Crítica. ‘Ariodante’ vuelve a Les Arts

                                                                   Ariodante Les Arts Por Pedro Valbuena

Esta tarde ha regresado a la sala principal de Les Arts el Ariodante de Haendel, en una coproducción del Festival d´Aix-en-Provence, la Dutch National Opera & Ballet, la Canadian Opera Company y la Lyric Opera de Chicago. El montaje, reproducido hasta el último detalle en todos los emplazamientos donde se va a representar difiere, sin embargo, en lo sustancial. Es decir, en cada lugar se ha recurrido a las fuerzas locales y al elenco solista que cada teatro se ha podido permitir, lo cual  implica necesariamente que sean versiones sensiblemente diferentes en cada ocasión. Únicamente la escena y la dirección musical quedan como elementos comunes en esta coproducción. En Valencia hemos tenido suerte. El director ha podido contar con la Orquestra de la Comunitat Valenciana, el Cor de la Generalitat y un reparto solista de excepción. Ariodante Les Arts

Ariodante fue compuesto en el lapso de tres meses y estrenado en el invierno de 1735, inaugurando la actividad operística del nuevo teatro de Covent Garden. Esta vez no hubo que pedir a través de la prensa londinense que las damas acudieran sin miriñaque para evitar incomodidades por la afluencia masiva, como había ocurrido en estrenos anteriores. El panorama había cambiado sustancialmente. En un teatro cercano, un compositor brillante, Nicola Porpora, estrenaba exitosamente su ópera con los cantantes e instrumentistas que había robado al propio Haendel ofreciéndoles estipendios astronómicos. Ariodante ya no podía ser sencillamente una obra maestra sino que además debía ser novedosa y sorprendente. En un ejercicio de renovación, Haendel siempre consciente de su superioridad compuso un monumental drama basado en un texto de Antonio Salvi que, de nuevo, se convirtió en un gran éxito. Sin embargo, la competencia desleal acabó por arruinar ambos teatros y la ópera italiana en Inglaterra, herida de muerte, comenzó una lenta pero inexorable agonía. Ariodante Les Arts

La partitura está fuera de toda cuestión porque es sencillamente magnífica, pero sí es cierto que el tercer acto contiene algún pasaje algo más tedioso, como el aria de Ginevra, ‘Io ti bacio’, y la subsiguiente ‘Al sen ti stringo e parto’, cantada por el Rey, que cuentan con una escritura más raquítica y repetitiva. El texto de Salvi es un drama al uso, en el que un engaño, urdido toscamente, desencadena una tormenta de celos, decepciones, suicidios, duelos, juramentos y pataletas de todo tipo que no dejan de ser una bobada alargada durante casi cuatro horas. Ariodante Les Arts

En primer plano, Jane Archibald (Ginevra) y Ekaterina Vorontsova (Ariodante) © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce – Les Arts 2022

Andrea Marcon ha dirigido la ópera. Este reconocido especialista en Haendel nos ha brindado una versión con la que no coincido plenamente, aunque reconozco como excelente. Su dirección, basada en un trabajo de bíceps extenuante, pretendió sujetar a los intervinientes en todo momento, pero creo que algunos lograron zafarse momentáneamente. Los cantantes del barroco tenían un ego incoercible y el propio Haendel, cuyo mal carácter era proverbial, perdió los nervios con ellos en más de una ocasión. Este comentario ha sido sugerido por mi inconsciente de forma espontánea y voy a dejarlo aquí para que el suspicaz lector complete su sentido.

Marcon indicó de forma ambigua algunas cadencias, y tuve la sensación de que varias arias concluyeron la parte vocal de forma algo abrupta. Los ritardando conclusivos (cuya práctica en la época es negada por algunos musicólogos) fueron muy exagerados y casi todos los movimientos  terminaron de igual modo. Pero lo más cuestionable, desde mi punto de vista, fue la elección de los tempi. Las arias patéticas, en general, resultaron excesivamente lentas. Así ocurrió con la archiconocida ‘Scherza Infida’, que se atacó tan pesadamente que acabó totalmente embarullada, y su profundísima y dolorosa belleza se esfumó con gran decepción para mí. Algo parecido pasó con la otra gran aria de esta ópera, ‘Il mio crudel martoro’, aunque es verdad que se sostuvo más convincentemente. Sí funcionaron bien los movimientos rápidos, que fueron energéticos y vibrantes. El conocimiento profundo que este director tiene de la obra se apreció en exquisitos detalles como los adornos, alla francese, que se añadieron a la partitura según el gusto imperante en el Londres de aquel momento. Ariodante Les Arts

El elenco solista fue maravilloso. Voces hermosas, potentes y perfectamente colocadas, pero no acertadas en todo momento respecto a la afinación. Tampoco solucionaron las agilidades de igual forma ni resultaron igual de creíbles en lo teatral. Todos faltaron, en mayor o menor medida, a la regla de oro, tácitamente pactada desde los tiempos de Scarlatti, de respetar la escritura del compositor en la primera exposición de los motivos, y solamente variarlas en la reexposición, o Da Capo, con el fin de exhibir un mayor virtuosismo. Estas dificultades no solamente se alteraron desde el principio, sino que fueron selectivamente podadas para afrontarlas mejor. Esto en el contexto de la ópera barroca sería hacer trampa… Ariodante Les Arts

Ekaterina Vorontsova fue Ariodante, dicho de otra forma, tuvo que defender el mismo papel que cantó el legendario Carestini el día del estreno. Lo hizo brillantemente; transitó desde la euforia del amor hasta la heroicidad del deber, pasando por la desesperación del desengaño y el dolor de la traición. Su potente voz administró con muy buen gusto todos estos afectos, y resolvió las innumerables dificultades técnicas sin aparente esfuerzo. Me cautivó especialmente su manera de afrontar las interminables y diabólicas agilidades, situándose en medio del escenario, anclándose firmemente al suelo y reduciendo el volumen para lograr emitir todas las notas con exactitud y limpieza, y sobre todo, para evitar respirar en medio de los torrentes de semicorcheas. Me pareció irreprochable su interpretación de la brillante aria ‘Con l´ali di costanza’, que tiene un pasaje de ocho interminables compases de gran dificultad.

Ekaterina Vorontsova como Ariodante © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce – Les Arts 2022

Ginevra estuvo interpretada por la soprano Jane Archibald. Su voz cristalina y ligera se desvió en un par de ocasiones de la afinación. Se notó más en el dueto inicial, pero yo lo atribuyo a las circunstancias especiales que rodean un estreno, y no le doy mayor importancia. Estuvo juvenil y fresca cuando hizo falta y emocionó en los momentos más densos. En el tercer acto, cuando el público esta mas cansado, todo el peso de la escena gira en torno a este personaje, y ella consiguió mantener la atención con su fraseo expresivo y su excelente vis dramática. Su timbre me pareció especialmente hermoso.

David Portillo interpretó a Lurcanio, el impulsivo hermano de Ariodante. Se trata de un personaje del segundo plano escénico y musical, pero que tiene bastante peso específico. Portillo cuenta con una voz grande, bien sostenida y de precioso timbre, que estuvo afinada en todo momento, pero que zozobró en las agilidades de ‘Il tuo sangue’, ralentizando un poco y alejándose del acompañamiento. Consciente de ello, en el último momento decidió hacer un resumen para alcanzar a sus compañeros. No obstante, considero muy interesantes otros aspectos de su interpretación, como su brillante registro agudo o su elegante fraseo en ‘Del mio sol’. En líneas generales,  el personaje estuvo bien resuelto y me resultó creíble.

El contratenor Christophe Dumaux fue el malo de la película, pero a mí me pareció de lo mejor de la noche y lamenté mucho su prematura muerte. Dumaux parecía empatizar más que sus compañeros con el estilo de esta música y disfruté de cada momento de su actuación. Tiene una preciosa voz de emisión clara y afinación impecable y me asombró la facilidad con la que solucionó los pasajes comprometidos. También dio el matiz perfecto a las palabras en recitativo y consiguió que el respetable lo odiase tiernamente. Considero al señor Dumaux uno de los mejores contratenores del momento.

La inocente Dalinda fue interpretada por Jacquelyn Stucker. Es el personaje abocado a emparentar con el otro secundario, Lurcanio, y por tanto no está en el centro de la acción, pero sí recibe arias, duettos y pasajes en recitativo a lo largo de toda la ópera. Reconozco que la primera aparición de Dalinda no me llamó la atención por nada en concreto, pero a lo largo de la noche fue como reinventándose, y para su reaparición, en el inicio del tercer acto, ya me parecía una voz excelente. Su desgarradora versión del aria di tempesta, ‘Neghittosi, or voi che fate?’ mezcló técnica depurada, potencia y fuerza dramática.

Luca Tittoto fue el rey de Escocia. Su presencia física le ayudó mucho a defender el personaje y su hermoso timbre también. Quizá se quedó un poco  corto de proyección, probablemente porque el papel es algo grave para su voz, y ello propició que quedara oculto por el acompañamiento en alguna ocasión. Competir con una orquesta que incluye dos trompas modernas en plena exaltación no debe resultar fácil. Sin embargo, la solemnidad de su dicción y su buena afinación se mantuvieron a gran nivel y Tittoto reinó sin contratiempos. Ariodante Les Arts

Jorge Franco, que proviene del Centre de Perfeccionament de les Arts, interpretó a Odoardo, que sólo tiene partes en recitativo y lo hizo estupendamente.

‘Ariodante’, detalle de la escenografía © Miguel Lorenzo y Mikel Ponce – Les Arts 2022

Respecto a la Orquesta de la Comunitat ya he expresado mi opinión favorable en numerosas ocasiones. Cada vez se me prefigura más como una especie de vehículo de alta gama al que es peligroso pisar el pedal en exceso. Estuvo fuerte, muy fuerte. Supongo que no fue culpa suya, que los músicos obedecen instrucciones y que hicieron lo que se les pedía, pero interpretar música barroca con instrumentos modernos, afinados a 440 hz, y en número tan elevado, conlleva necesariamente daños colaterales. Los cantantes tuvieron que acompañar a la orquesta en varias ocasiones y la amplia gama de instrumentos dispuestos para realizar el bajo continuo resultaron imperceptibles en los tutti. La parte grave de la cuerda estaba potentísima y descompensaba un poco el efecto global. Pero, como casi siempre, estuvieron francamente bien. Afinados, exactos y con excelente fraseo.

El dispositivo para el bajo continuo incluía dos claves, tal y como se hacía en la época. Uno para los recitativos, que solía tocar el propio Haendel, y otro para las arias. Este último se desafinó ligeramente y comenzó a rozar con el cello que tocaba paralelamente. Los clavecinistas no se desinhibieron hasta el segundo acto y su acompañamiento fue solamente correcto, pero después desplegaron más recursos y esa parte ganó mucho. La deliciosa teorba sólo se oyó en algunos puentes modulantes y se perdió la oportunidad de asociarla a los recitativos de uno de los personajes, y convertirla en su signo distintivo, en su leitmotiv. Las trompas también estuvieron muy fuertes y la trompeta se desquició un poco más de la cuenta en connivencia con los timbales, produciendo un efecto más cercano a una desbandada que a una fanfarria real. Flautas y oboes se integraron en la textura orquestal perfectamente. Ariodante Les Arts

El Coro de la Generalitat, en esta ocasión, tuvo un papel más escénico que musical y cumplió su cometido como se esperaba de él. Hay que tener en cuenta que el coro en la ópera barroca, especialmente en las producciones más modestas, no era más que la reunión de los solistas en un conjunto. Ello daba lugar a curiosas paradojas, como por ejemplo que un personaje muerto, como en este caso hubiera sido Polinesso, regresase a escena en el coro final para cantar la alegría por su propia muerte. El delirio barroco no tiene límite…

Precioso el número de los títeres, manejados con tanta maestría que se podían percibir sin dificultad como  trasunto de los personajes, que era lo que se pretendía, porque de lo contrario, la escena final no tendría sentido. Esta escena, inteligente, emotiva y muy sutil, no será comentada para no desvelar algo que cada espectador debe descubrir por sí mismo. Para estos momentos se utilizó música extraída de Alcina, que alargó la velada un poco pero que mereció la pena sin duda.

Richard Jones dirigió a los personajes de manera conveniente, ayudándoles a que en los momentos más comprometidos desde un punto de vista musical se situaran cómodamente en el escenario. La escenografía estaba bien concebida para un acto, para tres resultó aburrida. El vestuario, basado en la tradición escocesa era adecuado y las pelucas pelirrojas muy graciosas. La iluminación consistió en unos focos que iluminaban el escenario y poco más. La duración del espectáculo extenuó al público, impidiendo que los aplausos tuvieran la intensidad merecida. La sala se encontraba a dos tercios de su capacidad.

El lector puede presuponer que servidor hila tan fino porque no disfrutó demasiado de la representación, pero no es así. Me emocionó escuchar esta maravilla en el teatro de mi ciudad, bajo la batuta de una eminencia como Marcon y con un elenco tan brillante. Se me pasó la tarde en un suspiro y me quedé con ganas de más. Inviertan ustedes unas horas de su tiempo en ir a escuchar al gran Haendel y volverán mejorados de lo suyo.

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Valencia, 1 de marzo de 2022. Palau de les Arts. Ariodante de Haendel. Luca Tittato, Il Re. Ekaterina Vorontsova, Ariodante. Jane Archibald, Ginevra. David portillo, Lurcanio. Christophe Dumaux, Polinesso. Jacquelyn Stucker, Dalinda. Jorge Franco, Odoardo. Richard Jones, dirección escénica. Ultz, escenografía y vestuario. Finn Caldwell, dirección de marionetas. Lucy Burge, coreografía. Mimi Jordan Sherin, iluminación. Andrea Marcon, director musical. Coro de la Generalitat y Orquesta de la Comunitat Valenciana.

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