sacar buen partido de su parte para lucir una voz suntuosa, extensa, homogénea de color y generosa en matices y medias voces que condujo con un perfecto dominio técnico. Su destacó además por su canto de perfecto estilo verdiano y su refinamiento interpretativo. Su “Credo in un Dio crudel…” cantado con descomunal fuerza dramática y gran variedad de acentos expresivos fue uno de sus mejores momentos vocales de la noche. Otro lujo desmedido fue contar con el talentoso tenor español Airam Hernández quien, a cargo del honesto y apuesto oficial Cassio, exhibió una voz luminosa, generosa, extensa y de atractivo color y un canto expresivo, seductor y de exquisito buen gusto. Capitaneando el reparto femenino, la soprano italiana Maria Agresta fue una convincente Desdémona. Su voz lirica, bien esmaltada, de línea homogénea y de notable habilidad para el canto de medias voces y “en piano” dotaron de toda la fragilidad requerida a la parte de la inocente esposa de Otello.  Hábil fraseadora, Agresta lo dejo todo en su “canción del sauce”, en su posterior plegaria “Ave Maria” y en su confrontación final con Otello, inolvidables momentos de su prestación. A su lado, la veterana mezzosoprano albanesa Enkelejda Shkoza cumplió su cometido con mucho oficio y unos medios vocales aun solventes la parte de la confidente Emilia. Crítica: Angelo Villari «Otello» Real

Todos los personajes secundarios fueron cubiertos con efectividad, de entre los que destacó el embajador veneciano Ludovico del talentoso bajo surcoreano In Sung Sim. El coro de la casa, al que se lo escuchó perfectamente preparado, empastado y potente bajo la dirección del argentino José Luis Basso, fue otro de los pilares del éxito de la representación. Desde el foso, en perfecto conocimiento de la partitura y con pulso firme, el italiano Nicola Luisotti, director invitado principal de la orquesta de la casa, hizo una lectura electrizante, nunca exenta de tensión y de gran variedad de colores, a la que algunos decibeles menos hubiesen evitado poner en problemas a los cantantes.

La producción escénica de la casa en coproducción con la English National Opera y la Kungliga Operan de Estocolmo que firmó el director de escena americano David Alden trasladó la acción del siglo XVI a finales del siglo XIX e inicios de la primera guerra mundial e hizo foco en el laberinto psicológico interno del protagonista y sus conflictos por sentirse “diferente” en medio de una sociedad que, si bien lo ha ascendido por sus méritos militares, lo excluye y no lo considera parte de esta. El resulta fue un espectáculo que, aun con algunas licencias e inconsistencias, funcionó logrando llevar la acción a buen puerto sin provocarle mayores dolores de cabeza a la audiencia más conservadora de la casa. Minimalista, poco atractiva, pero funcional la escenografía, y discreto pero desangelado el vestuario, ambos diseñados por Jon Morrell. Importantes contribuciones hicieron a la vertiente visual, el acertado tratamiento lumínico de luces y sombras de Adam Silverman, así como las estudiadas coreografías de Maxime Braham. Buena recepción del público, ovaciones interminables para cada uno de los intérpretes una vez caído el telón.

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Madrid (Teatro Real), 3 de octubre de 2025. Giuseppe Verdi Otello Producción del Teatro Real, en coproducción con la English National Opera y la Kungliga Operan de Estocolmo.

Dirección musical: Nicola Luisotti.  Dirección del coro: José Luis Basso. Dirección de escena: David Alden.

Elenco: Angelo Villari, Franco Vassallo, Airam Hernández, Albert Casals, In Sung Sim, Fernando Rado, Maria Agresta y Enkelejda Shkoza.

Orquesta y coro titulares del Teatro Real.

Pequenos Cantores de la ORCAM.