La Metropolitan Opera volvió a llenar su escenario de pasión, deseo y fatalidad con una Carmen de Bizet de impecable factura musical y teatral. El Met confía de nuevo en la experimentada regista Sara Erde para reponer la producción de Carrie Cracknell con escenarios de Michael Levine. Después del impacto inicial en su estreno, el Met sigue sacando partido de esta propuesta donde la acción se traslada a los Estados Unidos, con una Carmen envuelta en el contrabando de armas y narcóticos, y un Escamillo que resulta no ser torero en Sevilla sino una suerte de estrella del rodeo, al estilo de Trevor Brazile.

Bajo la batuta del francés Fabien Gabel, debutante en la compañía, la célebre partitura de Bizet se desplegó con elegancia, claridad y una tensión dramática sostenida al principio, expansiva hacia el final de la ópera. Gabel dirigió con gesto seguro y refinado, haciendo respirar a la orquesta con los cantantes y subrayando el pulso teatral de cada escena. Su versión fue comedida, inteligente y brillante en los grandes conjuntos, que sonaron con transparencia y altura.
La gran protagonista de la noche fue la mezzo neoyorquina Isabel Leonard, que ofreció una Carmen hipnótica, carismática y natural, alejada de todo cliché. Bellísima en escena, dominó con elegancia y magnetismo cada gesto, cada palabra y cada nota. Su canto, contenido pero pleno de intención, evitó el efectismo para encarnar la verdad dramática del personaje. Leonard construyó una mujer compleja, libre y contradictoria, de sensualidad contenida y misterio insondable. Era difícil apartar la vista de ella: cada mirada, cada silencio tenía peso. Supo incluso impregnar de un sutil toque español a una producción que prescinde de toda referencia andaluza. Fue, sin duda, un enorme y merecido triunfo para una artista ya madura, justamente querida y admirada por el público neoyorquino.

El tenor estadounidense Michael Fabiano dio vida a un Don José de gran intensidad, vocalmente sólido y emocionalmente comprometido. Su canto, de bella factura, se distinguió por una dicción francesa precisa, agudos firmes y campaneantes y un fraseo vibrante. En el último acto, su interpretación alcanzó el punto culminante de la noche, con una escena final estremecedora y magníficamente cantada.
Por su parte, el talentoso bajo-barítono checo Adam Plachetka volvió a demostrar por qué es uno de los favoritos del Met. Su Escamillo rebosó naturalidad y aplomo, con un sonido amplio y cálido, y una presencia escénica de irresistible simpatía. Actualmente alterna este papel con su excelente Leporello en Don Giovanni, y en ambos despliega el mismo dominio estilístico y vocal.

La Micaëla de la soprano rusa Kristina Mkhitaryan regresaba al Met tras su debut en 2018. Su ausencia se debía a la política del teatro hacia los artistas rusos que no se han mostrado abiertamente críticos con el régimen de Putin, pero su retorno fue recibido con entusiasmo. Mkhitaryan convenció al público con su timbre bello y homogéneo, una línea de canto musical y noble, y una presencia escénica sincera y cálida. Su conexión con Fabiano fue una de las claves de la noche y dio lugar a momentos de gran nivel musical.
El cuarteto de contrabandistas —Madison Leonard, Brianna Hunter, Michael Adams y Aaron Blake— destacó como el mejor que se ha visto en esta producción por su cohesión, energía y entrega. El Morales de Benjamin Taylor y el Zúñiga de Scott Conner aportaron autoridad y presencia vocal, completando un reparto de altísimo nivel. Tanto el coro infantil como el de adultos, preparados por Tilman Michael, brillaron con infalible precisión y energía en sus numerosas intervenciones.

En conjunto, fue una velada de gran nivel musical y teatral, en la que todo pareció confluir: una dirección inspirada, un reparto excepcional y una producción escénica que, aunque despojada de sus raíces andaluzas, es un espejo del deseo, la libertad y la fatalidad que acerca con acierto e interés el mito de Carmen al universo cultural estadounidense.
★★★★★
Metropolitan Opera de Nueva York, a 28 de octubre de 2025. Carmen, ópera en cuatro actos con música de Georges Bizet y libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy a partir de la novela de Prosper Mérimée.
Dirección Musical: Fabien Gabel, Producción: Carrie Cracknell, Escenografía: Michael Levine, Vestuario: Tom Scutt, Iluminación: Guy Hoare, Projecciones: Rocafilm/Roland Horvath, Coreografía: Ann Yee. Orquesta y coro de la Metropolitan Opera. Dirección del Coro: Donald Palumbo. Revival: Sara Erde.
Reparto: Benjamin Taylor, Kristina Mkhitaryan, Michael Fabiano, Scott Conner, Isabel Leonard, Madison Leonard, Brianna Hunter, Adam Plachetka, Michael Adams, Aaron Blake.













