Por Federico Figueroa Crítica: Concierto «Plaisir d’Amour» Zaragoza
El mes de septiembre arrancó plagado de eventos en Madrid, algunos brillantes y otros menos apetitosos, pero todos con suficiente atractivo como para no dejar pasar la oportunidad. Sin embargo, decidí “sacrificar” dos días para asistir a la presentación al público del ensamble Plaisir d’Amour, en el Palacio de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza (RMCZ). Fue una decisión acertada, porque el concierto preparado por el violonchelista Pablo Baleta, el guitarrista Alejandro Baleta y la jovencísima soprano Inés Ananda —integrantes de la agrupación— resultó exquisito desde cualquier punto de vista. Crítica: Concierto «Plaisir d’Amour» Zaragoza

El recital sirvió como apertura del Ciclo Cultural de Otoño de la institución, que en esta ocasión lleva por título Monarquía, Nobleza y Arte. Esta fue la excusa para que la naciente agrupación, especializada en repertorio de finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX, ofreciera un programa delicadamente engarzado en torno a la música de la colección de S.A.R. el Infante D. Francisco de Paula Antonio y Borbón, último hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, quien fuera el primer hermano mayor de la RMCZ en 1819. El Infante, consumado músico y cantante, legó numerosas composiciones de su época. Según los comentarios con los que Alejandro Baleta, director artístico del grupo, aderezaba la velada, muchas de estas piezas —verdaderas joyas sonoras, en su mayoría compuestas por miembros de la nobleza como el conde de Moretti (mariscal de campo del ejército español) o la duquesa de Saint-Leu (Hortense de Beauharnais, reina de los Países Bajos)— permanecían inéditas y probablemente era la primera vez que se interpretaban en más de un siglo.

Fue una delicia ser testigo directo de la meticulosidad artesana de este conjunto, con la discreta pero certera dirección de Alejandro Baleta y el soporte elegante y firme del violonchelo de su hermano Pablo, brillantemente coronados por la magnífica voz de Inés Ananda: un timbre flexible y redondo, sorprendente por la juventud de su dueña (apenas 17 años). Los tres intérpretes, en una sala perfectamente adecuada al repertorio por sus dimensiones y solemnidad, lograron dejarnos atónitos con su altísima calidad, conduciéndonos en volandas a un encantador paseo musical donde la gracia de la música se armonizaba con la dulzura de la poesía y el soberbio virtuosismo de los tres artistas. Entre las perlas que más me conmovieron, destaco El corazón en el pecho no lo puedo sujetar, una tirana de Narciso Paz, y La ausencia, perteneciente a las doce canciones españolas del conde de Moretti.
Estoy deseando volver a encontrarme con Plaisir d’Amour. No dudo de que muy pronto estarán en boga y aparecerán programados en numerosas ciudades.













