OW Crítica: «Carmen» Scala Milán Por Bernardo Gaitán
Hay obras que sobreviven al paso del tiempo porque contienen preguntas que ninguna época consigue responder por completo: Carmen es una de ellas. Desde su controvertido estreno parisino en 1875, cuando la Opéra-Comique vio cómo el público recibía con desconcierto una historia protagonizada por una mujer que rechazaba las convenciones sociales y sentimentales de su tiempo, la última obra de Georges Bizet no ha dejado de interpelar a generaciones sucesivas de espectadores. Nacida entre la incomprensión inicial y el escándalo moral de una sociedad que no estaba preparada para aceptar a una mujer que reivindicaba su libertad sentimental y sexual, Carmen alcanzó posteriormente una extraordinaria popularidad que, sin embargo, encierra una trampa: el peso de una tradición escénica construida sobre tópicos folclóricos, exotismos y una visión superficial de los personajes. Cada nueva producción debe enfrentarse inevitablemente a ese legado, decidiendo si reproducirlo o cuestionarlo. Crítica: «Carmen» Scala Milán
La nueva producción presentada en el Teatro alla Scala, coproducida con el Royal Opera House de Londres y el Teatro Real de Madrid, reúne por primera vez sobre el escenario milanés a Damiano Michieletto y Myung-Whun Chung, una colaboración particularmente esperada si se tiene en cuenta que el maestro coreano asumirá próximamente la dirección musical del teatro en sustitución de Riccardo Chailly. Como suele ocurrir con los espectáculos firmados por Michieletto, la función estuvo marcada por una evidente división entre partidarios y detractores.

Lejos de las provocaciones que en otras ocasiones han caracterizado su trabajo, Michieletto optó por una lectura contenida. No existe voluntad de escandalizar ni de reescribir radicalmente la trama; no es, desde luego, la mejor propuesta del regista veneciano: simplemente cumple y funciona. El concepto central de la producción gira en torno al destino. La figura más significativa introducida por la puesta en escena es la mujer vestida de negro que aparece a lo largo de los cuatro actos. Puede interpretarse como la encarnación del destino o como la madre de Don José convertida en una presencia espectral; el símbolo resulta sugestivo, aunque en determinados momentos también algo reiterativo. La Sevilla romántica y colorista, así como el cliché ibérico, desaparecen casi por completo para dejar paso a una España rural de los años setenta. Crítica: «Carmen» Scala Milán

Paolo Fantin concibe el espacio escénico como una sucesión de ambientes desnudos dominados por una única estructura que va transformándose desde la comisaría hasta el bar clandestino de Lillas Pastia, donde los personajes parecen atrapados desde el principio en un destino del que resulta imposible escapar. La dramaturgia desarrollada junto a Elisa Zaninotto, además de los numerosos cortes en los diálogos hablados, concentra la atención sobre el conflicto central entre la posesión y la libertad individual. La iluminación de Alessandro Carletti contribuye decisivamente a la atmósfera general mediante cortes lumínicos precisos y expresivos, especialmente eficaces en el acto final. Los coloridos vestuarios contemporáneos diseñados por Carla Teti completan un universo visual coherente que evita cualquier tentación costumbrista.
Desde el podio, Myung-Whun Chung ofreció una lectura refinada y transparente, orientada a resaltar la riqueza armónica, tímbrica y melódica de la partitura de Bizet. Al frente de la Orquesta del Teatro alla Scala, de sonido luminoso, equilibrado y minuciosamente trabajado, el concertador coreano privilegió el detalle y la elegancia del discurso musical. La calidad de la concertación resulta indiscutible, especialmente en los pasajes sinfónicos, con un preludio de gran claridad y unos entreactos particularmente inspirados. Siempre atento a las necesidades de los cantantes, Chung modeló con sensibilidad las distintas atmósferas de la obra, mientras que el excelente Coro del Teatro alla Scala, preparado por Alberto Malazzi, y el Coro de Voces Blancas dirigido por Brunella Clerici ofrecieron una prestación de altísimo nivel, tanto por la calidad de su actuación como por la contundencia y el volumen del conjunto.

La atención del público, naturalmente, se concentró en el reparto vocal. Clémentine Margaine abordó un personaje que ha interpretado durante años en los principales escenarios internacionales. Posee una voz importante, de atractivo color, con graves sonoros y una proyección sólida. Sin embargo, su prestación deja sensaciones encontradas. Desde el punto de vista estrictamente vocal aparecen algunas notorias irregularidades de afinación y ciertas durezas en la emisión, especialmente en la zona aguda. La dicción francesa es ejemplar y el fraseo revela inteligencia musical. La habanera, la seguidilla y la «Chanson bohème« no alcanzan toda la carga de fascinación y libertad que cabría esperar; de hecho, resulta sorprendente que ninguna de las tres interpretaciones arrancara aplausos. En los momentos oscuros y fatalistas Margaine encuentra una severidad brutal que encaja perfectamente con la visión de Michieletto, la escena de su muerte es resuelta de forma maravillosa pues es ahorcada y no apuñalada como señala el libreto.
La gran triunfador de la noche es, sin duda, Vittorio Grigòlo como Don José. El tenor italiano ofrece una caracterización compleja y profundamente humana del personaje. Vocalmente se muestra en excelente forma: la emisión es firme, el instrumento conserva amplitud y brillo, los agudos son certeros, bien colocados y muy emotivos, y el fraseo aparece trabajado con inteligencia. «La fleur que tu m’avais jetée» constituye uno de los momentos culminantes de la representación, cantada con sensibilidad, control dinámico y auténtica emoción. Pero es, sobre todo, en los dos últimos actos donde el tenor alcanza sus mayores logros. Lo más admirable es su actuación, pues consigue transmitir toda esa violencia interior sin caer en excesos histriónicos. Crítica: «Carmen» Scala Milán

Slávka Zámečníková ofreció una Micaëla muy musical y refinada. Su voz posee un timbre luminoso, ágil y muy agradable, una emisión limpia y un notable cuidado del legato. La caracterización escénica propuesta por la producción presenta a la soprano eslovaca como una muchacha tímida, casi infantil. Dentro de esos límites, construye un personaje creíble y sincero. Su gran aria del tercer acto Je dis que rien ne m’épouvante, estuvo resuelta con musicalidad y sensibilidad expresiva. El dúo con Don José, «Parle-moi de ma mère!», constituyó una prestación sólida y estilísticamente irreprochable por parte de ambos. Más discutible resulta el Escamillo de Giorgi Manoshvili. El barítono georgiano dispone de un material vocal apreciable, con un centro robusto y graves resonantes, pero no consigue dotar al personaje del carisma indispensable. La voz corre adecuadamente en la sala, aunque los agudos presentan cierta aspereza. Sobre todo, se echa en falta una mayor presencia escénica. El torero aparece desprovisto de esa mezcla de arrogancia, encanto y virilidad que exige el personaje. El resultado final es correcto, pero insuficiente para un papel de semejante relieve.
Entre los demás papeles destacaron especialmente Pierre Doyen y Loïc Félix, como Dancaïre y Remendado, eficaces tanto en el plano musical como en el teatral, así como las excelentes Sarah Dufresne y Marine Chagnon, como Frasquita y Mercédès, respectivamente, responsables de algunos de los momentos más frescos y luminosos de la representación. Correctos igualmente Simone Del Savio como Moralès y Xhieldo Hyseni como Zúñiga.
Esta Carmen milanesa termina dejando una impresión compleja y, en cierto modo, contradictoria. No es una producción revolucionaria ni pretende serlo. Sin embargo, el público -en su gran mayoría turistas- ovacionó, como era de esperarse, a los cuatro protagonistas y brindó una calurosa bienvenida al maestro Chung.
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Milán (Teatro alla Scala), 25 junio 2026. Carmen (nueva producción)
Director escénico: DAMIANO MICHIELETTO. Escenógrafo: PAOLO FANTIN. Diseñadora de Vestuario: CARLA TETI. Diseñador de iluminación: ALESSANDRO CARLETTI. Dramaturgia: ELISA ZANINOTTO.
Director musical: MYUNG-WHUN CHUNG
Orquesta y Coro del Teatro alla Scala.
ELENCO: Clémentine Margaine, Vittorio Grigòlo, Giorgi Manoshvili, Slávka Zámečníková, Sarah Dufresne, Marine Chagnon, Pierre Doyen, Loïc Félix, Simone Del Savio, Xhieldo Hyseni.













