Por Pedro Valbuena Crítica: «Cabaré Pierrot» Valencia
Un cabaré lunático
Metido como de soslayo en el ciclo de ópera, aparece este pequeño espectáculo de poco mas de una hora de duración, que sin tramoya ni excesos de producción ha supuesto, no obstante, una muy agradable sorpresa. De hecho, dentro de su brevedad, este montaje titulado Cabaré Pierrot ofrece dos espectáculos en uno, que poco o nada tienen que ver entre sí, pero que se pergeñan de tal forma que parecen haber sido concebidos como un todo. De un lado, la insustancial música que Zemlinsky compuso para Ein Lichtstrahl, una especie de opúsculo poético en forma de mimo, y de otro el fascinante, elegante y metafísico Pierrot lunaire de Schönberg, cuya envergadura y distancia de la primera podría medirse en años luz. Crítica: «Cabaré Pierrot» Valencia

La dirección de escena diseñada por Tomás Muñoz logra el milagro: amalgamar con coherencia dos obras tan dispares, consiguiendo que el espectador transite de la una a la otra sin demasiada fricción. Las primeras filas del pequeño y versatilísimo teatro Martín y Soler fueron removidas y transformadas en un salón vienés de inicios de siglo, que en mi opinión, fue poco aprovechado, ya que los actores apenas lo transitaron durante el inicio del espectáculo, situándose poco después el director, de forma tan prominente que el efecto de intimidad cómplice quedó anulado por completo. No obstante, la atmósfera generada por esta curiosa disposición del espacio y la inteligente administración de la luz fue suficiente para que la trama tuviera un contexto adecuado. A ello coadyuvó definitivamente el vestuario creado por Gabriela Salaverri, que sin excesos ni faltas, contribuyó a la redondez visual. Menos interesantes fueron las proyecciones, que a pesar de estar realizadas con gracia me resultaron demasiado previsibles.

Lo mejor sin duda fue la interpretación musical, que podría calificarse de brillante. Desde el piano hasta el clarinete bajo, el inusual grupo camerístico prescrito por Schönberg sonó impecablemente, y me llamó especialmente la atención la dificultad de la parte del violoncello, sin desmerecer a ningún otro intérprete. Sonia de Munck se enfrentó a la parte solista con resolución, variando el timbre de su instrumento y oscilando la afinación, según las prescripciones del autor, de forma prodigiosa. Con una dicción limpia y la potencia perfectamente adaptada a la sequedad de la sala, De Munck transmitió intensidad y emoción sin caer (o cayendo adrede) en el histrionismo. La dirección musical corrió a cargo de Pablo Rus, que coordinó a sus intérpretes con precisión a través de una partitura repleta de dificultades técnicas y expresivas.
La sala estaba prácticamente llena, y aunque el publico – no nos engañemos demasiado – iba predispuesto a ver otro tipo de espectáculo, mostró su satisfacción aplaudiendo enérgicamente.
Valencia (Palau de les Arts / Sala Martín y Soler), 14 de febrero de 2024 Cabaré Pierrot (Ein Lichtstrahl de Alexander Zemlinsky /
Pierrot Lunaire de Arnold Schönberg)
Sonia De Munck, soprano; Pepe Viyuela, actor; José Luis Montero, actor; Eduardo Fernández, piano.
Dirección musical: Pablo Rus Dirección de escena: Tomás Muñoz












