OW Por Federico Figueroa Crítica: Mahagonny» México
El tándem formado por el dramaturgo Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill concibió Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny) como una feroz sátira contra un sistema que reduce al ser humano a mera mercancía. Estrenada en 1930 en Leipzig, la obra ha recorrido los principales teatros del mundo, pero no ha sido hasta ahora cuando ha llegado a México de la mano de la Compañía Nacional de Ópera, al precioso Teatro del Palacio de Bellas Artes, evidenciando que su crítica sigue siendo tan vigente como incómoda. Crítica: Mahagonny» México

En esta producción, dirigida por Marcelo Lombardero, Mahagonny no es solo una ciudad ficticia levantada en el desierto: es un espejo deformante de nuestra propia sociedad. Aquí no hay redención posible ni personajes que inviten a la empatía. Todo está atravesado por una crudeza deliberada, sin concesiones. Lombardero subraya la monstruosidad inherente al sistema y, por extensión, a quienes lo sostienen. La caída de la ciudad —cuando el dinero deja de circular— no es más que la consecuencia lógica de una estructura moralmente podrida. La propuesta escénica, apoyada en los vídeos y la escenografía diseñada Diego Siliano, elimina cualquier distancia de seguridad: el público forma parte del engranaje. La ruptura de la cuarta pared convierte la sala en una extensión de Mahagonny, un espacio donde el placer, la violencia y el exceso se entrelazan. El vestuario de Luciana Gutman y la iluminación de Rafael Mendoza refuerzan ese universo tan seductor como perturbador.

En el foso, Srba Dinić interpreta la partitura con pulso teatral, priorizando la claridad y la tensión dramática sobre el preciosismo. La orquesta responde con energía y carácter, haciendo justicia al lenguaje incisivo de Weill. La Orquesta del Teatro de Bellas Artes responde bien y ofrece el ingenioso colorido de la partitura, factor que aligera esta ópera. El elenco, sólido y equilibrado, funciona como un conjunto orgánico más que como escaparate de individualidades. Destacan la Jenny de Hildelisa Hangis, de timbre hermoso y canto refinado, junto a Hernán Iturralde (Moses Trinidad), Gustavo López Manzitti (Jim Mahoney) y Rosa Muñoz (Leokadia Begbick), todos ellos firmes en sus respectivos roles, con voces amplias y bien timbradas. E insisto, todos los cantantes (Evanivaldo Correa, Víctor Hernández, Alejandro Paz, David Echevarría, Luis Alberto Sánchez) mantuvieron el alto nivel de la representación con sus excelentes prestaciones. Mención especial merece el pianista Andrés Sarre, por su prestancia escénica en estilo “drag queen” y su magnífica aportación pianística, así como el Coro del Teatro de Bellas Artes, dirigido por Luis Manuel Sánchez, siempre empastado y con activa y certera presencia escénica. Una mención especial merece Andrés Sarre, cuya presencia escénica —en clave drag queen— añade una capa más a esta lectura de gran potencia estética e intelectual.

El estreno en México de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny se hizo esperar casi un siglo pero ha llegado en una producción espléndida que ha hecho justicia a la idea de los autores.
Ciudad de México (Teatro del Palacio de Bellas Artes), 24 de marzo de 2026. Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny (Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny).
Dirección de escena: Marcelo Lombardero. Dirección musical: Srba Dinić.
Elenco: Hildelisa Hagins, Rosa Muñoz, Hernán Iturralde, Gustavo López Manzitti, Evanivaldo Correa, Víctor Hernández, Alejandro Paz, David Echevarría, Luis Alberto Sánchez.













