OW Por Daniel Lara Crítica: “Cavalleria “Pagliacci” Sofía
Segunda propuesta de la temporada 2025-26, la compañía de Opera y Ballet de Sofía se apuntó un rotundo éxito presentando el popular binomio Cavalleria rusticana y Pagliacci de los imprescindibles compositores veristas italianos Pietro Mascagni y Ruggiero Leoncavallo respectivamente. El elenco vocal convocado para la ocasión, casi en su totalidad compuesto por cantantes búlgaros, estuvo a la altura luciendo un altísimo nivel de calidad. Crítica: “Cavalleria “Pagliacci” Sofía

En Cavalleria rusticana, la soprano Gergana Rusekova retrató una imponente Santuzza con una voz terciopelada, homogénea y de amplio registro, un canto cuidado y sin excesos, y una presencia escénica arrolladora. Su himno “Inneggiamo…” fue una muestra de virtuosismo y su aria “Voi lo sapete…” provocó un gran impacto emotivo. Alternando en la parte, la soprano Lilia Kehayova supo ser una Santuzza emocionalmente muy implicada que ofreció una caracterización apasionada y brutalmente dramática. Vocalmente, Kehayova lució una voz de buen caudal y unos agudos poderosos e incisivos. Una línea de canto irregular de color y una emisión no siempre controlada no desmerecieron una composición de muchos kilates de la amante traicionada y vengativa. Sus encrispadas confrontaciones en los dúos con Turiddu primero y luego con Alfio resultaron electrizantes. Sobrados de voz y muy bien plantados en lo escénico, los tenores Martin Iliev y Daniel Damyanov tuvieron una actuación muy destacada a cargo de la parte del infiel campesino Turiddu. El primero se distinguió por la sólidez de un instrumento vocal: potente, robusto y de agudos siempre seguros y precisos. El segundo, con una voz más lirica y una expresión muy comunicativa, ofreció una interpretación de fuerte carga emotiva en el “Addio alla Mamma…” que hizo escapar más de una lagrima. Como el traicionado carretero Alfio, el barítono Ventseslav Anastasov hizo un muy meritorio trabajo exhibiendo una voz de atractivo color, generosa y bien conducida y un canto nada avaro de matices. Muy resueltas, las sopranos Tsveta Sarambelieva e Ina Petrova resolvieron con buenos medios vocales las exigencias de la parte de seductora Lola. Remarcable labor de Vesela Yaneva como una Mamma Lucia desbordante de humanidad.

En lo que respecta a Pagliacci, un gran acierto resultó el Canio del tenor georgiano Zurab Zurabishvili quien, único interprete extranjero del reparto e ideal en la parte, puso toda la carne en el asador y ofreció una interpretación magnifica desde todo punto de vista del engañado payaso. Con una voz dramática, potente y opulenta, siempre bien controlada y de poderoso squillo, la parte no pareció depararle dificultad alguna. Su inteligencia interpretativa, su temperamento dramático y su gran variedad de recursos histriónicos llevaron mucha agua a su molino redondeando un desempeño antológico y un gran triunfo personal para el debutante tenor georgiano. Su aria “Vesti la giubba” fue celebradísima. En cuanto a las Neddas, las sopranos Stanislava Momekova y Marina Shahdinarova resultaron muy convincentes. La primera destacando por la riqueza de su atractiva voz lirica, su musicalidad y su buen gusto; y la segunda, con una voz más densa y oscura, por su soltura para moverse en la tesitura de la parte, gracias a una sólida base técnica, que le permitió, entre otras cosas, salir airosa sin mayores dificultades en las agilidades que le impuso la parte. Una de las grandes revelaciones de la noche vino de la mano del barítono Veselin Mihaylov, quien compuso un magnífico Tonio consumido por el deseo, que rápidamente se ganó el odio del público, y al que cinceló con una voz de gran calidad, uniforme y un fraseo de manual. Con una voz de viril belleza, efectivo caudal, un canto legato de exquisita hechura y un fraseo intencionado y expresivo, el joven barítono Atanas Mladenov impuso un Silvio excepcional y demostró una vez mas que es uno de los jóvenes cantantes búlgaros mas prometedores de generación. Cumplió con lo justo el Beppe/Arlecchino del tenor Hrisimir Damyanov.
Al coro de la casa, otro de los grandes protagonistas de la noche, se lo escuchó en impecable forma. Al frente de la orquesta de la casa, el director italiano Francesco Rosa, en perfecto conocimiento de las partituras, sacó buen partido de los fragmentos orquestales y coordinó con eficiencia y acierto la labor de los músicos y los intérpretes vocales. Su lectura destacó por su intensidad, sus contrastes, su fluidez y su constante tensión. Adecuada, coherente y de gran teatralidad, la tradicional producción escénica de Plamen Kartaloff ubicó la acción de ambos dramas en un mismo espacio escénico: una plaza de algún sitio del sur de Italia. Muy elaboradas, precisas y efectivas resultaron tanto las marcaciones de los solistas vocales como las de las masas corales. La funcional escenografía de Giacomo Andrico además de ser bonita brindó un marco ideal para el desarrollo de la acción. Excelente labor de la diseñadora Nela Stoyanova cargo del vestuario. Interminables ovaciones premiaron el trabajo de los intérpretes una vez caído el telón. Un nuevo éxito para una compañía que no deja de superarse en cada nueva propuesta.
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Sofía (Sofia Opera and Ballet), 11 y 12 de octubre de 2025. Pietro Mascagni, Cavalleria rusticana. Ruggero Leoncavallo, Pagliacci.
Producción de la Opera de Sofía.
Dirección musical: Francesco Rosa. Dirección de escena: Plamen Kartaloff.
Elenco: Gergana Rusekova/Lilia Kehayova, Martin Illiev/Daniel Damyanov, Vesela Yaneva, Ventseslav Anastasov, Tsveta Sarambelieva/Ina Petrova, Zurab Zurabishvili, Stanislava Momekova/Marina Shahdinarova, Veselin Mihaylov, Hrisimir Damyanov y Atanas Mladenov
Orquesta, coro y ballet de la Opera de Sofía.













