Crítica: Concierto de Luis Cansino en el Teatro de la Zarzuela

Por Federico Figueroa Crítica: Luis Cansino Teatro Zarzuela

Para conmemorar su debut en el Teatro de la Zarzuela hace 25 años, con la zarzuela El juramento, el barítono Luis Cansino ofreció un concierto genuinamente zarzuelístico, emotivo y de notable exigencia. Junto a las sopranos Maribel Ortega, Svetla Krasteva, el tenor Enrique Ferrer (tres compañeros de muchas noches líricas como él explicó) y el joven pianista Manuel Navarro, creó una atmósfera muy especial que no dejó indiferente al público. Crítica: Luis Cansino Teatro Zarzuela

De izquierda a derecha: Manuel Navarro, Enrique Ferrer, Maribel Ortega, Svetla Krasteva y Luis Cansino / Foto: Gemma Escribano

La noche era propicia para hacer balance de una trayectoria en la que la zarzuela, y la lírica hispana en general, han ocupado un lugar central. Esto ha sido posible gracias a la extraordinaria capacidad de Cansino para conectar con el público y, por supuesto, a una voz que se mantiene sólida y consistente, que ha ganado quilates en el centro y en la zona grave. A lo largo de los años, su registro agudo no ha perdido brillo conformando así una tesitura versátil que le permite abordar con igual solvencia tanto personajes serios o dramáticos como roles bufos, que interpreta con su inconfundible simpatía y un notable dominio escénico.

Desde su primera aparición en el escenario, con una expresiva interpretación de “Aquí n’este sitio”, de Maruxa, su contundente voz, bien manejada, mostró una línea de canto de buena factura. Destacó también en la romanza del Capitán Leonello (“Junto al puente de la peña”, de La canción del olvido), en la que recurrió a la partitura para, como señaló el propio cantante, no confundirse, ya que hace muchos años que retiró ese personaje de su repertorio. Vocalmente, la obra le quedó como un guante. Mayor impacto causó su interpretación de la romanza “Hacer de un mísero payaso”, de Black, el payaso, por la delicadeza en el uso de las medias voces entreveradas con un gran caudal de voz siempre orientado hacia una expresividad mayor. Crítica: Luis Cansino Teatro Zarzuela

Luis Cansino en un momento del concierto en el Teatro de la Zarzuela / Foto: Gemma Escribano
Luis Cansino en un momento del concierto en el Teatro de la Zarzuela / Foto: Gemma Escribano

Además de las piezas en solitario, Cansino interpretó dúos con Enrique Ferrer (Jorge y Roque de Marina) y con Svetla Krasteva (Aurora y Miguel de La parranda), ambos de gran belleza y ejecutados con propiedad y decoro. Se escuchó por primera vez en el Teatro de la Zarzuela el dúo «Qué triste amor» de Su última canción (1942), de la compositora Carmen Climent (1911-¿?), que la interpretación de Cansino con la soprano Maribel Ortega, nos ha dejado ganas de escuchar más música de esta casi desconocida compositora del siglo pasado.

El punto álgido de la velada fue el dúo de Aurora y Germán (“Ten pena de mis amores”, de La del soto del parral), interpretado con Maribel Ortega, con el justo equilibrio entre peso dramático y lirismo. La soprano jerezana posee una voz de gran anchura y afilado acero, que maneja con soltura, como quedó patente en su primera intervención con “La canción de Paloma”, de El barberillo de Lavapiés. No obstante, conmovió especialmente con la romanza de Rosa (“Qué te importa que no venga”, de Los claveles), por la morbidez del sonido y los cuidados remates en cada frase. Crítica: Luis Cansino Teatro Zarzuela

Maribel Ortega en un momento del concierto en el Teatro de la Zarzuela / Foto: Gemma Escribano

El final de la primera parte y el de la segunda estuvieron reservados a dos números de gran lucimiento para el cuarteto de cantantes: primero, el final del segundo acto de Los gavilanes (“El baile debe terminar / Guarda, indiano, tu riqueza”), en el que se mostraron crecidos y expresivos, un tanto vociferantes pero sin perder el estilo; y luego el muy aplaudido cuarteto “Pa que veas, Manuela, lo que es Vicente”, de Agua, azucarillos y aguardiente. En este último ofrecieron una sucinta lección de lo que es la zarzuela: decir con gracia natural tanto el texto hablado como el cantado, improvisar algún chascarrillo al vuelo y continuar con la música del maestro Chueca como si nada hubiera pasado. En este sentido, el pianista Manuel Navarro se mostró siempre al servicio de los cantantes, guiándoles y siguiéndoles, aunque en ocasiones los dejara algo desguarnecidos de sonido en una búsqueda de matices, que la tradición zarzuelística —y más aún en este tipo de conciertos— suele olvidar.

El público, al igual que yo, aplaudió de pie a los artistas, reconociendo su esfuerzo y dedicación, y especialmente a Luis Cansino, cuya interpretación ha dejado una huella imborrable. Le deseamos que acumule muchos más momentos de triunfo en este emblemático teatro madrileño y en todos aquellos escenarios que lo han acogido a lo largo de su carrera, extendiendo su arte y su presencia con la misma pasión que lo ha caracterizado siempre para que sigamos disfrutando de su talento en cada una de sus futuras apariciones.


Madrid (Teatro de la Zarzuela), 22 de abril de 2025.   Concierto «El Teatro de nuestra vida».   Maribel Ortega, soprano.  Svetla Krasteva, soprano. Enrique Ferrer, tenor.  Luis Cansino, barítono.  Manuel Navarro, pianista.

Obras de Francisco Asenjo Barbieri, Amadeo Vives, Carmen Climent, Francisco Alonso, Jacinto Guerrero, Pablo Sorozábal, Emilio Arrieta, José Serrano, Federico Chueca, Federico Moreno Torroba, Severiano Soutullo y Juan Vert.