Crítica: «Anna A», estreno absoluto en el Teatro alla Scala de Milán

OW Por Bernardo Gaitán Crítica «Anna A.» Scala Milán

Un gran proyecto con cimientos femeninos se vivió en el Teatro alla Scala con el estreno mundial de Anna A., una nueva ópera comisionada por el coliseo milanés que, por primera vez en su historia, encargó una creación a una compositora. La elegida fue nada menos que Silvia Colasanti, hoy la compositora italiana viva más interpretada, quien escribió una obra sobre la dramática y desdichada vida de la poeta Anna Ajmátova. La dirección musical de las primeras funciones estuvo también a cargo de una mujer, reforzando el carácter simbólico de esta producción. Con libreto del escritor y eslavista Paolo Nori, la ópera —en un solo acto— narra la historia de la poeta rusa cuya voz de verdad y resiliencia sobrevivió al régimen de terror de Stalin. Crítica «Anna A.» Scala Milán


Una escena de «Anna A.» en la Scala de Milán / Foto: Brescia & Amisano

La partitura de Colasanti, de unos setenta minutos de duración, resulta ágil, transparente y sorprendentemente accesible. Está construida con una economía de medios casi minimalista. Afortunadamente, la propuesta de la compositora romana se distancia del estereotipo de cierta música contemporánea cargada de atonalidades, cadencias extravagantes o ritmos distorsionados. Colasanti emplea una orquesta tradicional, a la que confía frases melódicas y armónicas reconocibles para el oído europeo, sin renunciar a la modernidad. El resultado es una música viva, elegante y comunicativa. La partitura incluye danzas con esencia de cabaret, arias de intensa carga dramática, pasajes corales de gran fuerza y concertantes de notable lirismo. Hay momentos de profunda intimidad, ironía y tragedia, con referencias a Shostakovich, Rachmaninov y Britten, aunque filtradas por una sensibilidad italiana muy atractiva. La música alterna texto hablado, canto lírico y una suerte de “conversación cantada”, creando un flujo continuo de sonido y significado.

“Siempre me ha fascinado la literatura rusa”, declara Colasanti en el programa de mano. “La vida de Ajmátova, su valentía, su arte, representan el momento en que la poesía se encuentra con la historia, cuando el dolor privado se convierte en verdad política.” La escena más conmovedora, el Coro de Madres, retrata a las mujeres que esperan frente a las cárceles de Leningrado: sus voces se funden en un réquiem colectivo. En este punto, Ajmátova se erige en la voz de todos los que soportaron un dolor indescriptible y lo transformaron en dignidad.

Nacida en Odesa en 1889, Anna Ajmátova fue una de las voces poéticas más poderosas y valientes del siglo XX. Figura destacada del acmeísmo ruso —movimiento literario que buscaba claridad y precisión frente al simbolismo—, vivió en carne propia la violencia ideológica del régimen soviético: su primer marido, el poeta Nikolái Gumiliov, fue ejecutado; su hijo Lev, encarcelado; su compañero Nikolái Punin, muerto en un gulag. Anna A. no relata estos hechos de forma lineal, sino a través de un torrente de recuerdos que resurgen en la mente de una mujer moribunda. La acción transcurre en un sanatorio de Domodédovo, cerca de Moscú, donde la anciana poeta, acompañada por su amiga y escritora Lidija Chukóvskaya, revisita fragmentos de su vida. Los diálogos presentes se alternan con visiones habitadas por los fantasmas de su pasado: poetas, amantes, amigos y víctimas. Entre todos ellos, la sombra silenciosa de su hijo Lev se convierte en el centro gravitatorio de su memoria.

Una escena de «Anna A.» en la Scala de Milán / Foto: Brescia & Amisano

Junto a figuras históricas de la literatura rusa como Boris Pasternak, Ósip Mandelstam, Marina Tsvetáieva y Mijaíl Bulgákov, Nori y Colasanti introducen un personaje alegórico particularmente interesante: Il Potere (El Poder), una escalofriante encarnación de la autoridad intransigente y despiadada. Aunque evoca al gobierno soviético de la época, su presencia tiene resonancias universales y actuales. Este personaje mantiene el drama bajo una tensión constante, como un régimen invisible que nunca se disuelve. Crítica «Anna A.» Scala Milán

La dirección escénica de Giulia Giammona es discreta pero altamente funcional. Su enfoque minimalista encaja con la naturaleza introspectiva de la obra y la revitaliza mediante el uso de material multimedia, canto y actuación en un mismo espacio. La escenografía de Lisa Behensky sitúa la acción dentro de una estructura geométrica blanca, dividida por velos transparentes sobre los que se proyectan los videos de Martin Mallon: fotografías de archivo, imágenes poéticas y escenas oníricas. El vestuario de Giada Masi, especialmente el de las tres “Annas” —niña, joven y anciana—, vestidas de azul y amarillo, evoca discretamente los colores de la bandera ucraniana o de la comunidad europea, sugiriendo una continuidad entre las luchas del pasado y las del presente.

La Orquesta de la Accademia Teatro alla Scala, bajo la dirección de Anna Skryleva —que compartirá el podio en las siguientes funciones con Bruno Nicoli y Paolo Spadaro—, ofreció una lectura disciplinada y sensible, modelando las texturas de Colasanti con luminosa precisión. Skryleva dirigió con firmeza y claridad, aportando fluidez natural a una partitura de gran complejidad. El Coro Juvenil de la Accademia, preparado por Dario Grandini, brilló especialmente en las secciones corales, en particular en el Coro de Madres, eje emocional de la obra.

Una escena de «Anna A.» en la Scala de Milán / Foto: Brescia & Amisano

El papel protagonista se divide entre dos intérpretes: la actriz Elena Ghiaurov como la Anna del presente y la soprano Laura Lolita Perešivana como la Anna del pasado. Ghiaurov, distinguida actriz teatral, domina el personaje con una expresividad escultórica y una voz oscura y pulida, que conjuga fragilidad y fuerza. Perešivana, por su parte, aporta una voz radiante y fluida, de agudos luminosos, que transmite inocencia y despertar artístico. La actriz Carlotta Viscovo ofrece una interpretación tierna y humana de la amiga Lidija Chukóvskaya, mientras que Aleksandrina Mihaylova (Nina Berberova / Marina Tsvetáieva) destaca por su tono cristalino y su claridad emocional. Haiyang Guo (Ósip Mandelstam) se impone con una convicción política palpable y una voz firme y brillante, mientras que la mezzosoprano Valentina Pluzhnikova aporta calidez y flexibilidad en sus papeles de Zinaida Guippius y Nadezhda Mandelstam. Entre los hombres, Wonjun Jo (Gumiliov / Bulgákov) y Geunhwa Lee (Punin / Gorodetsky) se mostraron sólidos y musicales, mientras que Xhieldo Hyseni dio profundidad y dignidad a su Boris Pasternak. Mención especial merece Damiano Salerno como Il Potere, quien, con su voz de barítono oscura y resonante, dotó al personaje de una inquietante persuasión, interpretando con fraseo insinuante y una intensidad magnética. Crítica «Anna A.» Scala Milán

La ópera de Colasanti habla del presente a través del pasado: del costo de la verdad, de la necesidad de la memoria y de la frágil valentía del arte bajo la opresión. Este estreno mundial marca un hito histórico para la Scala y un paso simbólico para la ópera contemporánea. Por su lucidez y sencillez al abordar un tema tan complejo —tan necesario de recordar, y a la vez tan lejano en el tiempo y en el espacio de la Europa central—, Anna A. nos invita a preguntarnos si, en verdad, el mundo ha cambiado.


Teatro alla Scala – 19 octubre 2025.       Anna A.
Direcciòn escènica: GIULIA GIAMMONA
Escenografìa: LISA BEHENSKY. Vestuario: GIDA MASI. Iluminaciòn: ANDREA GIRETTI
Video: MARTIN MALLON. Coreografia: ALESSANDRA BAREGGI
Direcciòn musical: ANNA SKRYLEVA
Maestro de coro: DARIO GRANDINI
ELENCO: Elena Ghiaurov, Carlotta Viscovo, Laura Lolita Peresivana, Aleksandrina Mihaylova, Valentina Pluzhnikova, Haiyang Guo, Geunhwa Lee, Wonjun Jo, Damiano Salerno, Xhieldo Hyseni.