Por Cristina Marinero Crítica: Ballet Nacional José Granero
Su nombre representa una de las etapas estrella de la danza española y del Ballet Nacional de España (BNE). José Granero (Buenos Aires, 1936-Madrid, 2006) era reconocido por todos los alumnos, bailarines y artistas de nuestra danza como el Maestro Granero. Además del exquisito corpus coreográfico que creó y se conserva en gran parte en el repertorio del BNE –con Medea como su obra maestra- todos los que acudimos a sus clases de técnica de ballet en suelo recordamos su disciplina -¡y efectividad!- en los legendarios estudios Amor de Dios, en los años ochenta. Crítica: Ballet Nacional José Granero
Su porte distinguido y elegancia en los modales denotaban su cosmopolitismo y haber asimilado la excelencia del arte coreográfico en el mejor momento de los escenarios de Nueva York. Además de estudiar en la escuela del New York City Ballet y de Martha Graham, a donde viajó tras su paso por la escuela de ballet del Teatro Colón de Buenos Aires, participó en West Side Story, en Broadway, entre otros musicales, y comenzó su romance con la danza española con los grandes nombres del momento, desde Pilar López, José Greco o Ximénez y Vargas, hasta el Ballet de Mariemma y Antonio Gades, pasando por José Antonio y Antonio Márquez.

Medalla al Mérito de las Bellas Artes 1995, José Granero había hecho historia una década antes al crear Medea para el Ballet Nacional, obra que culminaba en 1984 un programa de nuevas creaciones –Con Danza y tronío, de Mariemma, y Ritmos, de Alberto Lorca, además de Solo, de Victoria Eugenia- que ha quedado en la historia como el gran programa de todos los tiempos de la compañía estatal.
El Ballet Nacional de España ha ofrecido su homenaje al Maestro con cuatro funciones en el Teatro Real que han permitido volver a ver la riqueza coreográfica de quien murió demasiado pronto, con 70 años, cuando estaba desarrollando un proyecto muy jugoso en el Centro Andaluz de Danza, en Sevilla, cortado abruptamente con su desaparición. La compañía que dirige Rubén Olmo ha podido volver a bailar Medea después de más de una década. Entre medias, la ha interpretado la Compañía de Antonio Márquez, tras una batalla judicial con el INAEM, dirigido entonces por Amaya de Miguel, en relación a los derechos de la composición musical con la que el organismo del ministerio de cultura no se portó bien con un material tan sensible como es nuestro patrimonio de danza española. Javier Palacios, exbailarín y profesor de danza, posee los derechos coreográficos y ha participado ahora, como con Márquez entonces, en la reposición de Medea –junto a Maribel Gallardo-, además de supervisar la puesta en escena de las otras piezas que completaban este programa homenaje a Granero a través de sus coreografías.

Estas han sido Leyenda (1994), sobre Asturias de Albéniz, con añadido musical de José Luis Greco, Cuentos del Guadalquivir (1994), paso a dos creado a partir de Sinfonía sevillana, de Turina, y Bolero (1987), sobre la emblemática partitura de Maurice Ravel, compuesto como ballet en 1928. Miguel Angel Corbacho, además, interpretó el solo de nueva creación (suya) Segunda piel, sobre tres sonatas de Scarlatti.
Eva Yerbabuena ha sido la artista invitada para interpretar Medea –junto al siempre efectivo Francisco Velasco, como Jasón, a Estela Alonso dando vida a una dulce Creusa, y a Currillo de Bormujos como Creonte- y, aunque su trayectoria flamenca es reconocida y su baile destacado, no es la mejor elección para un personaje creado para Manuela Vargas que después han interpretado Lola Greco, Maribel Gallardo, Ana González, Esther Jurado o Helena Martín. Porque la principal característica que tiene que tener la bailarina que la encarne es la altura para que el terror que despiertan sus apariciones y actos sea subrayado por su físico grandilocuente y espigado. Se nos quedaba demasiado arremolinada la vengadora maléfica en Yerbabuena, si bien se palpó el trabajo profundo para hacerse con un personaje que siempre tendrá los modos y formas de la gran Vargas.

En el foso, la Orquesta Titular del Teatro Real, dirigida por Manuel Coves, tuvo que interpretar la orquestación que el propio Manolo Sanlúcar realizó de su composición en 2002, a la que encontramos menos carismática, con demasiada percusión y adornos, y que no posee el alma de la orquestación original del estreno de Medea en 1984, cuando Sanlúcar y Granero compartieron labor de creación de este ballet con Miguel Narros (figurines) y Andrea d’Odorico (escenografía).
Que los niños elegidos para hacer de sus hijos fuesen más altos que ella, qué decir… Leemos en el programa de mano una indicación que hace referencia a que, por normativa de la Comunidad de Madrid, deben ser mayores de 18 años. Es raro porque, ¿y todos los niños que van a interpretar el musical Oliver, o los que han pasado por el escenario en Matilda o Billy Elliot? Es extraño…
Nos deleitamos con Débora Martínez y José Manuel Benítez en Leyenda, donde las formas deben suavizarse más y los zapateados tamizarse, si bien ver bailar a los bailarines del Ballet Nacional de España con material coreográfico tan impecable realza su calidad. Inmaculada Salomón reinó en Bolero, interpretado junto a Eduardo Martínez y veintinueve bailarines, creación que José Granero llevó al culmen del movimiento de masas, muy de musical americano, efectivo y de gran espectáculo. Qué sabiduría escénica en el desplazamiento de cuerpos y grupos, con variaciones tan jugosas para el bailarín que palpamos su disfrute. Como ese acercamiento desde la danza española al paso a dos clásico y del mejor Balanchine de Broadway que es el dúo Cuentos del Guadalquivir, con una lírica Miriam Mendoza en brazos de Carlos Sánchez, que fue estrenado en su día por los ya legendarios Lola Greco y Antonio Márquez. Crítica: Ballet Nacional José Granero
Madrid (Teatro Real), 16 de octubre de 2025. BALLET NACIONAL DE ESPAÑA. Homenaje a José Granero











